

Marzo de 2009
Colombia puta
Es increíble lo que ha sucedido en Colombia los últimos treinta años -aunque, si somos menos específicos, el asunto tiene casi 200 años de historia republicana-, y aún es más increíble que la gran mayoría de la sociedad se encuentre en un letargo absurdo, en un sueño de zombies, sin darnos cuenta el horror que nos salpicado en la cara:
En los comienzos de marzo de 1997, estaba yo en Turbo coordinando la instalación de un equipo de religiosas, religiosos y laicos de la Comisión de Justicia y Paz que iba a acompañar a los miles de desplazados de la región, y justo en esos días llegaron al Coliseo de Turbo otros varios millares de desplazados que venían de más de 30 comunidades de las riberas del Cacarica y de otros afluentes del Atrato. Escuchar a aquella gente durante varios días nos reveló los horrores de la “Operación Génesis” comandada por el General Rito Alejo Del Río, entonces comandante de la XVII Brigada, pero en la cual participaron también centenares de paramilitares. Es difícil imaginarse que tanta crueldad sea posible y que una violación tan masiva de tantos derechos humanos pueda concebirse en un Estado que dice fundarse en la Constitución del 91.
No solo nos impresionaron los bombardeos de poblaciones civiles; la unidad de acción audaz y confesa de militares y paramilitares; el desprecio y negación de la vida humana y de todo derecho humano individual y colectivo; el arrasamiento de caseríos, muchos de los cuales fueron incinerados; la inhumanidad tan aterradora del desplazamiento masivo, mucho más cruel cuando se trata de millares de personas que tienen que sumar al terror la carencia total de medios para satisfacer sus necesidades básicas. Hubo actos de crueldad tan horrendos que la humanidad solo los ha registrado bajo las más inhumanas tiranías, como la decapitación y descuartizamiento de Marino López Mena el 27 de febrero del 97 en el caserío de Bijao-Cacarica, llegando los militares y paramilitares hasta a jugar fútbol con su cabeza. El General Del Río, quien dirigía toda esta operación militar – paramilitar denominada “Génesis”, contaba con el aval entusiasta y el apoyo personal y amistoso del entonces Gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, luego Presidente de la República, lo que me explica las garantías que el Estado le ha brindado de impunidad total.
El primer intento de defensa jurídica de toda esta población desplazada fueron 57 Acciones de Tutela, interpuestas por jefes de hogar. La justificación de ese recurso no podía ser más evidente. Sin embargo los diversos juzgados y tribunales que debieron fallar en primera o segunda instancia, echaron mano de todos los caminos imaginables de evasión para exonerar al Presidente y a los altos mandos militares de sus responsabilidades: unos se ampararon en falta de competencia territorial; otros alegaron que la tutela no estaba prevista para proteger derechos colectivos, como ignorando que todos la habían recurrido para proteger sus derechos individuales como cabezas de hogar; otros negaban los hechos sin esfuerzo alguno por verificarlos, y finalmente, el Tribunal Superior de Antioquia, que acumuló fallos de segunda instancia, decidió ignorar todas las declaraciones que otros jueces habían recibido sobre el desarrollo de los hechos y apoyarse en la lectura que hacían los magistrados desde sus escritorios de funcionarios alejados enormemente de la realidad real y desde sus opciones ideológicas y políticas afectas al poder de turno, alegando que el desplazamiento se produce, en Colombia, por “luchas fratricidas entre grupos al margen de la ley”. Yo quedé estupefacto al comprobar que todo un tribunal fundaba su fallo, no en hechos absolutamente comprobables, sino en sus opiniones personales sobre el conflicto, que no resistían ninguna confrontación con la realidad. Me volví a preguntar qué papel juega en la “justicia” colombiana la verdad vivida y sufrida por las víctimas. Tenía que aceptar el veredicto de los fallos que respondía de manera contundente: esa verdad es la gran ausente.
Este es tan sólo un aparte de la carta que el presbítero jesuita Javier Giraldo Moreno le envía a una funcionaria de la policía judicial, en Bogotá (la carta está fechada el día 19 de marzo de 2009), en ella explica las razones de por qué no cree en la justicia colombiana y por qué pide que se le exime de declarar una vez más en otro asunto escabroso relacionado con el conflicto armando. Él mismo lo explica con estas palabras al final de la carta:
Por todas estas consideraciones, ruego respetuosamente se me exima de toda declaración, versión, indagatoria o entrevista, dada mi imposibilidad moral de hacerlo. La Constitución Nacional establece que “nadie será obligado a actuar contra su conciencia” (Art. 18).
El padre Javier Giraldo Moreno ha trabajado en la comunidad de San José de Apartadó (en la región de Urabá, en el departamento de Antioquia) desde finales de la década de los setenta, es uno de los más aguerridos defensores de los derechos humanos en Colombia y en respuesta a esto ha recibido innumerables demandas por difamación, además de amenazas de muerte (incluso ha tenido que abandonar el país en diferentes oportunidades). El texto completo de la carta del presbítero se encuentra aquí, para quien quiera saber un poco más en que país de mierda vive (este es el documento de word).
Colombia es pasión.
31 marzo de 2009
Querido Diario:
Es innegable que Internet le ha dado un nuevo respiro al cómic. Gracias a la red virtual muchas personas, que no encontraban posibilidades de difundir su trabajo en ilustración e historieta, ahora construyen páginas web, blogs o montan sus dibujos en servidores gratuitos para el disfrute de miles de posibles lectores. En Colombia, de unos años para acá ha sido muy significativa la gran cantidad de ilustradores que se han podido dar a conocer gracias a la Internet, más aun -y dentro de los intereses que más gobiernan esta página web- algunos de los pocos dibujantes de historietas, que laborábamos en silencio hace diez, ocho o cuatro años, hemos visto con asombro y complacencia como algunos nuevos creadores se le miden a tratar de contar historias por medio de secuencias de dibujos. En definitiva el resultado ha sido bueno. Aunque aún soy creyente de que no todo se puede dejar en la red virtual, de que es necesario crear piezas impresas, al mismo tiempo que incentivar a un público a que no sólo lea nuestros trabajos porque están gratis en Internet, sino que compre piezas impresas en cómic, de todas maneras aplaudo con entusiasmo las nuevas iniciativas dentro de la virtualidad.
Ese es el caso de Comic Road, una revista virtual (o ezine) que cuenta, en esta primera edición, con la participación de varios dibujantes de cómics e ilustradores colombianos (en este caso creo que la mayoría son de la ciudad de Bogotá). Bueno, la misma revista virtual es creada en Bogotá. Comic Road es un ejemplo más de lo bueno que puede ser la virtualidad para difundir piezas en cómic. Además la revista está muy cuidada en su montaje, los cómics son de lujo (como las obras de John Joven, Andrezzinho y Felipe Sobreiro, tan sólo por mencionar algunos de los que están en el ezine). Mejor dicho, toda la revista está de lujo, nada sobra. Así que espero que esta sea una invitación a leer más y mejores historietas (Ah, y si por casualidad una pieza impresa, en cómic, se te pasa por el camino sería bueno que lo pensaras dos veces a ver si la compras. No solo de aire vive el dibujante de cómics).
Chao.
PD: Black Metal contraataca, él tiene la costumbre de hacerlo cada cierto tiempo y de manera breve, por eso presento esta colaboración suya que salió en la edición 66 de la gacetilla de cómics Robot y que ahora me regala a mí para que disfruten mientras yo mismo dibujo algo para el cómic de la próxima semana (he tenido mucho trabajo, afortunadamente dibujando la edición número seis de Cuadernos Gran Jefe: Medellín en Cuatro Actos). Aquí está pues, de nuevo, Estorboide.
18 de marzo de 2009
Querido Diario:
Viniendo desde el municipio de Caucasia, a medio vuelo en avión, el piloto anunció que el aeropuerto de Medellín -Enrique Olaya Herrera- se encontraba cerrado y que era necesario disminuir la velocidad de los motores para ahorrar gasolina mientras abrían nuevamente el aeropuerto. Un viaje que toma cuarenta y cinco minutos terminó demorándose una hora y cuarenta minutos. El pequeño DHC6-300, de fabricación canadiense, se sostuvo casi una hora, sobre las nubes, dando círculos mientras veíamos pasar el sol de derecha a izquierda, varias decenas de veces. Una hora esperando a que abrieran el aeropuerto, mientras los pasajeros se aburrían dentro del pájaro de metal y yo leía, más de lo previsto, un relato ruso del siglo XX. Al final, por fin abrieron el aeropuerto, no se acabó la gasolina, y la pequeña aeronave descendió a tierra.
Ese ha sido el tiempo más largo en que estado dando vueltas sobre las nubes.
12 de marzo de 2009
Querido Diario:
"Prefiero ser flaco que famoso", decía Jack Kerouac, refiriéndose a que es mejor guardar su físico que robarle atención a la gente que está a su alrededor. Yo no soy famoso y desde hace unos meses pues he estado engordando, así que en mi caso tengo todo que perder.
Seguramente Kerouac pudo engordar en algún momento -no me consta, pero pudo ser así-, y si eso sucedió le quedaba el consuelo de ser reconocido. Quizás más que ser famoso, Kerouac se refería a tener éxito, es decir, la posibilidad de hacer lo que quería y aún así ganar un buen dinero. Eso mismo no poseía David Bowie en la década de los setenta cuando era muy flaco (y hasta glaumuroso) y muy famoso, pero no tenía un duro en el bolsillo porque todo se lo llevaban sus agentes, así que el camaleón pasó gran parte de los setenta embotado en cocaína, que lo mantenía esquelético, mientras se hacía más famoso y sus managers se guardaban el éxito del cantante en sus propias carteras.
Yo que no tengo ni fama ni éxito (obviamente prefiero mil veces lo segundo que lo primero), desde hace unos meses para acá he estado perdiendo lo poco de figura que me quedaba. Bueno, tampoco voy a ser tan exagerado, he ganado unos kilos de más que, de todas maneras, estaré muy pendiente de perder en las semanas venideras.
Mi único ejercicio consiste en caminar. Camino de la universidad al centro, en el centro camino para hacer algunas diligencias, nunca tomo un taxi (si no es de noche y me he tomado unos tragos). Ahora, con la subida de unos kilos he incrementado un poco mis caminatas, para tratar de llegar nuevamente a mi peso ideal. Todo empezó por allá en el mes de octubre del año pasado, cuando me concentré en la beca que me gané con la Alcaldía. Empecé a dibujar día y noche de manera más constante, en un tren que aún continúo. El constante trabajo en una misma posición (sentado) ha hecho que gane unos kilos de más. Si a eso se le suma también el hecho de estar comiendo más, gracias a que gané un dinero con la beca que me permitió vivir más holgadamente, y también al hecho de consumir menos alcohol, por el compromiso con el cumplimiento del proyecto presentado en la beca entonces el resultado, unos cinco o seis meses después, tiene que verse en mi robustez.
Ahora, como para acabar de ajustar estoy tratando de disminuir el consumo de cigarrillo. No es que la falta de consumo de tabaco te haga engordar, sino que la ansiedad por la abstinencia puede hacerte comer más (cuando se fuma se piensa menos en comer, de hecho se puede comer menos, de ahí viene el mito de que dejar de fumar te hace engordar). Como cuando lo hice con las drogas, dejar de fumar, o disminuir su consumo, no tiene para mí más que un objetivo: trabajar mejor. Cuando dejé de consumir cocaína lo hice porque la ingesta de la sustancia ya estaba interfiriendo con los compromisos que yo mismo me impuse en mi oficio: dibujar, a eso es a lo que me dedico la mayoría del tiempo. Lo mismo parece suceder con el cigarrillo, pues ahora cuando me fumo un pitillo me mareo mucho, y necesito unos minutos para recomponerme. Bueno, quizás no deje el cigarrillo aún pero, como he dicho, sí disminuya su consumo, por lo menos ya no estoy fumando en casa, ni en ninguna otra parte, sólo estoy fumando cuando me tomo unos tragos, y eso para mí ya es mucho esfuerzo.
Yo también prefiero ser flaco que famoso, como dice Kerouac. Pero si se trata de éxito y si me pusieran a escoger, me importaría muy poco mi apariencia física si mis cómics me proporcionaran un dinero para vivir cómodamente. Creo que, como siempre, sólo hay un único camino: seguir dibujando, si consigo algo extra será excelente, si no consigo dinero por lo menos estaré haciendo lo que más me gusta hacer y eso, en parte, es tener también éxito.
Hasta pronto.
PD: Ah, esta semana la exposición de Cuadernos Gran Jefe, Días de escuela, se ha trasladado al Parque Biblioteca de San Javier. La exposición en esta nueva galería quedó muy bonita y desde ayer sábado está abierta al público, así que si vos sos de los que aún no has ido a ver este trabajo que me hizo engordar un poco pues esta es la oportunidad para hacerlo, y de paso vas a alguno de los puntos de venta en la ciudad y te comprás el fanzine de Días de escuela.
8 de marzo de 2009
Un país bloqueado
1. Los hitos de la política colombiana han sido coletazos del conflicto armado. Sin el conflicto no habrían sido el siglo XIX, ni el Frente Nacional, ni la Constituyente, ni habrían sido muchos presidentes a lo largo de la historia. Y por supuesto la doble (o triple) elección de Álvaro Uribe se debe a la existencia de un conflicto armado: si no existieran las Farc Uribe no sería presidente, sin el Ejército no existirían sus éxitos y sin paramilitarismo no existirían sus críticos.
Este gobierno es hijo del conflicto armado y sin embargo existe para negar la existencia de un “conflicto armado“. Es decir, para negar las raíces políticas del conflicto y para descartar -por tanto- su solución política. De manera que sólo queda la vía de la guerra que viene a ser la negación de la política.
Esta cita es extractada del artículo Un país bloqueado, de Hernando Gómez Buendía, un excelente texto que puedes leer completo aquí.
1 de marzo de 2009

