

Diciembre de 2008
Querido Diario:
He recibido un jugoso cheque, fruto de mis esfuerzos por cambiar las mierdas de este pueblo que merecería revolcarse precisamente en ese mismo estiércol del que yo pretendo salir. ¿Para dónde podría ir con tan jugoso cheque? Pues para donde más sino para Las Vegas, acabar con mi vida a punta de alcohol, haciéndome amigo de la botella... Tratando de ser amigo de una amiga que pudiera vivir conmigo toda la vida... Así es Leaving Las Vegas. Un director: Mike Figgis. ¿Cómo verla? Borracho, ebrio.
28 de diciembre del año del Señor de 2008, día de los santos inocentes
Cómics y amigos
Aquí estamos, mi gran amigo Byron y yo. Yo vendiendo mercachifes, mi amigo Byron impávido ayudando a que algo más se pueda vender. Con amigos así qué bueno tener un millón de amigos:

23 de diciembre de 2008
Deconstruyendo a Juanes
Gracias al tiempo que todo lo disuelve, que todo lo acaba, que termina sepultando y convirtiendo en polvo todo lo que a su merced está. Inicio agradeciendo a ese amo implacable porque por fin se acabó esta parafernalia aburrida y repetida que fue la preparación del concierto de Juanes en Medellín.
El concierto era gratis porque el "artista" así lo ha querido para la ciudad de Medellín, pero el hacer un concierto gratis, y de Juanes, en la ciudad implica una serie de circunstancias en donde, gran parte de la oficialidad y la misma aplanadora mediática son quienes ganan, en detrimento del público ignorante que va a estos espectáculos porque "Juanes es el mejor cantante del mundo y porque es muy bonito y es un patriota...". Pero a mí siempre me gusta ir despacio, y por partes, así que voy a explicar a qué me refiero con esas afirmaciones que hice arriba.
Quien más gana con el asunto del concierto gratis en Medellín es el mismo Juanes, se mete, una vez más a la inmensa mayoría de los habitantes (habitantes, no ciudadanos...) en el bolsillo y conserva, como un casi total unanimismo, su estatus de "artista" entre la opinión de los paisas (y de los colombianos. Vamos hacía un punto en que quien piense que Juanes es malo es porque es un apátrida, justo como sucede muchas veces con quienes no estamos para nada complacidos, ni de acuerdo, con el presidente Uribe y sus políticas de gobierno). Ya no estamos hablando de un cantante, Juanes para mucha gente es un excelente ser humano, un ejemplo para la juventud, un artista en todo el sentido de la palabra. Su concierto gratis en Medellín, además de sus otros conciertos en Colombia, asociando sus presentaciones con una serie de compromisos huecos (como la paz de Colombia, el amor y un montón de cosas más que rayan con generalizaciones triviales y hasta infantiles acerca de las reales soluciones a un conflicto armado como el que sufre Colombia), han hecho de Juanes una figura importantísima ya no sólo para la música y arte sino también para las soluciones estructurales de nuestra crisis.
¿Pero hace Juanes música? ¿Es arte lo que pretende hacer este cantante? Esta es quizás la cuestión de fondo, el meollo del asunto. Con Juanes lo que menos importa es la música, puede decirse incluso que su aporte musical es nulo: el rock de Juanes no es rock, es un tonti pop con melodías repetidas desde sus inicios con la banda Ekhymosis, desde esos albores metaleros hasta el ablandamiento final de unas melodías acarameladas con facilismos de paz, amor y reconciliación, que tanto gusta a un pueblo embrutecido como el colombiano (bueno, y el latinoamericano. Eso sin contar al grueso de la población mundial, enceguecida o embobada con la zanahoria que tiene en frente pero que nunca podrá alcanzar). Lo que realmente tiene Juanes es una maquinaria bien aceitada que le permite una presencia casi permanente en los medios de comunicación del país, cuando los necesita, cuando va a hacer una nueva "obra maestra", cuando necesita venderla, cuando quiere que la gente vaya gratis o compre la entrada a sus conciertos. El maquinista de esa inmensa locomotora, generadora de noticias alrededor de Juanes, es el también colombiano Fernán Martínez, su manager. Es Martínez el gran artista que crea el producto Juanes (o la empanada, como el mismo lo afirmó en un medio de comunicación cuando dijo: "es que es hacer la mejor empanada, la que más le guste a la gente"). Fernán Martínez fue manager de Cristina Saralegui, por allá en los noventa, los índices de popularidad de esta cubana de doble moral y su talk show alcanzaron altos niveles en toda Latinoamérica; años después Martínez se convirtió en manager de Enrique Iglesias y logró lo imposible: convertir a este muchacho que gritaba en un “artista” de talla mundial, en un "artista" en todo el sentido de la palabra. Ambos, Cristina Saralegui y Enrique Iglesias disminuyeron en fama y "talla internacional" una vez que el mago Martínez los abandonó. Pero bueno, Martínez tampoco es un prestidigitador de altos vuelos, es más bien un mago de trucos porque su modus operandi es bastante sencillo: inundar a los medios (prensa, radio y televisión) con noticias triviales alrededor de Juanes: que ayer estuvo en un centro comercial saludando a los niños, que hace una semana visitó a sus amigos en Bogotá, que mañana se reunirá con el alcalde, que en una semana se sacará un moco delante de la cámaras; una sarta de noticias que justamente no son noticia, unas trivialidades que sólo tienen un objetivo: mandarle a la gente un mensaje claro SI SALE TANTO EN PRENSA, RADIO Y TELEVISIÓN ES PORQUE ES IMPORTANTE, SI ES IMPORTANTE ES PORQUE SABE HACER ALGO Y LO HACE BIEN. Principio: sales mucho en los medios. Resultado: eres un gran artista. Esta es una fórmula que se aplica para todo y para todos, con la única diferencia de que en Colombia no habíamos conocido un "artsta" de la talla de Juanes, pero de talla alta para robar cámara, mojar papel y arrebatar micrófonos. Juanes opina, de la paz, del presidente, del alcalde, de la crisis económica, de los secuestrados, del su "música", de Medellín, de los colombianos, opina de todo pero opina con conceptos triviales, debiles, generalizados, infantiles, poco profundos. ¿Entonces por qué opina? Porque tiene que salir en los medios, porque tiene que vender discos, porque necesita que la gente vaya a sus conciertos. Aquí, justamente lo menos importante es la música, lo que se supone que este muchacho hace o puede hacer de verdad.
El problema de la industria musical no es que venda discos, o que cree estrellas para venderlos, o que gaste ingentes esfuerzos en promoción de sus artistas, ni siquiera que la gran parte de su repertorio musical esté plagado de clichés o melodías trasnochadas (copiadas justamente de los artistas que están al margen de la industria musical. Bueno, en la gran mayoría de los casos sucede así, aunque hay verdaderos pioneros e innovadores dentro de la gran industria de la música), el verdadero problema de industria musical es que lo que menos importa es justamente la música (obviamente, lo más importante es vender todo eso que es lo que menos importa). Eso justamente le sucede a Juanes, lo que menos importa del cantante es qué y cómo cante y haga su música. La gente resalta del "artista" cosas como su sencillez, su honestidad, su pasión por Colombia; una serie de valores que son de todo el mundo (o deberían serlo). Cómo estará de podrida nuestra sociedad que alguien alcanza el estatus de estrella no por un talento, un diablito creador, un genio (que es justo lo que a Juanes le falta por toneladas), sino porque es una buena persona. ¿Acaso no somos buenas personas la mayoría de la gente en Colombia? ¿Acaso no dicen que los buenos somos más? Una vez más se desvía el asunto: lo menos importante de todo esto es la música que hace el "artista".
Un dúo conformado por Juanes y Gustavo Santaolalla arreglan las composiciones musicales creadas por el primero. El "artista" argentino, como Fernán Matínez en su oficio de manager, es un experto para saber como hacer la empanada musical que le guste a la gente, no hay que cambiar mucho lo ingredientes si estos no fallan: amor, desamor, otra vez la paz y la reconciliación, algo del sentir y el espíritu latino, una que otra metáfora de fácil comprensión y, por supuesto, letras "cotidianas" que hablen de esa sencillez que Juanes demuestra con su sola presencia. Eso es un producto, un plato de fácil digestión y que deje con hambre, porque platos así siempre estaremos gustosos de comer: sin dolor de estomago, sencillo, que pasa fácil y que en un corto tiempo nos deje nuevamente con hambre para poner otra vez a funcionar la máquina que hace los billetes (es tan obvio...).
La oficialidad se vale de una figura como Juanes para legitimarse, para conseguir más confianza (o confianza inversora, eufemismo de arrodillamiento a multinacionales, tan cacareado por el rey de reyes Uribe), y el "artista" no escamotea tanta lagartería, antes todo lo contrario, la alienta: se toma fotos con el alcalde, saluda y le hace guiños al presidente, habla de política sin tener ni puta idea de qué está hablando (frases cosas como: "¿Por qué seguimos matándonos si ya estamos en el siglo XXI?", demuestran que el muchacho debería mantener la boca cerrada). Mueve masas para acá y para allá, cambia las opiniones políticas de esa gelatina inconsistente llamada ciudadanía colombiana, y los políticos de turno felices, encantados con el "artista". Juanes dice que con la educación es como vamos a salir de la pobreza y el subdesarrollo (qué gran descubrimiento... Descubrió el agua tibia, como decimos aquí en Antioquia), pero no sabe que si eso llega a suceder él y su música están condenados, porque gente con más educación es gente con más criterio, y para la gente con verdadero criterio Juanes es una farsa.
Las dos semanas previas al concierto de Juanes en Medellín, los canales locales y regionales anunciaban con bombos y platillos el concierto. Tanto consenso es absolutamente desconfiadle, pero eso no era lo más indignante. Lo verdaderamente vergonzoso es que estos canales locales y regionales hacía sus programas basados en regalar las boletas del concierto (el concierto era gratis pero con boleta), la gente llamaba a los programas y mediante concursos ridículos los televidentes se desgañitaban, imitando a Juanes, para poder hacerse a una boleta. Dos semanas de programación basada en regalar unas putas boletas para un concierto gratis, dos semanas de programación de televisión tirada, casi en su totalidad, a la basura (sobre todo en Telemedellín, el canal de la Alcaldía de Medellín). Estos presentadores de tres pesos de canales locales y regionales amarraban las pinches boletas gratis hasta que cada televidente hiciera el ridículo, y todo esto a costa del "artista", Juanes debe estar indignado. Si a eso le sumamos una propaganda institucional sin precedentes a costa del bendito concierto el asunto no tiene nombre, siguen vendiéndonos, en este caso, un producto haciéndolo pasar por arte (si tan sólo fuera música...).
A mí no me interesa el asunto de los trancones de tránsito por las vía regional en la ciudad. Resulta que para hacer el concierto gratis en Medellín hubo que cerrar una vía muy importante de la ciudad, una arteria vial que es el eje del movilización vehicular del sur de Medellín y de la ciudad con los municipios y subregiones del sur del departamento de Antioquia. Ese asunto, el de los embotellamientos de tránsito, que fue esgrimido durante toda la semana por muchas personas me tiene sin cuidado porque ahí sí le doy la razón a la administración: fue durante menos de una semana en todo el año y era en pro de un evento cultural (con respecto a esto último, por lo que ya dije, obviamente no respondo: el evento dista mucho de ser artístico o cultural. Pero digamos que se cerró la vía para que un grueso de la población disfrutara de algo diferente, así a mí no me guste el "artista"). En este asunto hay un problema más de fondo que tiene que ver con el uso del automóvil en la ciudades latinoamericanas, un uso que quiere imitar al de los EEUU pero que no puede por la estrechez, en su gran mayoría, de las redes viales de estos países al sur del gigante. El uso suntuario del automóvil es normal en Medellín, yo pensaría que una tercera parte (siendo muy condescendiente) del parque automotor en la ciudad no tiene un uso racional (bueno, muy pocas cosas tienen uso de razón en Locombia, así que el asunto del automóvil en nuestro país es sólo un síntoma más del desorden). Voy a explicar esto de manera sencilla para terminar este punto y para no desviarme del tema principal: si durante una semana, al año, no puedes sacar tu automóvil para viajar tú solo en el vehiculo, entonces usa el metro, usa el bus, o arregla con tus amigos del trabajo para que se vayan cuatro o cinco en un mismo vehiculo. Si eso lo haces dos o tres días al año un poco más felices todos (pero el egoísmo es pan de cada día en Locombia. Este mismo país que no lee cómics, porque si los leyera se daría cuanta que desde hace décadas Lorenzo Parachoques se va al trabajo con varios de sus amigos en un solo auto, en la historieta Lorenzo y Pepita, en iglés Blondie).
Si a todo esto le sumas un público muy parecido a ese que de manera egoísta lloriqueaba porque les cerraron una vía una semana al año, aunque el público que lloriqueaba parecía no importarle el bendito concierto (así que aquí me encuentro entre dos masas: los admiradores de Juanes y los automovilistas solitarios. Esta Colombia está perdida, y eso que el "artista" le canta a la paz y a la reconciliación...). Es decir, un público borrego, falto de sentido común y de lógica, con unos deseos enormes de pasarse por encima del otro, pero eso sí mostrándose ante los demás, por fuera, como un santo entonces el concierto gratis de Juanes es todo un éxito, y de hecho lo fue. Una vez más Juanes asegura su público, nadie podrá hablar mal de él, tendremos "artista" para el resto de nuestras miserables vidas, algunos sabremos más sobre él que sobre nosotros mismos gracias a los medios de comunicación; antes de que nosotros nos mandemos el dedo ya Juanes se habrá sacado un moco antes que nosotros (porque así lo dice la televisión). Y quizás, porque este pueblo es así, el "artista" en algún momento se convierta en presidente de Colombia, y se subirá como han subido los presidentes de Colombia desde hace, por lo menos, sesenta años: para acabar con la guerra, por la paz, la justicia social y la reconciliación. Juanes sabe que es fácil hacerlo, primero porque no será él, como "artista", quien acabe con el conflicto armado, así que cuando se quiera subir al trono el caldo seguirá en las mismas; y segundo porque gracias a esa demagogia es que ha llegado hasta donde ahora está: un cantante de talla mundial (al lado de Bono puede ser. Otra farsa más).
El periódico El Tiempo, el más importante de Colombia (y casi el único, para tristeza de todos los colombianos), ha nombrado a Juanes como personaje del año y tienen toda la razón (por lo menos en el nombramiento) porque este tipo de cosas sólo se les da a los que más bulla y algarabía hacen en el año (y digamos que no tanto por sus meritos), en este caso el "artista" sólo tendría dos grandes competidores para el personaje del año en Colombia: el presidente Uirbe e Ingrid Betancourt. Juanes gano por una nariz en esta carrera vergonzosa.
El tiempo se ha llevado el concierto al pasado, ahora a aguantar los videos y comentarios que pasaran y se harán, respectivamente, sobre el concierto. Afortunadamente el tiempo volverá a cobrar su sentencia, mientras tanto apago el televisor, leo cómics y literatura, y escucho música de mi pequeña discoteca personal.
20 de diciembre de 2008
Querido Diario:
Ayer cumplí con una cita más de mi trabajo con los cómics. La inauguración de la exposición, aunque empezó tarde, estuvo acompañada de varios amigos, conocidos y también algunas personas que yo no conozco pero que aprecian la historieta. El vino prometido se convirtió en un coctel azul que, si bien tenía un color extraño (le llaman Porfirio Blue, aunque es como verdosos...), tenía un alcohol que embriagaba extrañamente (bueno, tampoco tomamos mucho de ese coctel, así que no puedo decir mucho sobre sus efectos). Terminada la exposición me fui con varios amigos a tomarme unos tragos en el parque de El Poblado y, finalmente, de vuelta a casa.
Gracias a los que asistieron a la inauguración, a Néstor López y a todos los organizadores de la corporación Ateneo Porfirio Barba Jacob. La exposición seguirá en exhibición hasta el 31 de enero y ahí mismo podrán comprar la nueva edición de Cuadernos Gran Jefe. Y en febrero, del próximo año, espero que me acompañen a una nueva muestra, con obras inéditas, en la galería de la Biblioteca Pública Piloto. Por el momento un brindis por los cómics y que sigamos dibujando y leyendo más historietas.
Chao.
PD1: ah, ya están en Bogotá algunos ejemplares de la nueva edición de Cuadernos Gran Jefe, en la Librería Lerner - Centro (Av. Jiménez No. 4 - 35) y en Spooky House (Cra. 5 No. 21-84), en este último lugar también está toda la colección de la Editorial Robot para quienes quieren adquirir los fanzines anteriores. Gracias a Daniel, de la Revista Larva, por hacerme el favor de llevar los ejemplares a la capital.
PD2: Y la próxima semana también estará esta nueva edición de Cuadernos Gran Jefe en Envigado, en el local Sailors & Mermaids (Calle 33B sur No. 43-52), y este favor se lo debo a Tomás, de Vinagretagarbo.
12 de diciembre de 2008
Te invito a una nueva exposición

En la entrada anterior comenté algo sobre esta nueva exposición, pues bien, como el día se acerca y este fin de semana lo dediqué a terminar de montar las piezas que se expondrán, pues paso a invitarte a esta nueva muestra. Se trata de parte del trabajo que abarca la beca de la alcaldía de Medellín que ya a dado algunos frutos a lo largo de estos cuatro meses: tres ediciones de robot (la cuarta es la de este mes, que saldrá en unos diez días. Y falta el resto de ediciones del año 2009) y la quinta edición de Cuadernos Gran Jefe (a la que se le hizo un lanzamiento el pasado 27 de noviembre. Todavía falta la sexta edición, que saldrá por allá en febrero o marzo del próximo año). Esta es pues la primera de una serie de exposiciones que haré en Medellín (en febrero, por ejemplo, será la segunda exposición con otros cómics, diferentes a los que exhibiré en esta primera exposición), se trata -en esta primera muestra- de 37 piezas en cómic, algunas de las cuales hacen parte de la quinta edición de la revista Cuadernos Gran Jefe y otras piezas inéditas. La exposición será este jueves 11 de diciembre en la galería del Teatro Porfirio Barba Jacob (Calle 47 No. 32-38 Torres de Bomboná), la exposición abre a las 7:30 pm y sería muy rico que fueras a ver historietas y, quizás, de paso compres la nueva edición de la revista (o algunas ediciones anteriores). Creo que, incluso, va a haber vino para quienes visiten la exposición. Así que para quienes gustan de beber gratis esta es una oportunidad de lujo, y doblemente bueno para quienes gustan del vino y de las historietas.
Nos vemos este jueves entonces.
8 de diciembre de 2008
Querido Diario:
La semana pasada fue bastante agitada, estuvo tan llena de cosas que casi finaliza conmigo en el hospital. Pero vamos por partes, porque por partes fue que fui cumpliendo con los compromisos la semana pasada. El lunes 24 de noviembre inicié mi periplo dictando clase en la Universidad para luego ir a dar una charla sobre monstruos en el cine en el Centro Colombo Americano, en el marco del festival de cine de serie B Rojo Profundo, del cineclub Cinema Zombie. En dicha charla traté, creo que con buen tino, de desenmascarar a los verdaderos monstruos (que, obviamente, son los seres humanos a diferencia de esas criaturas sensibles, como Drácula, Frankenstein o la criatura de la laguna negra; atormentadas, como El Hombre Lobo; ingenuamente torpes, como los zombies; o chivos expiatorios de nuestros verdaderas ansias de poder, como los extraterrestres). Una charla corta, creo que de menos de una hora, con un poco pero fiel público que, espero, haya disfrutado de mis comentaros.
El martes de la semana pasada fui, después de dictar clase en la Universidad, por la quinta edición de Cuadernos Gran Jefe al taller de litografía, para encontrarme con una revista que, a pesar de algunos baches, salió bien impresa. Con los ejemplares en mi poder alisté baterías para lo que sería la presentación de este nuevo número en la Biblioteca Pública Piloto, el día jueves. Pero antes, ese mismo martes, y después de ir por las ediciones de la nueva revista, ensayé con mis amigos de la banda Narcos, pues preparábamos un concierto para el sábado.
El miércoles dicté clase en la Universidad y dispuse de los últimos preparativos para la presentación de la revista. El jueves, al final de la tarde, Elkin Restrepo, a quien le agradezco profundamente su buen gesto, y quien les habla hicimos una charla en el auditorio de la Biblioteca Pública Piloto por el ya tan comentado lanzamiento de Cuadernos Gran Jefe. Una charla informal que, supongo, adormeció a muchos pero que para mí fue muy placentera (charlamos por cerca de una hora y media sobre el cómic en general, de la manifestación en sí, obras y autores de mi gusto, y mi trabajo en especifico con la historieta y en la revista mencionada). Una vez más la charla con muy poco público, creo que cerca de treinta personas, sintomático de estas tierras que demuestra, una vez más, su apatía por este bello arte del cómic. Lo bueno es que fueron mis amigos y colegas, además de algunos conocidos, a quienes agradezco su asistencia y que demuestra que uno, en gran parte, hace es estas cosas es para los amigos, para los allegados. Como en la charla estaban casi todos mis amigos y colegas pues nos fuimos a tomar unos tragos, después de la presentación, al parque del barrio Carlos E. Restrepo; las charlas con mis colegas y amigos siempre serán muy nutritivas y reveladoras, más aún cuando el alcohol empieza a hacer sus efectos. Pero lo que sucedió después de la velada de conversación, que giró casi siempre en torno a los cómics, casi termina en un acto digno de la ignominia. Y digo que casi terminó porque, en realidad, sí pasó el desastre pero ahí, afortunadamente, no terminó todo.
Dispuestos a seguir tomándonos unos tragos partimos mi novia, Joni y yo a tomarnos unos tragos más en El Poblado, yo debo admitir que ya estaba bastante ebrio así que no atiné reflejos ni acción cuando un grupo de desadaptados (aunque no todos lo son, como en todo evento) de esos que salen de un clásico de fútbol de liga (en el caso de Medellín, un cotejo entre el Atlético Nacional y el Deportivo Independiente Medellín) nos abordaron para robarnos; mi novia y Joni acertaron a montarse en un taxi mientras yo recibía, por parte de tres individuos a quienes su equipo, el Atlético Nacional, los había defraudado, un terrible golpiza contra mi humanidad, que a duras penas fui capaz de resistir. Realmente me salvó mi robusta constitución, aunque no mi exigua agilidad, o fuerza, cuando de combates cuerpo a cuerpo se trata. El resultado fue que mi brazo izquierdo quedó gravemente golpeado por un tubo de PVC con el que me pegaban (yo sólo atiné a defenderme con el brazo, porque los tres individuos que me golpeaban querían llegar a mi cabeza), además de mi hombro derecho, varios golpes en la cabeza y una pequeña cortada en la mejilla derecha. Fue una arremetida furiosa y todo porque no alcanzaron a robarnos nada. Lo bueno del asunto es que no me pasó nada mayor como para lamentar (si me hubieran pegado con un palo de madera o con un tubo de metal ya estaría, en este momento, quemándome en el infierno), lo malo es que comprobé, por enésima vez, que vivo en Colombia, nada que hacer, este país se desborda en violencia. Muy mal que me hayan pegado esos palazos a mí, ese es mi pago por embriagarme después de haber trabajado tres meses seguidos para editar una revista que, quizás, casi nadie compre (a excepción de mis amigos. Aunque después que contado este trágico incidente pueda ver como, por conmiseración, mis semejantes van en tropel a comprar la nueva edición. Ese es quizás uno de los pocos tropeles que me gustaría experimentar en carne propia).
Bueno, los golpes no fueron tan contundentes y yo, como conté antes, estaba muy ebrio, por eso seguimos bebiendo, después del susto, en el parque de El Poblado. Pero en la mañana del viernes, una vez me desperté, todos los golpes se hicieron sentir, tenía dolores por todas partes y a eso había que sumarle una terrible resaca por los tragos del día anterior. Así, adolorido, moral y físicamente, tuve que levantarme para preparar el último ensayo de la banda Narcos antes de nuestro concierto del sábado. Ese viernes dormí como un bebé que se cae de la cuna, y se golpea la cocorota, para poder levantarme medianamente bien para el concierto de la noche. El sábado fuimos entonces a dar el concierto, que resultó de rechupete, lastima que hubieran ido tan pocas personas (bueno, no fueron tan poquitas, lo que pasa es que esperábamos más. Es que nosotros no hacemos basura, como Juanes y Shakira, por eso no va casi nadie a lo que hacemos...). Antes del concierto me la pasé tomando algunas pastas para el dolor en el brazo izquierdo, que me suministraba Jorge, uno de mis amigos de la banda, pero eso no frenó para nada el buen toque que tuvimos (a ver si vas algún día a escucharnos, o por lo menos a un nuevo lanzamiento de una revista de cómics que, de hecho, no tiene que ser una revista que edite yo sino también alguno de mis coleguillas). Fin del concierto y a beber unos tragos merecidos después de una semana llena de vainas, unos tragos que duraron desde la noche del sábado hasta la mañana del domingo, y luego a dormir porque lo que me falta, para editar la sexta edición de Cuadernos Gran Jefe, es mucho y creo que, a excepción de unos tragos que seguro me tomaré el próximo jueves 11 de diciembre, gracias a la exposición que haré en la galería del teatro Porfirio Barba Jacob, pasaré por ahí unas tres semana sin probar el preciado líquido.
Hasta pronto.
PD1: ah, la nueva edición de Cuadernos Gran Jefe ya está a la venta en la Librería Palinuro (Cra. 42 No. 54-58, en Medellín), y pronto en los demás puntos de venta.
PD2: a ver si vas a la exposición de historietas, el día 11 de diciembre, en un par de días te cuento sobre eso.
3 de diciembre de 2008

