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Diciembre de 2007

La guerra civil española

Coincidiendo con la entrada inmediatamente anterior y coincidiendo también en lecturas, en estos días he estado leyendo La guerra civil española, del historiador francés Pierre Vilar (Editorial Crítica, Barcelona, 2000). De ahí he extractado dos citas que quiero compartir contigo en este último día del año 2007, que no tienen nada que ver con este momento en especifico, pero que sí coinciden, como dije antes, en tema con la pasada entrada (bueno, y así no tuviera nada que ver tampoco con eso pues las pongo porque este diario es mío y se me da la regalada gana de poner las citas). De Francisco Franco, Vilar dice:

Si es que tuvo talento. Se puede dudar incluso que haya tenido carisma. Ni presencia física, ni don de palabra, ni pensamiento original, ni fuego interior; no fue jamás "popular" en el sentido pleno del término, pero supo forjar su imagen: manifestaciones, gritos ("Franco, Franco, Franco"), uniformes, mitos -José Antonio, el ausente, no se convirtió en presente más que en las paredes-. Más clásicos son los silencios, las mentiras (¡negó el bombardeo de Gernika!). Se prometió la restauración a los monárquicos, la "cruzada" al clero, el estado corporativo a la Falange. En cuanto a las represiones, prudentes con las oposiciones internas, golpearon, sin crueldad sádica pero con una frialdad asombrosa, a todo sospechoso de simpatías republicanas, incluso pasivas. Finalmente, el azar le fue favorable y el hombre pudo autodenominarse quizá creerse, caudillo de España por la gracia de Dios. La leyenda de las monedas (Vilar, pág. 117).

Y mirá esta otra, más cercana al asunto de Paracuellos, en los primeros años después de la guerra civil (claro que sí, ya con el nacionalcatolisismo en el poder):

[...] el trabajador movilizado recibía menos de una peseta al día y su familia un subsidio del mismo orden; durante el verano de 1938 apareció el subsidio familiar: 15 pesetas al mes por dos niños (nada por uno solo, 40 pesetas por cinco); la propaganda ensalzaba la blancura del pan, la abundancia de patatas; pero las miserias del momento -principalmente aquellas que se derivan de la represión- contrastaban demasiado con ciertos lujos (hubo que frenar la manía de los banquetes) y obligaron a que los discursos oficiales predicaran la austeridad y la caridad. Se impuso el plato único dos veces al mes, precisando que ello no era una imitación de Alemania, sino una tradición española. Principalmente, el "Auxilio de invierno", ideado en Valladolid por la viuda de Onésimo Redondo, fue generalizado en el "Auxilio Social", movilizando la caridad femenina y de la buena sociedad, pero encuadrada políticamente por la Falange. Esto no agradó siempre a la Iglesia que consideraba secularmente la caridad como dominio propio (Vilar, pág. 124).

Qué viva la sinergia y la lectura.

Hasta el próximo año.

31 de diciembre de 2007

Joyas del cómic

De regalo de navidad mi novia me ha regalado toda la colección de Paracuellos (la recopilación de los seis álbumes, dibujados entre 1977 y 2003), de Carlos Giménez, una verdadera joya del cómic.

Yo no había leído la obra completa, tan sólo conocía los cuatro primeros álbumes, pero este libro de regalo contienen la obra completa en sus 606 páginas. Paracuellos es una obra con tintes autobiográficos, trata sobre la vida de los niños en los hogares de la Obra Nacional de Auxilio Social (se llama así porque uno de los "hogares", en donde se desarrolla parte de la historia, quedaba en el ayuntamiento de Paracuellos de Jarama), una red de internados para menores durante los primeros años de la posguerra civil española, un mundo difícil en medio de una sociedad igualmente difícil, con una educación regida por la Iglesia Católica y bajo el cobijo de Franco y la particular cara fascista del régimen nacionalista español: la falange. Esta obra de Carlos Giménez, además de entrañable y muy bien dibujada (cualidades propias de Giménez y que se pueden apreciar en muchos otros de sus trabajos, como Los Profesionales, Ramba arriba, Rambla abajo o España, Una, España, Grande y España, Libre) tiene también una particularidad especial y es lo desgarrado de su relato: los internados de la Obra son prácticamente campos de concentración para niños, la instrucción religiosa y falangista se imparte bajo el viejo refrán "la letra con sangre entra", así que quien no aprende las lecciones impuestas solo puede esperar un castigo físico (bofetadas, puños o patadas) o uno, quizás, más significativo: quedarse sin cenar o sin merendar, o sin ninguno de los anteriores. Los niños de la Obra sufren constantemente de hambre, casi todo Paracuellos es la búsqueda de los infantes de los internados de la Obra tratando de apañárselas para conseguir algo más de comida, un trozo de pan, un higo, una pedazo de torta... La soledad también es común en Paracuellos, como fiel reflejo del abandono obligatorio al que los niños son sometidos -por lo general las familias de los niños son las que perdieron la Guerra Civil-, pues son separados de sus familias para entrar en la Obra. Esa misma hambre, esa soledad y la rigidez del régimen (con Cristo en una mano y la flecha falangista en la otra), solo es solventada, por pequeños momentos, con los juegos infantiles, las chanzas y burlas entre compañeritos, las visitas de los familiares y sus paquetes de comida, los tebeos y la fugaz esperanza de, algún día, salir del internado, de una vez y para siempre de estas escuelas de la Obra Nacional de Auxilio Social.

Un bello y, al mismo tiempo, triste relato cuenta Paracuellos. Carlos Giménez siempre se ha empeñado no sólo en ser un buen dibujante sino también en ejercer a cabalidad el oficio, darle altura a la manifestación y Paracuellos, y su obra en general, lo demuestran. Pero dejemos que sea el mismo Giménez, quien en la introducción del libro se refiera a este mismo asunto: He realizado estas historias con la pretensión de dejar un documento veraz sobre cómo se vivió en los Hogares de Auxilio Social. El hecho de que esto sea un tebeo no debe interpretarse como sinónimo de frívolo o poco serio. No soy un hombre frívolo, pero mucho menos un autor frívolo. Esto puede ser un tebeo divertido, pero no deja de ser una obra realizada con total seriedad.

La mejor forma de describir la época de la que habla Paracuellos es también gracias a las palabras de su creador Carlos Giménez, también de un trozo de la introducción del libro: La España de esos años como vemos y sabemos, era una sociedad muy dura y muy violenta. Se sumaban a ella factores tales como la proximidad de la guerra civil, el talante de los vencedores, y el miedo y la pobreza generalizados. En este caldo de cultivo sólo monstruos podían desarrollarse. Y estos colegios, estos "hogares", eran el monstruo lógico que engendraba una sociedad monstruosa.

Solo debo añadir una cosa: gracias a mi monita por el regalo, qué regalazo.

Hasta pronto.

28 de diciembre de 2007

Cómics del cono sur (parte I)

Ya había comentado que a su regreso de Argentina Joni y Tomás me trajeron una serie de publicaciones de cómics argentinas, las mismas que he estado leyendo pausadamente en estos días de aburrición navideña. Pues bien este es el momento de empezar a comentar ese sinnúmero de libros, revistas y fanzines que mis amiguetes me trajeron del cono sur.

Empecemos por Morón Suburbio, una recopilación de fanzines creados por Ángel Mosquito y publicado por la editorial argentina de cómics La Productora. De entrada se nota un libro bien editado, cuidado y bonito que, creo, es el sello de La Productora (pronto publicaremos nosotros así, ya lo verán). En tamaño A6, con portada a color e interiores en blanco y negro, Ángel Mosquito nos cuenta, en una serie de cómics con pequeñas historias auto conclusivas pero que en conjunto forman un todo general, las vertiginosas situaciones en la población de Morón, entre el caos y la ley del revolver (esto es puro western gaucho, y no lo digo yo, lo dicen en el mismo libro), el tráfico de licor manejado por una mafia entre cómica y ridícula, y en donde todo o casi todo se pasa por el plomo. El libro empieza con un cómic titulado "Picadito del domingo", un partido de fútbol en el barrio, entre gañanes (te acordás, es el mismo picadito que jugábamos, por allá en los ochenta y noventa, en una calle de la esquina, en el barrio; o que aún juegan algunos muchachos los días de domingo y de ocio en Medellín), un juego de balón entre dos bandos de la mafia de Morón. En este caso se juega a dos goles y, al contrario de jugar a un litro de gaseosa y pan al ganador, se juega a liquidar, ejecutar al perdedor. Una belleza de cómic este Morón Suburbio, un dibujo muy logrado (me recuerda un poco a Fontanarrosa con su Boogie el Aceitoso), unas historias cómico trágicas y mucha diversión garantizada.

Suda Mery K! es una revista de cómics semestral, que reúne a varios autores. Aquí la impresión también es cuidada, con portada en dos tintas e interiores en blanco y negro. Yo tengo la número tres (2006) y es editada por abc Ediciones y Feroces Editories (se trata de unión de tres editores: Thomas Dassance, de Argentina, Carlos Reyes, de Chile y Frank Arbelo, de Bolivia). Este número trae cómics de varios autores, residentes en varios países de Suramérica, todos los cómics son buenos pero destaco los que más me gustaron: "Chico Puntual", Álvaro Ruilova (Bolivia); otro de André Kitagawa (Argentina) y "Atún al Natural Entero", de Gustavo Deveze (Argentina). Suda Mery K! también cuenta con artículos, en esta edición una entrevista al dibujante Martin Tom Dieck y un artículo sobre el libro de Córtazar, entre la literatua y el cómic, el famoso Fantomas contra los vampiros internacionales. Muy buena Suda Mery K!, con publicaciones como estas (aunque debería decirlo por todo el conjunto de publicaciones que me trajeron, en general) se da cuenta uno que Colombia si está aislada hasta la mierda, en cuanto a producción de historietas en Suramérica se refiere.

Similar, en concepto, a Suda Mery K! es Cábula. Una revista que también publica a varios autores, editada por Hernán Cirianni y de El ojo que todo lo Ve Ediciones. Portada en dos tintas e interiores en blanco y negro que en la edición que tengo (bueno, me pasaron otros números de la misma Cábula, en un formato más pequeño, pero comento esta que puse en la imagen) hay gran variedad de cómics y estilos, por ejemplo: uno de Aon, titulado "Apolo Ponce"; "Capitán Muerto", de Frank Vega; un hilarante cómic de Ernán; "CCCP", de Ángel Mosquito; una cosa demasiado buena titulada "Diálogo Imposible", de Diego Abu Arab y "El noveno Esclavo" de Cristian Maella entre otros buenos cómics.

Hacía mucho rato no me reía tanto con los cómics, pero no me refiero a la sonrisa cómplice, a saber que es muy bueno lo que estás leyendo sino también a la carcajada desternillante. Esto gracias a las ocurrencias de la revista Lule Le Lele, de la Editorial El Gordo Sémola (Gerardo Basabe, Martín Sánchez, Martín Santos, Damián Scalerandi, Diego Segovia y Gastón Souto). Joni y Tomás me trajeron cinco ediciones de Lule Le Lele (desde la número 10 hasta la 14), pero esto es para cagarse de la risa. Estos muchachos tienen una cosas que te partes, sobre todo las series de tiras que publican en la revista. Pero voy a mencionar tan solo un cómic, porque son muchos y todos son muy divertidos, titilado "Family Game", de Souto (aparecido en la número 11). Otra cosa son las portadas. Voy a poner solo la de la número 11 para que veas que portadotas se sacan estos muchachos. Más Lule Le Lele por favor, el cómic no sólo tiene que hacerte sonreír, también tiene que hacerte rabiar, llorar de la risa. Bueno, voy a mencionar una tira en especial: la del negrito Walter Olmo, dibujada por Santos, esto es impagable.

Bueno, dejemos hasta aquí. Todavía falta muchas publicaciones más por comentar pero esperemos un poco. Si vives en Argentina mis felicitaciones y un poco de envidia por ti, si vives en Colombia que falla porque en cuanto a producción de cómics estamos cagados (y eso que los argentinos dicen que apenas están saliendo de una crisis de producción, que tuvieron hace unos años gracias a los mismos de siempre: claro, gracias a los políticos y a las elites económicas, con un poco de ayuda de la estupidez del pueblo en general. En eso Latinoamérica si es, desafortunadamente, la misma cosa).

Hasta lueguito.

23 de diciembre de 2006

Ellos comprando y yo viendo un docuental

Para que ciudades como Medellín y Bogotá funcionen durante 24 horas es necesario que haya planes estratégicos orientados hacia el comercio. Que la cultura ciudadana, que la rumba, que el disfrute de la noche, esas son paparruchas porque lo único que puede hacer que una ciudad funcione sin dormir (tal y como lo hacen ciudades como Nueva York o Paris) es que se pueda vender durante la noche y, naturalmente, que haya gente que compre. Una cosa va con la otra, así como el viernes negro ya es toda una tradición en los Estados Unidos, para elevar las ventas de los comerciantes, pues en Medellín y en Bogotá se está implantando, de unos años para acá, una especie de viernes negro que coincide, por supuesto, con las compras navideñas. El problema no es que la ciudad funcione por la noche (ni más faltaba) y tampoco que para hacerlo haya planes de comercio. El asunto es que se cubra un caso típico de vender y vender con asuntos como los que ya comenté, como el de la cultura ciudadana. Fácil, se aprovecha el día de la prima (o bonificación del salario por Navidad) para, con la demagogia de costumbre, se habrá el comercio hasta la madrugada y se incentive, como es lógico, la locura de comprar de la gente pendeja (que en la mayoría de los casos es la gran mayoría, es decir, lo que aquí insisten en llamar ciudadanos y que no es otra cosa que gente viviendo un modernismo, o postmodernismo, prestado, a sabiendas que aún permanece en la fangosa época premoderna, cubiertos por el Divino Niño, el Papa, el caudillo presidente y los grandes y sabios empresarios. A todos que el dios católico los bendiga).

Entonces, no cerrarán las puertas de cuanto almacén, charcutería, miscelánea, tienda o granero haya, en ciudades como Medellín y Bogotá, hasta que la gente no calme su enfermedad de comprar, porque estamos en diciembre carajo, y hasta que el comercio no quede satisfecho sabiendo que acabó, en una sola noche, buena parte, sino toda, la prima de fin de año de la gente linda de mi Colombia querida. No me malinterpretes -porque vos, a veces, lo haces-, yo también compro y gasto dinero, también podría disfrutar una noche de ciudad abierta las 24 horas, lo único que me diferencia de toda esta baraúnda colectiva es que mis compras, digámoslo así, son más pensadas, no suelo comprar porque sí (aunque claro, que en algunas ocasiones me pica la plata en el bolsillo pero bueno…) y, además, tengo un poco más aguda la vista para no caer en estas trampas del comercio.

Ayer, precisamente, no quería salir de casa a sumarme a esa mierdero de compras desaforadas, así que a manera de justicia poética, para mí mismo, decidí ver un documental que tenía guardado desde hacía unas semanas: La Corporación (The Corporation. Dir: Mark Achbar y Jennifer Abbot, 2003), un documental en tres partes sobre ese asunto espinoso de las corporaciones, su perniciosa incidencia en todos los ámbitos de la sociedad contemporánea y una crítica radical a su forma de proceder (la corporación es vista, en el documental, y gracias a una serie de brillantes explicaciones, como un individuo psicópata). Dos horas y media dura la serie completa, un metraje que lo explica casi todo, en donde por fin comprendí, con lujo de detalles, lo que años atrás (por ahí como cinco años) vi en Televisión Española Internacional: un analista político de los Estados Unidos, advertía sobre la inminente llegada del Imperio y el fin de la República -cual analogía del conflicto de la Antigua Roma-, para el país del norte. El fin de la república estadounidense, fundada bajo los principio de la democracia e inspirada por el pensamiento en conjunto de sus padres fundadores y el inicio de un imperio regido por las corporaciones (léase Nike, Shell, Microsoft, IBM, Adidas, Goodyear, Apple, Nestlea y un largo etcétera). De esa forma contrarresté mi impulso gregario, mis necesidades creadas, mi ansia de vaciar mi aporreado bolsillo (entre otras cosas por eso trato de no ser tan seguidillas en estos asuntos: porque tengo muy poco dinero y este mismo tiene que alcanzarme hasta fin de enero) y terminé enterándome más, dándole razones y justificaciones a mí poco consumismo.

Adiú.

PD: ¿Quién entiende al ser humano? Medellín cuenta, hasta el momento, con la mayor cifra de quemados por pólvora en el país (y la mayoría son niños) y este año tal cifra ya ha rebasado las del año pasado, en todo el mes de diciembre, y sin embargo estoy presenciando la gran cantidad de pólvora quemada, en este momento, gracias a los tres goles que el Atlético Nacional le ha metido al equipo de La Equidad en la primera ronda de la final de la liga de fútbol nacional. Hombre, no me mal interpretes otra vez (qué cosa contigo), claro que quiero que gane el Atlético Nacional, pero que no quemés más pólvora güevón que esa mierda quema como un hijueputa. Los hijos tuyos, si fuiste tan bruto de tener hijos en este país y en esta época, van a ver como quemás la pólvora y mañana van a imitar tus acciones pedazo de oligofrénico. Ah, bueno, pasado mañana tendrás a tu hijo en el hospital y se te cago la fiesta de Navidad y ahora ¿quién va a disfrutar de todas las innecesarias compras que hiciste ayer, cuando Medellín y Bogotá tuvieron 24 horas sin dormir, para que vos compraras todos esos cachivaches, que basura al fin y al cabo es?

16 de diciembre de 2007

Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia

Lo prometido es deuda, aunque he apelado a un viejo proverbio árabe que dice, más o menos, que lo que puedes hacer hoy déjalo para mañana. Así que lo que era para ayer lo dejé para hoy (aunque bien hubiera podido dejarlo para mañana también y así sucesivamente), lo de hablar del Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia.

Llegué el jueves 6 de diciembre, a Santa Fe de Antioquia, en la noche. De ahí nos fuimos a comer -mi monita y yo- y como llegamos muy tarde solo vimos un documental argentino que, a pesar de que mucha gente se fue en medio de la función, a nosotros nos gustó: Espejo para cuando me pruebe el smoking (Alejandro Fernández Mouján, Argentina, 2005). Así que lo que parecía un caso particular se convirtió en una constante en esta octava versión del Festival, el hecho de que muy poca gente fue a ver cine y, en cambio, se la pasó chupando cerveza, ron y/o arguardiente. Yo he ido varias veces al Festival de Santa Fe de Antioquia (cinco veces) y siempre he bebido y juergueado en sus calles (casi siempre llego al hotel borracho o, en algunas ocasiones ni siquiera he llegado al hotel, después de beber en las calles coloniales de Santa Fe de Antioquia), pero siempre hago la de ver cine y después a beber, me parece que una cosa no elimina la otra y me parece que la mayoría de la gente lo había hecho así, por eso me extrañó mucho que la gran mayoría sólo fue a chupar alcohol (y otras sustancias), sin siquiera asomarse a la programación de cine del Festival. Eso puede tener muchas explicaciones, unos aducen que se trata de la muestra poco atractiva de esta versión: el nuevo documental latinoamericano, pero la verdad es que a mucha gente este Festival solo le huele a alcohol y juerga. Eso será quizás un asunto que tendrá que analizar la organización del evento y, si les interesa, aplicar correctivos o estrategias pertinentes para que esto no vuelva a ocurrir (no me mal interpreten, con esto no quiero decir que se acabe la rumba y el alcohol, ni más faltaba, sino que las dos cosas: el cine y la fiesta, puedan funcionar armónicamente durante todo el evento). Bueno, dejemos esos asuntos malucos, allá si la gente lo único que le interesa es chupar alcohol, ellos se pierden la mitad más uno del sentido del Festival: el cine, y pasemos precisamente a eso, a lo que vi en pantalla en Santa Fe de Antioquia.

El viernes y el sábado (7 y 8 de diciembre, respectivamente) me la pasé las dos noches viendo la selección de Caja de Pandora, que es una recopilación de audiovisuales de realizadores jóvenes. De unos años para acá me interesa más la Caja de Pandora que la Muestra Central por una razón principal: porque la Muestra Central tienen películas que muy posiblemente voy a ver después (soy amigo del programador del Festival, Oswaldo Osorio, así que casi siempre vemos las películas de la muestra central, lo mejorcito, en una velada en su casa que, imagino, será la próxima semana. Incluso si no las veo en casa de Oswaldo pues luego las iré viendo por cable, o porque el mismo Oswaldo me presta una que otra, o porque yo mismo me las voy bajando), en cambio muchos de los audiovisuales, arguméntales, documentales, animaciones, experimentales y videoclips, quizás no vea nunca en mi vida (por más buenos que sean).

Caja de Pandora contó esta vez con 48 trabajos audiovisuales, que se distribuyeron en dos tandas durante las noches de el viernes y el sábado. La función de tandas empieza a las 6:30 pm y termina por ahí a la 1:00 am o 1:30 am, toda una maratón de audiovisual. Nosotros, la monita y yo, siempre llegábamos alrededor de las 8:00 pm, después de comer, así que nos perdimos un cuarto de toda la selección, pero alcancé a ver bastantes cosas de las cuales mencionaré, brevemente las que más me gustaron:

Estos tres audiovisuales tiene afectos cercanos aunque creo, porque trato de ser siempre imparcial, que me gustaron por sí mismos más que por mi cercanía con sus realizadores: Juego de manos, un argumental de Andrés Buitrago (Bogotá, 2007), en donde pude apreciar el buen tratamiento cinematográfico de su director (no he visto los otros cortos de Buitrago y espero verlos algún día), el manejo de la cámara, su cuidado en los planos, una buena dirección de actores, al mismo tiempo que una no desdeñable actuación (aunque me gustó un poco menos la actuación de quien hace de Felipe), una historia buena y redonda para un corto. Medellín es un Parche... Punk, un documental sobre el punk en Medellín, dirigido por Rodrigo Mora (Medellín, 2007), que aunque está bien, parece ser, en principio una obra inacabada (creo que Rodrigo dijo eso en alguna ocasión, meses antes de que viera su trabajo en Santa Fe), le falta una visión más pausada y analítica de lo que significa el punk en Medellín, contrastar los punkeros de colores en el pelo y manillas con los que no usan esos cachivaches (o quizás con los que  tampoco tienen el cerebro tan lleno de taches), agregarle eso y al mismo tiempo quitarle un poco de metraje al trabajo, cosas que me parece que sobran. La última faena (Bello, 2007), un documental sobre un torero retirado, por un accidente en la arena, y ahora en franca oposición a la fiesta taurina, dirigido por un grupo de muchachos asociados en Danga Producciones (Natalia Lopera, Johathan Nicolás Marín y otros). El documental, lo saben ustedes y lo sé yo, es sobre todo el tema o el personaje, se sostiene ahí, si tienes un buen personaje o un buen tema ya hay medio documental armado (el resto es que ese tema o ese personaje se vean con toda su potencia en la pantalla, es decir el resto es del realizador y su equipo) y este trabajo tiene las dos cosas, solo un aspecto de La última faena no me gustó mucho y fue la música incidental, afinando esto el documental queda muy bien (y creo que lo van a hacer o ya lo hicieron, eso me dijeron los muchachos realizadores, ya tomando unos tragos, pues me saludaron y sorprendido quedé cuando me di cuenta que eran exalumnos míos de la Universidad de Antioquia).

Me gustaron mucho tres trabajos: El otro lado de la hoja, un documental sobre el cultivo de la coca, visto desde la perspectiva de tres generaciones de campesinos cultivadores y procesadores del alcaloide, dirigido por Daniel Rozo (Medellín, 2007). Este es, en apariencia un trabajo modesto pero rápidamente sorprende por el buen manejo del equipo realizador y por el tema que, se puede decir, resume muy bien esa primera etapa de ese monstruo llamado narcotráfico (es más, el trabajo hasta me serviría a mí para ilustrar unas sesiones de mis cátedras sobre Historia de Colombia en el siglo XX, en la Universidad). Cama Caliente, un argumental de seis minutos, con cámara fija (creo que subjetiva, si es que el televisor puede hacer las veces de eso) a una cama que va cambiando de habitantes (habitantes de la noche, tres mujeres), dirigido por Luciana Riso (Barcelona, 2007), en este argumental menos es más. Y si hablamos de menos es más el mejor ejemplo es Como todo el mundo, un argumental de Franco Lolli (París, 2007), sin aspavientos, casi que sin la clásica narración aristotélica este trabajo nos lo explica todo: el drama de una madre y su hijo, en un mundo de clase alta en Bogotá que se encuentran en la ruina, las peripecias y la carga del hijo para mantener un estatus dentro de su circulo de amigos. En Como todo el mundo, parece que no pasa nada pero en realidad pasa todo, un trabajo excelente.

Otros que se salieron del montón y por eso me gustaron: Cuestión de química, un documental de Mario Andrés Ruiz (Bogotá, 2006), sobre los riesgos que corren los limpiadores de carrotanques, en una estación a las afueras de la capital; 216 (Dos Dieciséis), un argumental de David Beta (Medellín, 2007), aunque me desinflaron un poco las actuaciones; El pescador de estrellas, argumental de Marcela Rincón (Cali, 2007), que si bien apela más a la ternura de sus personajes y su historia, y es bonito, tiene algunas falencias (como la actuación, pero bueno...); El último recurso, argumental de Alexander Linares Díaz y Gustavo Rincón (Bogotá, 2006), divertido, vertiginoso y trepidante, con buenas actuaciones (de actores profesionales), aunque un poco predecible y con una historia ya muy manida; Epitafio, una animación de Ángel Villadiego y Óscar González, bonita técnica de animación con fotografías y collage; Espíritu Burlón, animación de Óscar Guerrero (Pasto, 2007), una historia interesante (una libre versión de la infancia de Gustavo Garavito Cubillos el asesino en serie, más conocido como la Bestía), aunque me parece que le faltó un pelín más de cuidado en los dibujos, mejor actuación y le sobra, en mi humilde opinión, algo de metraje (aunque muy conmovedor, y eso hace que sea bueno); Mañana ganas, un documental de Byron Jaramillo (Medellín, 2007), sobre apostadores, adictos al juegos, desde el niño que gasta sus pocas monedas hasta el viejo y empedernido jugador de dados. Lo interesante de este documental es el juego contradictorio que emprenden sus realizadores: la diferencia o dicotimia entre lo que piensa la familia del jugador (por estar engañados) y lo que realmente es el jugador (un enfermo).

Estos son pues lo que más me gustaron. No vi algunos (me perdí, por ejemplo, El dragón de Comodo, de José Luis Rugeles, y Extras, de Viviana Camacho, que quería ver pero que, por estar comiendo, me perdí. Espero poder verlos después. Además de un puñado más que no puede ver), pero los demás, los que sí vi, en general están bien, se dejan ver (con algunas excepciones porque, obviamente, hubo algunas cosas muy regulares). Lo bueno del asunto es que, a diferencia de otras versiones de Caja de Pandora, esta estuvo de un nivel mucho mejor (digamos que, en parte, avalado por trabajos antes seleccionados en el espacio In Vitro Vusual y algo de la selección del Festival El Espejo).

Eso es todo por hoy, un saludo desde aquí a Felipe Moreno, a Miguel Rivas, a Byron Vélez y a los amigos con los que hablé, bebí y molesté por las calles de Santa Fe de Antioquia. Y recuerda, el alcohol y la rumba no matan el cine, los dos pueden vivir en sana convivencia.

Chao.

PD: creí que Andrés Buitrago iba a ir, otra vez será, en otra ocasión nos veremos (lo mismo digo de Rodrigo Mora, aunque ahí se puede decir que fue a mi monita a quien más falta le hizo).

13 de diciembre de 2007

He vuelto

Como dice Astrud, he vuelto, ves que bien he vuelto, qué suerte tengo y tienes tú también. Pues sí, volví sano y salvo del Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia, un poco amayugado por la maratónica tanda de audiovisual y por los tragos (que nunca faltan en ese festival de cine y de alcohol, aunque muy a mi pesar porque la gente cada vez va más a chupar ron, aguardiente y cerveza que a ver cine. Sabiendo que lo uno no elimina lo otro), que me tiré en los días en que estuve en la ciudad colonial. Todavía me sudan las manos después de la onda calentuna que traje de Santa Fe de Antioquia, porque allá hace un calor que te pone a sudar como un marrano. Pero bueno, contento al fin y al cabo por los días de vacaciones que me gocé y con una ganas enormes de dibujar (cinco días sin dibujar son para mí casi torturantes), y eso está bien porque aún falta terminar ese maldito fanzine de Cuadernos Gran Jefe, en su cuarta edición, y que espero poderlo acabar tan siquiera antes de que se termine este año, algo difícil pues la fiestas de fin de año siempre embolatan los proyectos y las ganas de trabajar, además de que no estoy seguro si el taller litográfico estará abierto en unos diez días, tiempo que calculo me tardaré en terminar lo que me falta para dar a luz la nueva edición (bah, llevo prometiendo este fanzine desde hace como nueve meses... Es que el trabajo remunerado y el hecho de que dibujar cómics aquí sea tan complicado no dejan avanzar... Bah, basta de disculpitas).

Bueno, del Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia hablaré mañana (si encuentro un momentico para hacerlo), de lo que vi, de lo que me gustó y de lo que no me pude comer (por maluco). Así que mis comentarios sobre las publicaciones argentinas, que me trajeron Joni y Tomás, de Buenos Aires, tendrán que esperar un pelín más (mierda, como se complica uno la vida haciendo estos diarios).

Chao.

PD: Ah, también hay que preparar la número 52 de Robot, la edición de este mes. A propósito, los colegas de Argentina ya publicaron la primera gacetilla hermana de Robot. En el web blog del gacetilla se encuentra el Proto-robot argentino y las ediciónes de la gacetilla gaucha las van a poder encontrar aquí (la versión argentina no es homónima de la nuestra, a esa le pusieron Burlesque).

11 de diciembre de 2007

Querido Diario:

Bueno, me voy para Santa Fe de Antioquia, al Festival de Cine y Video. Porque, ¿qué culpa tengo yo de que me inviten? ¿Acaso debo negarme a una invitación, con hospedaje y comida gratis, y a disfrutar de una buena tanda de documentales latinoamericanos? Claro que no, nunca estará bien rechazar invitaciones como esas (más aún cuando sabes que te las mereces, porque si bien trabajás por casi nada los pagos en especie saldan en parte la deuda). Así que chao, me voy por unos días a disfrutar del cine, a charlar con los amiguetes y a pasear con mi monita por las empedradas calles de la ciudad madre, de la colonial ciudad de Santa Fe de Antioquia.

Ah, llevaré toda la colección de fanzines de la Editorial Robot, además de los últimos ejemplares que me quedan del libro de Robot, para ofrecerlos en un stand, allá en el Festival. Así que si vos vas también al Festival pues allá los mirás, te los llevás, luego los leés y finalmente los atesorás (una vez que los comprés, no se los prestés a nadie. La gente no suele devolver lo que es bueno).

Chao.

PD: hoy, apenas me levantadé, me dije a mí mismo: "este día es bueno, ayer trabajaste mucho, y te merecés esta belleza para empezar el día a todo dar". Y puse a sonar a The Shangri-Las. ¡Vaya, cómo me levanta el ánimo esta música! Qué sería de la vida sin la buena música...

6 de diciembre de 2007

Querido Diario:

Jo, qué os puedo decir. Pues que ya no soy el mismo de antes, que he cambiando. Bueno, tampoco tanto. Tampoco exageremos y ahuyentemos a la audiencia que, extrañamente, aumenta cuando me paso uno días sin escribirte nada, mi diario amado. ¿A qué viene tanto alboroto entonces? Pues a eso, a que ya no soy como antes. El fin de semana pasado me la pasé juerguiando: el viernes en casa de un amigo artista, junto con una tropa de artistas más, bebí whisky y hablé hasta las 6:00 am (deliciosa la velada, la conversa bastante buena y el trago pues ni se diga); el sábado estuve en casa de un amigo más conocido bebiendo ron junto con otros viejos amigos y amigas, la fiestica estuvo bien pero yo me emborraché a tal punto que se me olvidaron ciertas cosas, hablamos hasta las 4:00 am. Luego de ambas fiestas mi cuerpo tuvo que esperar hasta hoy para lograr recuperarse del todo. Ayer y anteayer di clase en la universidad pero cuando llegaba a casa era para acostarme a dormir o a ver televisión. "Mierda, y yo que llego de trabajar y siempre me pongo a dibujar hasta la madrugada. Estás muy flojo ya, has cambiado mucho", me decía a mí mismo mientras permanecía acostado descansando de una resaca terciaria. Pero bueno, ya hoy miércoles estoy a todo dar, dibujaré todo el día (estoy a punto de terminar la cuarta edición del fanzine Cuadernos Gran Jefe. Espero terminarla antes de que el taller de litografía cierre, por fin de año, para que salga en el 2007) y pondré en orden, una vez más, mis ideas para seguirte contando de qué va todo esto.

- ¿Cómo así? ¿A qué te refieres?

Pues a mi vida, Carlitox. Contarle a mi diario sobre mi trajinar por este valle de lagrimas.

Chao.

PD1: ah, hay un nuevo cómic de la semana. Míralo y me decís que te parece.

PD2: además de descansar después de las juergas del fin de semana también me dedique a leer unos fanzines y revistas de cómics que me trajeron Joni y Tomás de Buenos Aires (sí, Lolo, Argentina). Lo que he leído está muy bueno y espero iniciar, en estos días, una serie de reseñas cortas sobre todas y cada una de la publicaciones que me trajeron mis amiguetes del cono sur (ah, y gracias también a los coleguillas de Argentina por mandar las publicaciones con el Joni y el Tomás).

5 de diciembre de 2007