

Febrero de 2009
Mi obsoleto servicio me trae réditos
Ayer fui a una entidad bancaria a retirar un dinero. En esa entidad tengo, a diferencia de la tarjeta de débito, una simple libreta de papel (porque manejo otra cuenta de banco con débito y esas tarjetas tienen un cobro por el uso), así que para retirar dinero tengo que ir hasta una sucursal y diligenciar un recibo de retiro en efectivo. Bueno, toda esta aburridora carreta es para contarles que tuve un pequeño beneficio con mi obsoleto servicio, pues cuando me disponía a hacer una larga fila para hacer el retiro, uno de los señores de la seguridad me preguntó que si el retiro era con libreta, a lo que yo asentí, así que inmediatamente me llevaron a un cajero donde no había fila mientras los que hacían trámites con tarjeta débito tenían que seguir esperando en una larga y tediosa línea. Libreta de cuenta bancaria: 1, tarjeta débito: 1000. Bueno, por lo menos gané una como usuario de libreta de banco.
17 de febrero de 2008
Querido Diario:
He empezado, un vez más, mis viajes por Antioquia. Bueno, en realidad sólo tendré que viajar al oriente del departamento y al nororiente del mismo. Esta semana estuve justamente en la región noroccidental de Antioquia, en una población llamada Caucasia, la región es conocida como el Bajo Cauca pues se encuentra en el cauce de uno de los ríos más importantes de Colombia, el río Cauca. Antaño la región fue lugar de disputas entre grupos subversivos, el Ejército Nacional y el paramilitarismo, ahora realmente no sé quien manda en la región (seguramente la corrupción, como en casi toda Colombia, aunque debo admitir ni ignorancia en este asunto, así que más bien guardo silencio).
Este viaje es para dictar una clase en la sede regional de la Universidad de Antioquia, en unas cohortes de Comunicación y Periodismo. Así que una vez más el viaje en avioneta, al que le había perdido el miedo desde hace más de dos años cuando empecé a viajar en estos aparatos, pero que retornó momentáneamente cuando este pájaro de metal remontó hacia los cielos de Medellín (en realidad sólo tuve algo de susto cuando despegó, creo que ya definitivamente he superado mi miedo a volar). La llegada a Caucasia es con un abrazo de calor, ese es quizás el asunto más molesto de dictar clases en esa región. El calor es difícil de soportar, y el bochorno agudiza la incomodidad, aunque es un poco más suave que el calor y la intensa humedad que se siente en el Urabá antioqueño (en la costa atlántica colombiana) o, incluso, en Puerto Berrio (en el Magdalena Medio antioqueño). En fin, quejándome del calor fui y dicté mi clase, luego me encuevé en una habitación de hotel a disfrutar el ambiente artificial que me proporcionaba un aparato de aire acondicionado. A ver mala televisión toda la noche (televisión por cable de puros canales latinoamericanos: novelas, viejas series de televisión, programas aburridos de chismes y farándula, programas de deportes o, mejor, de fútbol, extraños y vergonzantes formatos juveniles. La televisión latinoamericana, incluida obviamente la colombiana, está en la olla) y finalmente dormir para viajar a Medellín en la mañana del miércoles.
Siempre será impagable la vista desde el avión de la ciudad de Medellín: increíble como la urbe se ha comido el valle entero y ahora amenaza con tragarse por completo las montañas que fungen como paredes de aquel valle de Aburrá.
Chao, nos volveremos a encontrar.
PD: A propósito de todo lo malo que vi en la televisión por cable, en el hotel de Caucasia, hubo una excepción: Telesur. Yo no soy ni de izquierdas, ni de derechas, esto hay que aclararlo primero porque no faltará el mongólico que me sitúe en una de estas dos caras cuando diga que Telesur es un canal muy respetable (sobre todo comparado con la basura televisiva de la mayoría de canales latinoamericanos), por lo menos es una mirada diferente de los acontecimientos, una cara más, pero refrescante porque ya estoy muy cansado del unanimismo de CNN o, peor aún, de los canales colombianos: RCN, CARACOL, City TV, Teleantioquia y algunos más. Telesur no sólo es un canal de noticias, también programan documentales, además de política hablan de cultura (de cultura, no de farándula y de estrellas mediáticas). Lo poco que vi de Telesur me dejó un buen sabor, qué bueno sería que mi cable operador (los ineficientes, timoratos y obtusos del cable de la empresa UNE) nos incluyeran Telesur en la parrilla de canales, y de paso cambiaran por algo mejor esos canales católicos y cristianos: Enlace TBN, EWTN, Televida; los canales de novelas: RCN, CARACOL, el canal de Las Estrellas; los canales de programas de sofá: Telemedellín, City TV, Teleantioquia, Cosmovisión, Canal U y el mismísimo canal UNE; y los canales para lisiados mentales (además de los anteriormente nombrados): MTV, HTV, MUCH TV.
13 de febrero de 2009
La exposición ahora en la Biblioteca Piloto
Estas son algunas imágenes de la exposición Cuadernos Gran Jefe, Días de Escuela, en la galería del Teatro Porfirio Barba Jacob.


Siempre será mejor ver las cosas en vivo y en directo (sobre todo si el soporte que se muestra aquí es de una fotos con un formato muy pequeño), así que te invito, ya que no fuiste a la exposición en le Teatro Porfirio Barba Jacob, a que vayas a la galería de la Biblioteca Pública Piloto para que puedas apreciar esta exposición de historietas.
Además, la exposición que se encuentra ahora en la Biblioteca Pública Piloto cuenta con seis piezas nuevas e inéditas (así que, imagino, valdrá la pena también repetir la exposición por ver estos nuevos trabajos).


No sobra decir que la gran mayoría de estas obras en exposición están recopiladas en la revista de Cuadernos Gran Jefe, en su edición número seis titulada Días de Escuela.


Espero pues que visites, si aún no lo haz hecho, esta exposición en el nuevo sitio de exhibición. Esta exposición se abrió desde el pasado 5 de febrero y estará en la galería de la Biblioteca Pública Piloto hasta el 21 de febrero.
Ah, a quien le interese comprar una de estas obras expuestas pues le informo que sí están a la venta. Se puede comunicar conmigo, me dice que obra le gusta y yo le cuento que precio tiene.
Hasta pronto.
9 de febrero de 2009
Querido Diario:
En estos últimos meses en que he tenido que estar dibujando un poco más seguido (para fortuna mía, pues es lo que más me gusta hacer), me han pasado una serie de cosas con respecto a este mismo asunto de dibujar. Digamos que algunas tienen más relevancia que otras, como el hecho de que haya mejorado un poco los fondos (los edificios, las plantas, los árboles, las gentes que van por ahí, por la calle, incluso incorporando, poco a poco uno que otro automóvil); también el asunto de que esté trabajando con un poco más de disciplina y voluntad, cosa que hacía antes con más desparpajo (aunque, a veces, me gustaría volver a la despreocupación... Bueno, quién entiende al ser humano).
Justamente, al lado de esas importantes preocupaciones frente a mi propio trabajo con el dibujo de cómics ha surgido un problema que para muchos, y con razón, va a parecer insignificante (y seguro que a todos les voy a parecer un tipo melindroso y hasta medio neurótico): se trata de entintar mis páginas de cómic, previamente boceteadas a lápiz.
Hasta hace unos meses me gustaba mucho entintar, es más, me encantaba el hecho de poder terminar los bocetos en lápiz para poderlos repasar con el rápidografo (ya he mostrado y explicado con suficiencia que yo trabajo a mano, a lápiz y a tinta, y el proceso final de mis cómic es en digital: escalas de grises o colores según el caso). El punto es que la entintada ya no me gusta mucho por un hecho, que quizás, va a parecer insignificante: descontinuaron en Medellín la tinta para rápidografo Rotring.
Tengo que reconocer que yo son un tipo poco dado a la aventura, salgo poco de casa salvo para beber los fines de semana, para dar clases en la universidad y para hacer un par de vueltas, de otros trabajos, en el centro de la ciudad; no me gusta salir de la ciudad, casi no me gusta pasear, no practico ningún deporte extremo, si tengo que escoger entre montarme en un montaña rusa y quedarme en tierra elijo que mis pies estén firmes sobre el suelo, todavía me da un poco de susto viajar en avión (aunque lo he superado mucho), no me gustan los cambios de rutinas, no me gusta mucho experimentar nuevas técnicas con mi dibujo, hago casi lo mismo, los mismos días a la misma hora y el asunto me gusta así (mis aventuras están en mis cómics…), por eso cuando me tocó cambiar mi tinta Rotring de toda la vida (la que he utilizado desde hace quince años para hacer mis cómics) por un mediocre tinta marca Staedtler mi mundo se ha ido, poco a poco, cayendo a pedazos.
Para que no me taches aún de remilgoso voy a explicarte la diferencia entre una tinta Rotring y una mediocre Staedtler. Aunque ambas tintas son fabricadas en Alemania la Rotring tiene la consistencia exacta para mi trabajo, ni muy aguada para manchar los bocetos cuando paso el rápidografo sobre el papel Opalina (el mismo papel también desde hace quince años) y tampoco tan espesa como para que mi rápidografo no se deslice suavemente sobre el papel o para que se bloquee o a los pocos minutos de haberlo recargado. La tinta Rotring para mí es sencillamente perfecta (como la Operación Jaque lo es para el Ejército Nacional o para Ingrid Betancourt; como la Seguridad Democrática lo es para Uribitas. Sin mi Rotring no soy el mismo; como Uribitas no sería él sin su Seguridad Democrática...). Pero las hecatombes llegan y la mía llegó hace un par de meses cuando se me acabó mi reserva de tinta Rotring (como dos años dura un tarrito de esta sustancia maravillosa). Rápidamente acudí a varias papelerías de la ciudad de Medellín buscando un tarrito de Rotring y todos me ofrecían ese pinche tarro de Staedtler, hasta llegaron a regañarme en una papelería, un señor que me atendió, que disque por qué yo preguntaba por cosas que se habían descontinuado hace años (¡La pluma y la tinta no se podrán descontinuar nunca, por más computadores y artefactos del demonio que puedan fabricar! Es como si descontinuaran la rueda, habrase visto tal ceguera, gracias al momentáneo deslumbramiento mediático y digital de estos que atienden en las papelerías de Medellín. Ya les llegará nuevamente su Edad Media y ahí sí a pedir otra vez la pluma y la tinta). El caso es que no encontré por ningún lado la bendita tinta Rotring y tuve que conformarme con un tarro de Staedtler, el mismo que puteo cada vez que voy a entintar, porque la tinta es demasiado aguada y deja peludas las líneas que intento hacer con el rápidografo.
Te explico: con la tinta Rotring, por su calidad en su densidad, el rápidografo dibuja las líneas, sobre el papel Opalina, de manera pulcra. La Opalina es un papel semiesmaltado, esto permite que al dibujar con la tinta Rotring esta no se esparza una vez hecha una línea. El papel Opalina y la tinta Rotring son el matrimonio perfecto, y eso lo descubrí yo, por eso no salgo de esa técnica (si tienes un casamiento perfecto, algo prácticamente imposible en estos tiempos de tanto divorcio, para qué vas a querer anular el contrato). Pero la tinta Staedtler, como es más aguada, no hace líneas diáfanas sino que algo de la tinta que aún no se seca va a parar a las microscópicas grietas del papel Opalina y, por lo tanto, deja mis dibujos un poco "sucios", las líneas no quedan tan claras, y eso no me gusta, no me agrada.... Por esa razón entintar un boceto en lápiz a perdido, para mí, mucho de disfrute, ya lo hago casi porque lo tengo que hacer, ya ni siquiera pongo música para entintar, para divertirme mientras voy repasando las líneas que construí con el lápiz... Lo he intentado todo para convertir esta mediocre Staedtler en una maravillosa Rotring: he calendado el tarro en el microondas, para espesar un poco la tinta, he trabajado sin tapar el almacén de tinta del rápidofrafo, he dejado el tarro al sol y nada funciona, es imposible revertir esta mala tecnología germana para reconvertirla en una producto colombo-alemán de alta calidad.
Pero no todo está perdido. Medellín es un puto pueblo (siempre lo será, hasta para conseguir un tinta de marca Rotring) que siempre coartará mis deseos de expresarme libremente, y aunque quizás nunca pueda salir de aquí definitivamente sé que existen otros lugares en donde es posible que pueda encontrar mi tan anhelada marca de tinta. Es probable que en Bogotá aún no hayan descontinuado la tinta Rotring. Preguntaré a mis amigos de la capital si es posible que me envíen unos tres o cuatro tarros desde allá (que algún amigo de la capital lea esto y se apiade de mí y me mande una buena dotación de tinta Rotring. Yo, obviamente, se la pago). Y todavía tengo otro as en la manga: Buenos Aires, Argentina. Creo que voy para allá en unos meses así que, espero, que no sea imposible encontrar un maldito tarro de tinta Rotring allá (vamos a ver que tan ciudad es la capital de Argentina...).
Si todo sale mal tengo un recurso más: pedirle a mi mamá que me mande, desde Nueva York, un tarro de tinta de la bendita marca Rotring. Aunque mamá no sabe nada sobre estos asuntos y lo más probable es que termine embolatándose por el sólo hecho de buscar una cosa que le pide uno de sus hijos y que ella no tiene ni puta idea de qué es.
Quizás me quede una última oportunidad, un recurso desesperado pero que bien vale la pena para devolverle la felicidad a mis momentos de entinte: escribir a la fabrica alemana de tintas Rotring y hacer un pedido de unos treinta o cuarenta tarros, para que los mismos duren más de lo que yo podré vivir, para que nunca más un tarro de tinta Rotring esté descontinuado en este pueblo absurdo llamado Medellín.
Chao, me voy a entintar con algo de nostalgia.
PD: si quieres ver como quedan mis cómics con la maldita tinta Staedtler te invito a que veas este nuevo cómic de la semana (aunque para muchos no se note la diferencia...).
4 de febrero de 2009

