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Noviembre de 2006

Descubriendo el agua tibia

Ayer en la noche me senté a ver un noticiero de TV y siguen con esa maricada del infiltramiento de los paramilitares en la política colombiana. No pues, qué descubrimiento. Que la política colombiana está relacionada con el narcotráfico, la guerrilla y los paramilitares. No pues, qué noticia tan reveladora, descubriendo el agua tibia pues (les cuento unos descubrimientos míos, que hice en estos días, pero pasitico para que nadie se de cuenta: el sol calienta, el agua moja, los perros ladran, Carlitos empieza con c). Qué montón de mongolicos, nos ponen los dedos en la boca todo el tiempo. Los políticos son unos ladrones, estafadores, unos hijueputas. Los paramilitares, la guerrilla y los narcos hijueputas también son, entonces por qué, si los cuatro son hijueputas cuál es el bendito descubrimiento. "La política está muy perratiada en este país", palabras del enano vicepresidente Pachito Santos, no pues qué descubrimiento eminencia, ilustrísimo doctor de la República (también enana). Y ahora yo pregunto: ¿Quién perratió la política Pachito? Vos, aquel, ese otro y ellos, todos políticos colombianos, de hoy, de ayer y de siempre (políticos, políticos, políticos, que ya dije que son lo mismo que decir hijos de puta).

Bye, bye.

Glosario. Perratiada: cagada, destruida, convertida en mierda, dañada, pordebajeada, a la altura del betún. Polítco colombiano: hijueputa, no en el sentido literal de ser hijo de una señora que es, o fue, puta, sino en el mismo sentido de lo que es un paramilitar, guerrillero o narcotraficante.

Cantando: qué rabiosos estoy, qué rabioso estoy, soy un perro rabioso y quizás tambien hasta un perdedor soy, tra la la, tra la la (y así sigue la canción hasta que se me quite el enojo).

30 de noviembre de 2006

Querido Diario:

Por estos días estoy cargado de cómics: ya llegó el inmenso paquete de mis amigos del Perú (gracias a Kalu por recibirlo y gracias a Virginia por traerlo), fanzines por montón empezando por la edición número nueve de Carboncito (por cortesía de mis patas Amadeo y Renso), un bonito libro de historietas de Caraxo Man titulado ...Por un caraxo! (qué buena edición Markus y gracias por el regalo), varias ediciones de la gacetilla de cómics Crash Boom Zap, otra revista más de historietas titulada Ch´illico (gracias a César Aguilar) y otra maravilla más llamada Pánico (qué chimba de portada) y dos ediciones de la revista Peripheria en donde Carlo Brescia, su director, publicó unos cómics mios y un pequeño articulo acerca de lo que es para mí hacer cómics. Hasta música me mandaron: Sayonara y Noexistimos. Ah, y de una vez también gracias a Renato por enviarme, de Lima también, discos de Serpentina Satélite y una muy variada muestra de rock peruano. Mierda, qué puedo decir, creo que las palabras sobran pero intento algo conocido: gracias, gracias. Al parecer el movimiento fanzinero, de cómics y musical está bastante vivo en Lima y gran parte del Perú.

Como si fuera poco Jose Andrés (una vez más gracias) acaba de entregarme una nueva compra de amazon: Quimby the Mouse, de Chris Ware, The Best American Comics, antología compilada por Harvey Pekar, y Making Comics, de Scott McCloud. Apenas empiezo a leerlos porque es demasiado material. Los de Ware, Pekar y McCloud tardarán algo en ser leídos, así que cuando esto suceda hablaré un poco acerca de cada uno. Ah, para esto es que sirve la plata y los amigos, muñeco: para comprar y compartir libros y fanzines de cómics.

Chao, me voy a dibujar cómics.

PD1: qué pasa con Sabim que aún no me llegan Skin Deep, de Charles Burns, y Rubia de verano, de Adrian Tomine. Rapidito pues que mi biblioteca y mi corazón ya tienen un espacio reservado para esos títulos.

PD2: hay un nuevo cómic de la semana.

29 de noviembre de 2006

¡A la mierda!

Pues te vas a tener que aguantar porque esto no es un puto flickr y tampoco un blog, así que si lo que querías era opinar mierda, pues a la mierda te vas.

28 de noviembre de 2006

¿Se necesita un nuevo viejo periodismo?

Así se titula, en la más reciente edición de la revista El Malpensante (no. 74), un buen dossier sobre periodismo. De ahí un párrafo:

¿Todo es parte de un engranaje? Nos cuesta pensarlo, pero la desaparición de la HJCK [emisora cultural], la retirada de los programas periodísticos y culturales de la televisión, denunciada hace poco, y la frivolización de muchos noticieros y programas radiales podrían ir en esta vía. Es universal: los medios tienden a la simplificación de los contenidos desde el momento en que, intencionalmente o no, confundieron la noción de cultura con la de espectáculo.

Nicolás Morales Thomas. La generación del diario único.

24 de noviembre de 2006

Una cultura del fanzine

Comienzo a experimentar nuevas etapas dentro de mi trabajo en cómic que, espero, no sea momentáneas pues se trata de iniciar un proceso de profesionalismo. Digamos que aquí es risible el hecho de que un tipo como yo se convierta en un profesional del oficio de dibujar historietas, pero digamos que el hecho de dibujar casi a diario, de tener una o dos publicaciones con la puertas siempre abiertas para mis cómics y mi deseo de iniciar una serie de historietas de largo aliento para intentar una publicación como novela gráfica, es lo que podría llamarse profesionalismo. ¿Dinero? No hay, siempre será mal pago esto, y mientras veo que mis amigos y conocidos profesionales empiezan a comprar autos, a soñar con viajes y en ver que billete tienen para conseguir un apartamento yo sigo haciendo "maricadas" que no dan plata (bueno, de todas formas a mí no me trasnocha el hecho de no poder conseguir una carreta o la vaina de permanecer anclado en mi casa de Medellín, aunque debo admitir que, en ocasiones, la influencia del grupo es fuerte), sin ningún reconocimiento como profesional (para los demás creo que siempre seré un amateur), y pienso en que quizás sea mejor irme de Colombia, vivir en Nueva York junto con mi señora madre, lavar platos de día y dibujar de noche, para luego conseguir una editorial norteamericana que de seguro sí me publicará algo de mi material.

Dos perspectivas: una, digamos, positiva por el hecho de empezar a pensar como profesional del oficio y la otra, de un corte más pesimista, de como precisamente el irme haciendo más profesional lo que hace es que vaya viendo cada vez menos oportunidades, bien pagas, para poder dibujar. Esas dos visiones, aparentemente contradictorias pero inmensamente dependientes la una de la otra, me han llevado últimamente a una profunda incertidumbre acerca de mi trabajo y el futuro del mismo. De todas formas, y a pesar de esas dudas, tengo dos piedras seguras sobre las cuales aún me puedo sostener: el seguir dibujando, porque el trabajo es el único que habla por mí y seguir editando cómics, porque es de las cosas que más me han servido para mostrar mi trabajo. Sobre esa segunda seguridad puedo decir que seguiré editando fanzines hasta mi muerte, el seguir autopublicandome no depende de que me haga profesional o no, de que gane más o menos dinero con esto, la edición de fanzines tienen, para mí, una concepción mucho más profunda que va desde el deseo de crear de manera absolutamente independiente y del afán por mantener una cultura de resistencia.

Colombia es larga y ancha, pero no más. Ya he expresado varias veces aquí la miopía del público en general por una cultura del fanzine, he alentado desde este pequeño espacio de poder la necesidad de crear una cultura de la autopublicación, que no está únicamente circunscrita a la edición de historietas. Tengo un largo recorrido en la autopublicación que representa un ejemplo para todos de que el fanzine, más que un objeto curioso o, mucho menos, que provoca vergüenza porque "es tan malo que se tiene que autopublicar", es el caldo de cultivo que dinamiza la, digamos, cultura mayor, la cultura oficial. El fanzine, sea de literatura, poesía, teatro, cómics, música, deportes, etc. tiene una característica única que ningún otro medio impreso posee y es que puede ser totalmente independiente, sin pautas que exijan unos contenidos (aunque también es factible y mucho más llevadero un fanzine con pautas publicitarias), sin afiliación a instituciones que influyan en cómo o qué se quiere decir (aunque, digamos también, que con un cierto acuerdo el fanzine es posible de la mano de una institución), sin amarres más que los que imponen sus propios creadores la autopublicación es la pieza impresa más auténtica y por ende, si se hace con esa autenticidad, más arrolladora, más diciente, más fresca. El fanzine es cultura de resistencia porque la autopublicación se hace, en la mayoría de las ocasiones, para abrir un nicho, una alternativa más allá de tendencias y estilos impuestos por los medios de comunicación masivos, es ir contra la corriente de lo que impone la televisión, la radio y la prensa oficial.

Una de las equivocadas visiones que tiene la gente del común (o podríamos decir mejor el populacho, porque sólo de él salen cosas tan disparatadas como estas) es que el fanzine por ser marginal, es decir, al margen de la cultura oficial, es pobre en formatos y contenidos, pero craso error comete quien juzga una pieza de autopublicación porque el sólo hecho de verla impresa ya conlleva una serie de obstáculos que el autor ha tenido que sortear para que se edite. Publicar un buen fanzine, contrario a lo que piensan muchos, no es fácil. En principio es la creación que no tiene salida en otras publicaciones mayores la que da el impulso, la imposibilidad de publicar un ensayo, una reseña, una crónica, una historieta, una ilustración, en revistas de gran tiraje y circulación (¿Cuántas buenas revistas de ese tipo hay Colombia? Una razón más para publicar fanzines), habrá que pensar luego en formatos y materiales (tamaño del fanzine, tipo de papel), luego habrá que encaminarse por el diseño y la diagramación, cortar y pegar de manera manual, como antaño, o ayudarse con la tecnología digital que disminuye el tiempo de trabajo y, muchas veces, mejora el resultado final, el otro asunto será buscarle un impresor (fotocopia, litografía electroestática, planchas de metal, off set si se trata de color) y pagar el monto de la impresión dependiendo del tiraje, luego habrá que buscarle distribución, si el fanzine se ofrece gratis no tiene ningún problema, otro gallo canta cuando la autopublicación tiene un costo de venta (esa es quizás la etapa más complicada de la elaboración de todo el fanzine, la distribución. Sobre ese punto ya me he referido muchas veces en este mismo diario). Hacer un fanzine con una cuidada estética y con contenidos de calidad sólo es posible con la práctica, el aprender a base de errores. Hace más de tres años inicié con un grupo de amigos, un proyecto llamado ROBOT en donde una gacetilla de cómics (un hoja impresa por ambos lados) iba a impulsar la creación de una serie de fanzines reunidos en un editorial del mismo nombre, lastimosamente la intención se quedó en eso, o por lo menos para gran parte del grupo de amigos pues yo aún sigo editando de manera regular. Algunos de esos amigos editaron unos pocos fanzines y yo me he dedicado a la autoedición hasta el día de hoy (con todo el tiempo que se necesita para pensar, crear y editar un fanzine...). La premisa era publicar a bajo costo pero con una estética más allá de lo que en Colombia se había visto, con algunas excepciones. Había que dejar la edición en fotocopias y en impresoras de burbuja (yo pasé por ahí, hice impresiones de fanzines en fotocopias y luego con la ayuda de una impresora de inyección. Esos fanzines hicieron parte de mi crecimiento como editor de publicaciones de pequeño formato, son cerca de una decena de publicaciones), había que cuidar más la impresión, buscar un papel de mayor gramaje y presentar el fanzine de una forma agradable al público (jamás populacho, el vulgo no compra fanzines y nunca los comprará. Ellos compran carretas, celulares, camisas, apartamentos, pero nunca buenos libros y los pocos fanzines que existen en este país de mentiritas).

Los primeros fanzines de la Editorial ROBOT cumplieron su objetivo, hacían la diferencia en cuanto a una mejor estética y contenido pero ahora, como todo tiene que crecer, es necesario darle un nuevo rumbo a la publicación y empezar a pensar en aumentar las tintas (un bítono, en principio), la calidad del papel y el gramaje de las tapas, además de un contenido en cómics de mayor nivel acompañado de un dibujo cada vez mejor.

Hay una cosa que siempre se pasa por alto cuando se va a editar un fanzine, hay algo que se quiere contar y eso hay que contarlo bien. ¿Cómo contar buenas historias? No lo sé, porque tampoco sé si yo las cuento bien. Tal vez la única forma efectiva que conozco para elevar el nivel de las historias, de contarlas cada vez mejor es precisamente leyendo, escuchando buena música, yendo a cine, nutrirse de contenidos de otros, empezando a descubrir los hilos que hacen el entramado de una historia bien narrada, quizás también se necesite ver TV y escuchar radio aunque, en la mayoría de ocasiones, sirva para darse cuenta de que es lo que no se debe hacer (sobre todo cuando me refiero a la bazofia transmitida en TV y radio colombiana). Es quizás este punto el que más me desconcierta de todo este asunto de la falta de una cultura del fanzine en Colombia, ¿acaso no hay gente que quiera contar algo? ¿Será que la gente dejó que lo medios de comunicación repitan las mismas frases amañadas con la esperanza de que ellos nos creen una cultura popular? Como dice, Robert Crumb, “solía ser la gente la que fermentase su propia cultura...” ¿Será que el fanzine está mandado a recoger desde hace mucho tiempo y yo estoy tratando de levantar un muerto? Para eso sí tengo una respuesta: no.

Cuando estudiaba en la universidad y editaba fanzines en fotocopias un compañero de estudios solía burlarse de mí porque "perdía mi tiempo con maricadas". Este compañero viajó, un tiempo después, a una ciudad menor de España y lo primero que hizo, después de volver y verme en la universidad editando fanzines de fotocopias, fue pedirme disculpas porque "en España, lo que vos hacés se valora mucho, hay hasta tiendas especializadas en publicaciones desde las editadas en fotocopias, tiendas de puros fanzines". "Yo ya sabía eso, desde hacía rato", le respondí. No tuve que viajar a España (y creo que tampoco tendré que hacerlo a otras partes) para darme cuenta que, como dije más arriba, el fanzine es el que dinamiza, el germen de la cultura (popular, urbana, llámala como quieras). Bueno, también habría que hablar aquí de otros formatos de autopublicación que cumplen un papel tan importante como el del fanzine: el demo o el ep de música, el cortometraje en video, las propuestas en Internet y otros formatos de multimedia que, gracias a las nuevas tecnologías digitales, han reducido mucho sus costos de producción y que permiten, además de trabajar en casa, la posibilidad de ser creaciones más personales y, quizás, por ende más auténticas.

El fanzine, el ep, el corto, la web, es devolverle la cultura a la gente, es darle una vez más voz a los que quieren decir cosas. Ese es el meollo del asunto, más que conseguir dinero por ese medio. Equivocados están quienes piensan que por medio de una cultura de resistencia se puede obtener dinero. Es necesario mantener esos pequeños espacios de poder y pagar las cuentas con otros trabajos. Yo no soy diseñador, yo no aprendí en una academia o Universidad sobre impresión, sin embargo, y gracias al trabajo con la autopublicación vivo y pago mis cuentas con mi trabajo de freelance en diseño, gano dinero presentando películas, escribiendo columnas para algunas revistas, dictando clases, en una universidad, sobre historia de Colombia e historia de los medios de comunicación, dictando diplomados sobre diseño, diagramación y edición de publicaciones. La gran mayoría de esos trabajos los he aprendido por autopublicarme, por conocer los procesos creativos y técnicos que conllevan a la edición de una publicación. Dirás que tengo mucho trabajo y yo te diré que sí, pensarás que vivo muy ocupado y tienes toda la razón, pero aún así, a pesar de trabajar todos los día, casi todo el día, aún tengo tiempo para editar mis fanzines, para ir a cine o estar en casa con la monita y para tomarme unas cervezas con ella o con mis amigos. A pesar de que ya empiezan a pagarme también por publicar cómics en algunas revistas (un mal pago como en casi todos los trabajos que hago, por eso tengo tantos), a pesar de que ya empiezo a pensarme como un profesional de la historieta, seguiré publicando fanzines hasta el día de mi muerte por todo lo que explique en esta entrada y muchas entradas anteriores más en este diario (y quizás muchas razones más, porque si a Scott Mccloud no se le acabó el material para hablar de cómics en dos extraordinarios tratados: Understanding Cómics y Reinventing Comics, y publicó uno más hace poco, titulado Making Comics, ¿por qué habría de acabárseme a mí con estas minucias y escrito en pequeñas columnitas para este diario?).

A veces me pasa que cuando ofrezco mis fanzines la gente suele tratarlos con desdén, e incluso yo mismo soy tratado con desdén porque, dirán ellos, "este tipo tan grande y todavía publicando maricadas". Hace unos años me molestaba mucho, ahora ya casi ni me importa, porque los equivocados son ellos. Ellos a comprar carretas, castillos, trapos e intercomunicadores, a ver TV y radio para saber que está de moda, y yo a lo mío: a trabajar mucho por poco, para seguir pagando cuentas, y a seguir publicando fanzines, que la autopublicación, en la mayoría de los casos, trae más alegrías que desdichas.

Señoras y señores, Colombia es larga y ancha pero no más. Una cultura del fanzine, de resistencia, no la montan tres pelagatos. ¿Será que esos tres pelagatos nos quedamos solos autopublicándonos y rogando que alguien más lo haga? Me importa mucho este asunto, ojalá alguien más siguiera el ejemplo (si no lo siguen pues qué le vamos a hcer, yo seguiré en lo mío).

Chao.

PD1: por fin publico las ilustraciones que Nicolás Tejada me regaló para subir a este sitio web. A mí las ilustraciones me gustan, espero que a vos también.

PD2: ya ves, un poco más relajado del trabajo puedo volver a escribirte y contarte cosas. Espero que pronto veas más dibujos y nuevos cómics aquí.

23 de noviembre de 2006

Querido Diario:

Aún sigo con mucho trabajo, esperemos que en unos días cesen un poco las labores para descansar dibujando cómics, para nuevos fanzines y para fortalecer mi espiritu. Pero mientras tanto mirá esta tira, que hice para la edición número 39 de ROBOT y que ahora te regalo.

Chao.

16 de noviembre de 2006

Querido Diario:

Soy un robot, soy una máquina de hacer cosas y estoy cansado de que todo el mundo me pague mal... Un día de estos este robot va a dejar de funcionar por voluntad propia.

¡Y qué se vayan a la mierda todos!

11 de noviembre del año del señor de 2006

 

Ahora en Medelink

Este sábado 11 y domingo 12 de noviembre se va a realizar, en el Orquídeorama del Jardín Botánico, un evento titulado Medelink Festival de Cultura Digital, así que ya algunos sabrán que se trata de un evento que reune la música electrónica (con un sinnúmero de exponentes de Medellín, Colombia y algunos invitados del exterior) con otras vainas afines. Como se supone que ROBOT cómics hace cosas afines a lo electrónico y digital entonces hemos sido cordialmente invitados al evento y, nosotros, hemos acogido la invitación para esos dos días del próximo fin de semana. Así que si aún no has podido hacerte a los fanzines de ROBOT cómics, si te faltan uno o dos o toda la colección, si querés comprar una copia en digital de alguna ilustración o cómic, registrada y enmarcada, o si simplemente te querés llevar gratis una gacetilla de ROBOT y de paso ver a los mongólicos que publican cómic en Colombia, entonces andá a Medelink, escuchás música electrónica, mirás otras vainas que van a haber allá y nos visitás un ratico porque nosotros estaremos ahí con un pequeño, humilde, pero honrado stand, juntá mil o tres mil pesos y te gastás lo que ya casi no vale una cerveza en cómics. Nos vemos entonces en Medelink, la entrada al evento es completamente gratis y, según me han informado, el evento abre sus puertas desde las 11:00 am del sábado.

9 de noviembre de 2006

PD1: ah, casi olvido comentar que en nuestro miserable stand tendremos unas secuencias animadas en pantalla para el deleite de chicos y grandes (nos prometieron un dvd y una pantalla de plasma para pasar paparruchas aminadas de nuestra autoría, esperemos que cumplan con los equipos para el disfrute de todos).

PD2: la banda sonora de esta entrada es a cargo de Annie y su trabajo musical “Anniemal”, primera vez que la escucho y me está gustando mucho así que agradezco a el club de los discos por la recomendación.

PD3: esperame un ratico que aún estoy muy ocupado. Pronto un nuevo cómic y dibujos por cortesía de un amiguete...

Una semana a oscuras

Te preguntarás por qué he permanecido en el más absoluto mutismo durante más de una semana y yo te voy a responder, aunque tal respuesta tenga tintes inverosímiles porque, teniendo en cuenta que estamos en el siglo XXI, suena extraño que pasen este tipo de cosas. Vamos por partes, como siempre, y aclaremos primero que la humanidad, en tiempos simultáneos, a vivido siempre en diferentes niveles de lo que podemos llamar progreso, así si el primer mundo vive bajo condiciones materiales típicas de la punta de lanza de la tecnología del siglo XXI, aún hay comunidades o civilizaciones que sobreviven hoy, por resistencia o por ignorancia, prácticamente en condiciones tecnológicas similares a las de la Edad de Piedra (como algunas tribus en lo profundo del Amazonas o en algunas regiones del continente africano). Nosotros los colombianitos también tenemos diferentes niveles de desarrollo tecnológico (aún si se piensa en la ciudades). En Medellín, por ejemplo, se pueden notar las diferencias entre el muy avanzado sector de El Poblado (hablando de tecnología señores, porque de mentalidades todos dejan mucho que desear...) y los innumerables cinturones de miseria que pululan en toda la ciudad. Yo que vivo en un sector de clase media baja, en una ciudad de segunda, en un país de tercera que pertenece al cuarto mundo, tengo la posibilidad de acceder a ciertos servicios que hacen que, en principio, pueda disfrutar de los "placeres" del progreso y la globalización: agua potable, teléfono, red de Internet, televisión por cable y energía eléctrica. Sin embargo, empezando esta semana sufrimos en casa un corte abrupto de energía eléctrica que nos devolvió, por cuatro días, a los albores del siglo XX (por no decir que al aire o tufo decimonónico).

El domingo hubo un apagón en el barrio a eso de las 10:00 pm, la energía trato de llegar unos quince minutos después pero seguimos en apagón unos 45 minutos más antes de que me diera cuenta que todo el sector había recuperado el servicio menos nuestra humilde vivienda, después de preguntarnos qué mierda había pasado con la casa, por qué no disfrutábamos nosotros (los hermanos que vivimos juntos y la mona, que estaba de visita en casa ese domingo) de tan necesario servicio para la civilización Occidental de principios del siglo XXI, optamos por aceptar el daño particular y esperamos a que, al otro día, la mejor empresa de servicios públicos del país (Empresas Públicas de Medellín, a la que me referiré en adelante con las siglas con que es conocida: EEPP) resolviera nuestro pequeño impase: "ah, eso no es problema, mañana llamamos a EEPP y de una arreglan el problema", le dije yo, que soy todo inocente y hasta güevón, a mi hermana esta noche de domingo. Al otro día mi hermano mayor se apropió del asunto y llamó a EEPP quienes vinieron en una camioneta miraron y se fueron. "Cómo así que se fueron, ¿no arreglaron nada?", pregunté a mi hermano extrañado, él me contó que necesitábamos comprar un cable de conexión, desde el poste de electricidad hasta el contador de la casa, para que EEPP viniera a hacer la instalación (EEPP no hace la instalación si no hay cable, los carros de EEPP no tienen cables para hacer conexiones de emergencia, EEPP nos dejó embalados el primer día, por lo menos eso entendí sobre el asunto).

Lunes: primer día entero (aunque en realidad es el segundo día después de la noche del domingo) sin energía eléctrica, estoy preparando clase y tomando notas a mano, la clase es en la tarde, aún no necesito mucho de los inventos del siglo XX porque voy a estar fuera de casa unas cinco horas. Pero en la noche del lunes no hay mucho que hacer: compro velas y me acuesto a leer, "buena cosa resultó esta vaina, por lo menos puedo leer", pasadas las horas me pongo a escuchar radio: todo el mundo habla mierda en radio, la música, si es que se le puede llamar así, es una completa basura.

Martes: mi hermano llama y llama a EEPP para que vengan a solucionar nuestro problema, luego me dice: "no voy a llamar más porque son capaces de dejarnos de últimos por cansones", yo apruebo su táctica. Preparo la clase del martes a mano (mierda, y yo que tenía todo preparadito en el PC, me tocó volver a preparar las dos clases) y aún no me preocupa mucho la falta de energía porque voy a dar clase (tres horas) y luego a cine con la mona (otras tres horas). De vuelta en casa esperaba poder prender el PC y terminar unos trabajos (ya empezaba a atrasarme) cuando me sorprende una casa aún a oscuras: "EEPP es una mierda", me dice mi hermano, "no les da la gana de venir". Otra vez a leer, ya sin menos ganas, y a acostarme con la mierda hablada y tocada en la radio comercial de este país.

EEPP es un monopolio, y como tal hace las cosas cuando le da la gana. Otro gallo cantaría si esta empresa prestadora de servicios compitiera con otras tres o cuatro empresas: visible baja en el costo de los servicios, atención rápida y oportuna, promociones, gangazos para captar clientes y, en últimas, quien se beneficia es uno mismo (claro que si muñeco, el cliente). Pero no, la realidad es otra: son los únicos en el mercado y pues "que se jodan si necesitan electricidad en esa casa de barrio, que se esperen". Y nosotros jodidos, los nervios empiezan a crisparse, mi hermana llega esa noche del martes a tirar puertas porque nosotros no hemos llamado o "quién sabe como es que piden el servicio..." (ella cree que lo pedimos a las patadas pero no, a pesar de tener tres días de apagón somos lo más corteses que se puede ser).

Miércoles: el asunto ya parece cotidiano, yo aprovecho para organizar papeles. Llaman mis clientes a reclamar trabajos, yo me justifico con una disculpa que parece mentira: "llevo tres días sin luz", es mi respuesta. "¿Cómo? ¿Y EEPP?", me responde el cliente. EEPP es un caramelo muñeco, puro billete falso capullo, como decimos aquí en Medellín: puro tilín-tilín y nada de paletas. La mejor empresa del país, jua, jua, sí claro, tócame otra Sam, esa tonadita, esa cancioncita ya me la sabía hace mucho rato: "EEPP de Medellín, orgullo de los antioqueños" repite una cuña en la puta radio que ya no quiero escuchar. Ese miércoles tengo que hacer una vuelta en el centro de la ciudad y vuelvo a eso de las cuatro de la tarde, aún sin energía eléctrica y surge lo único que hace que Colombia no se caiga en pedazos: la solidaridad. Un vecino que está al tanto de nuestra tragedia nos ofrece tirar una cable desde su casa para que mi hermano y yo podamos encender sendos computadores y poder desfacer los entuertos,  que nosotros no nos buscamos, con la clientela (en realidad la propuesta del vecino venía desde el lunes, propuesta que rechazamos porque aún creíamos en la eficiencia de EEPP). La solidaridad de vecino mitiga un poco el atoramiento y podemos trabajar en la noche. Con PC funcionando mi hermano apela al único recurso que nos queda más allá de seguir llamando a ver cuando les da la puta gana de venir y conectarnos nuevamente al siglo XXI: le escribe un email a un amigo que trabaja en EEPP, le expone el problema y santo remedio: a las 11:00 am del jueves 2 de noviembre (es decir, ayer) el caminocito de EEPP está parado en frente de nuestra casa haciendo la conexión, obviamente la conexión la pagaremos nosotros (llegará en la cuenta de servicios), obviamente el cable lo pagamos nosotros, entonces ¿cuál era el problema en venir si todo lo pagábamos nosotros? (sí Manolo, yo aún me pregunto lo mismo).

Cosas aprendidas en el apagón de cuatro días: digamos que yo ya me las sabía pero fueron confirmadas una vez más: la radio colombiana está cagada (a excepción de dos o tres emisoras culturales, que tampoco son lo muy, muy, ni lo más, más...); la lectura es buena pero también cansa, mi trabajo me permite hacer muchas actividades en el día (dibujar, Internet, ver TV, leer, escribir, pensar, jugar, la mitad de esas cosas son imposibles sin electricidad); la luz de una vela es muy romántica pero cansa los ojos cuando llevás más de dos horas leyendo; sin no hay energía eléctrica te acostás muy temprano y te levantás muy tarde; qué dependencia tan hijueputa con la energía eléctrica; EEPP de Medellín es la mejor empresa del país y orgullo de los antioqueños, lastima que en mi casa no seamos de Colombia y mucho menos de Medellín...

Epilogo de esta tragedia: EEPP ha llamado dos veces el día de hoy para escuchar mi versión de los hechos acaecidos desde el domingo 29 de octubre hasta el 2 de noviembre. A los empleados de EEPP, con quienes me a tocado hablar, les parece inverosímil nuestro caso (¡Pero hombre, si a mí también me lo parece!). ¿Qué será tanta llamadera? ¿Será que nos van a indemnizar? ¿Será que ganamos algo después de esta cuádruple cagada (cuádruple por los cuatro días, muñeco). Será que EEPP responde por casi una semana a oscuras en la que no hice nada, en la que no dibujé ni una línea, en la que los trabajos se me retrazaron, en la que estuvimos casi a punto de una crisis familiar, en la que mi estado mental se deterioró: tuve tres pesadillas durante las noches que duraron ese apagón, aunque las pesadillas parecen provenir de otro asunto (la cobija maldita, que es otra historia escalofriante por contar), no cabe duda que la inoperancia de EEPP las intensificó.

Desde ayer al mediodía hasta hoy estamos, mi hermano y yo, de un extraño estupor, hemos recobrado la alegría de vivir, hemos dado nuevamente el salto inverso del siglo XIX al XXI. Ah, que dependiente es este cuarto mundo de la electricidad.

Con electricidad, y más feliz que el pasado miércoles en la noche, me despido querido diario.

PD: de los trabajitos que quedaron pendientes me duele uno es especial: la portada de 68 revoluciones. Yo te hago la de diciembre Diego.

3 de noviembre de 2006