



Octubre de 2011
Una de Keef
Hace unos días terminé la autobiografía de Keith Richards. Debo confesar que a mí los Rollings Stones no me despelucan, pero reconozco su valor dentro de la música de la segunda mitad del siglo XX, obviamente me gustan cosas de ellos pero no soy un fanático, o seguidor, de la banda. Sin embargo, hace un par de meses cayó en mis manos el libro autobiográfico de Keith Richards, lo empecé a leer y me gustó mucho. Si me lo permites, y tienes la forma de poder leerlo, te lo recomiendo (mucho más si te gustan los Rollings Stones o si sos músico). Esta introducción es sólo para darle paso a Keef en un aparte de su libro:
La belleza, la opulencia de la afinación abierta en Sol con cinco cuerdas para una guitarra eléctrica es que sólo tiene tres notas (las otras dos son repeticiones la una de la otra con una octava de diferencia). Se afina en Sol-Re-Sol-Si-Re. Algunas cuerdas suenan durante toda la canción, hay una especie de zumbido de base todo el tiempo y, como la guitarra eléctrica, reverberan. Sólo tres notas, pero gracias a las diferentes octavas se llena por completo con sonido el hueco entre las notas de abajo y de arriba. Te da una resonancia y una sonido preciosos. Trabajando con la afinación abierta he descubierto que hay un montón de sitios donde no hace falta poner los dedos: las notas ya está ahí. Y puedes dejar algunas cuerdas abiertas del todo. Se trata de encontrar los espacios de en medio para que la afinación abierta funcione, y si estás trabajando el acorde correcto, oyes otro por detrás que en realidad no estás tocando. Pero está ahí. No tiene ninguna lógica y sin embargo está ahí diciéndote "fóllame". En ese sentido, es el mismo cliché de siempre: es lo que se queda fuera lo que tiene importancia de verdad. Déjalo ir para que una nota armonice con la otra y así, aunque hayas cambiado la posición de los dedos, la nota sigue sonando y hasta la puedes dejar ahí suspendida. En armonía a esa nota se le llama pedal o drone. Por lo menos así lo llamo yo. El sitar funciona parecido: sonido "simpático", o eso que llaman cuerdas simpáticas. La lógica dice que no debería funcionar, pero cuando lo tocas y esa nota sigue sonando incluso cuando ya has pasado a otro acorde, te das cuenta que esa nota es la raíz, la base de todo lo que estás intentando hacer: el drone.
A mí siempre me fascinó volver a aprender a tocar la guitarra y reaprender me volvió a cargar las pilas porque hasta cierto punto era otro instrumento, casi en el sentido literal también. Tuve que hacer las guitarras de cinco cuerdas especiales para mí. Nunca he querido tocar igual que nadie excepto yo mismo salvo al principio, cuando quería ser Scotty Moore o Chuck Berry, pero después de eso lo que me proponía era lo que la guitarra y el piano podían enseñarme.
Keith Richards. Vida. Global Rhythm Press / Ediciones Península, Barcelona, 2010. pág. 230.
Hasta pronto.
PD: llamo a Keith Richards Keef, porque así es como lo conocen sus fanáticos. Es verdad, yo no soy un fanático de Keith Richards pero creo que después de leer su autobiografía creo que lo conozco un poco más, por lo menos para llamarlo Keef (de eso, supongo, se tratan unas memorias, que uno pueda conocer más al personaje y se refiera a él con más confianza).
28 de octubre de 2011
Sobre "Entreviñetas", el Festival de Cómic
Creo que vos ya sabés que llevo un montón de años haciendo historieta. Porque pertenezco a una generación intermedio entre quienes dejaron de dibujar cómics y quienes ahora están empezando a dibujar, aquí en Colombia, estuve casi solo en estas lides. Bueno, solo no, estaban también Juan Pablo Marín, Diego Guerra, Andrés Buitrago, Wil Zapata, Marco Noreña, Joni Benjumea, Tebo y otros que quizás no recuerdo, en este momento, o que no conozco (me disculpo por eso), el caso es que ellos dibujaban como yo pero no los conocía (luego los fui conociendo, pero esa es otra historia).
El asunto es que durante esos años de dibujar en la soledad, sin un colega con el cual enriquecer mi trabajo, sin el cual poder tener una interlocución que alimentara mis deseos de seguir dibujando y descubriendo más cosas alrededor de los cómics (aquí hay una gran excepción con mis colegas de Kaimkaze Comix), abrigaba también en mis largos soliloquios sueños acerca de cómo expandir un poco la lectura y el aprecio sobre la historieta en este país. Uno de esos sueños era crear un festival de historietas en donde la gente pudiera reunirse, autores, editores, críticos y lectores, en torno a esta bella manifestación. En mis años de juventud mantuve ese sueño vivo de realizar un evento que fuera digno de la manifestación en este país. Los años pasaron, yo seguí dibujando y haciendo cosas alrededor del cómic con las muchas ganas y el poco dinero de mi bolsillo, hasta que conocí a la gente de la Revista Larva.
Creo que a Daniel Jiménez lo conocí hace un poco más de cuatro años, cuando me mandaron su publicación, por aquel entonces en impresión digital, y me invitaron a participar en su revista. Yo encantado de hacerlo, un papel para publicar aún es una joya para los que dibujamos cómics en este país (aún si es gratis, aunque ya no con tanta facilidad envío cómics para publicarlos gratis, yo también tengo que comer...). La relación con Daniel se afianzó y creo que por medio de mí la gente de Revista Larva conoció a Joni y a Marco, y el staff de colaboraciones en Larva se amplió hasta llegar a la excelente publicación que hoy tienen (obviamente el trabajo de Daniel y sus colaboradores, en la búsqueda de otros autores nacionales y, sobre todo, internacionales, es un logro de ellos).
Con Daniel y con Joni hablábamos, desde entonces, de crear un evento, pero el asunto fue tomando más forma desde hace unos tres años. Pero el logro del Festival "Entreviñetas" no es para nada mío, ese Festival tiene un nombre y es Daniel Jiménez. Lo que quiero decir es que sí se estaba gestando entre nosotros el deseo de hacer algo. Cuando Joni, hace como tres años, me comentó la idea de realizar el evento yo me salí con un: "cuando lo tengan armado yo les colaboro en eso, porque yo soy muy lento para hacer gestión". Y es verdad, después de años de caminar "solo" en las historietas estaba un poco cansado y desgastado, lo único que quería hacer en ese momento era encerrarme a dibujar, como siempre lo he hecho. Sin embargo, Daniel enfiló baterías y nos fue invitando, uno por uno, a mí, a Joni, a Paola, a Marco (y seguro a otros más que no recuerdo o no sé) a Armenia, a que dictáramos charlas sobre cómics, sobre nuestro trabajo, ahí fue cuando me empecé a dar cuenta que un verdadero Festival de Historietas en Colombia lo podía hacer perfectamente Daniel, él sabía.
Hace un año se hizo la primera versión del Festival "Entreviñetas", una suerte de versión cero, porque se trataba de un festival nacional, pero ya desde ahí quedé loco. Hace un año en Armenia estaba feliz, no lo podía creer, por fin un puñado significativo de dibujantes, de varias partes del país, se reunían a hablar de cómics, de su trabajo, de sus técnicas, de sus logros, de sus frustraciones, conocí a Pablo Guerra, a Alejandro Martín (bueno, a Alejandro ya lo conocía de antes), a Jaime Correa, a Luto, a Jean Pierre Zapata y a otros que no recuerdo (qué cagada, no siempre recuerdo a todos), estaba eufórico porque por fin ese puto sueño de años atrás se estaba dando. La pasé como un enano en esa versión nacional y quedé a disposición de lo que necesitaran para el próximo año.
A comienzos de este 2011 Daniel coqueteó con traer invitados internacionales, yo ya había visto lo que podía hacer así que no dije nada (disculpen mi asombro, yo soy un tipo común y corriente que sólo intenta hacer un buen cómic). Daniel nos contó a principios de año, a Joni y a mí, que quería traer a Matt Madden y a Ricardo Linniers, yo no lo podía creer, pero finalmente los trajo.
Este año el Festival Internacional de Historietas "Entreviñetas" no sólo trajo a Madden y a Linniers, que son unos tipazos y unos grandes creadores, sino a colegas quizás un pelín más cercanos, como esa rata famosa de Ernán Cirianni, al muy puesto (por lo menos lo parece) Otto Zaisser, al bien ponderado Marcos Vergara (con su esposa Silvana), a las simpatiquísimas Clarita Lagos y Camila Torre, además de Renso Gonzalez de la revista Carboncito (a Renso lo conozco hace casi diez años, pero sólo por correos y por colaboraciones en su revista. Lo mejor de este Festival fue por fin conocer al viejo Renso, un bacán). Esos eran los invitados internaciones, pero también estuvimos los vagos nacionales: Joni, Powerpaola, Tomás Arango, Wil Zapata, Luto, Henry Díaz (a quien conocí allá), José Andrés (que, aunque él insiste en que no dibuja, es nuestro hombre en la literatura y el cine), Jaime Correa y Pedro (y otra vez se me olvidará alguien pero me sabrán disculpar). Además, un combo de nuevos autores, como Juantasma, Carol y los muchachos del fanzine Dr Fausto.
El Festival fue la locura, o por lo menos me parece a mí que soy muy dado a emocionarme (aunque quizás no lo exprese mucho, o no de la manera correcta). Antes de Armenia hubo eventos en Bogotá, que estuvieron muy bien montados; en Medellín, que por falta de tiempo logramos concretar de la mejor manera (no todo es perfecto, ya afinaremos cuerdas para el próximo año con Daniel), en Manizales y en Ibagué. El gran encuentro entonces fue entre los días 14 y 16 de septiembre: charlas, foros, exposiciones, dibujos en vivo, comidas, tragos, risas y un montón de cosas compartidas alrededor de las historietas. Fue un evento que, aunque aún le falta un montón por la misma valoración de la historieta en el país, reunió casi lo más curtido del cómic nacional, pero no solo autores, sino también algo de la todavía naciente crítica, de los pequeños, independientes y particulares editores, además de un público que la gente de la Revista Larva a sabido captar durante algunos años atrás.
Pero no todo es perfecto, y no tiene por qué serlo. Hay un montón de cosas por afinar: empezando por los patrocinios que, creo, dejaron algo corto a la organización; aún falta público y, sobre todo, darle más valor a la muestra y venta del material publicado. Un poco más de organización en cuanto al horario y a la preparación académica. Pero, para mí, esas son tuercas que se van ajustando en el camino, yo al Festival "Entreviñetas" lo veo con mucho futuro, ya el tiempo irá dando las pautas para que la feria de publicaciones sea más importante, para que la organización se afine un poco más, para que todo salga cada vez mejor.
Eso sí, lo mejor de un festival de cualquier manifestación artística es que fomente, amplié y renueve esa misma manifestación. El poder hablar con los pares, con el público, conocer la experiencia de otros que editan (revistas, libros, fanzines) y escuchar la voz de la crítica, aunque aún insipiente como todo lo que gira alrededor de los cómics en este país, es lo que hace que un festival logre sus objetivos, y creo que "Entreviñetas" lo está logrando y lo va a lograr aún más con el correr de sus versiones.
Por mi lado todavía estoy eufórico, feliz de que lo que pensé hace tantos años por fin se esté dando. Y más feliz aún, que se esté dando por otros, por personas como Daniel Jiménez a quien debo agradecerle ese regalo. Disculpa mi desbordada emoción, pero creo que vos entendés que para mí esta vaina de hacer historietas es mi vida, creo que moriré siempre en el intento de tratar de hacer un mejor cómic cada día (además, creo que ya no es tiempo de cambiar de vocación), por eso me emociono, por eso me emocioné tanto con el Festival de "Entreviñetas" y me demoré un poco en escribir sobre esto (porque hace un par de semanas hubiera llorado escribiendo sobre esta vaina) y, sobre todo, sé que el próximo año la emoción será la misma o, muy seguramente, mucho más.
Hasta pronto.
PD: no tengo fotos del Festival "Entreviñetas" porque tengo la cámara, desde hace meses, sin cargador. Pero en el sitio de la Revista Larva hay un montón.
13 de octubre de 2011
Querido Diario:
Es increíble que, después de más de quince años de estar dibujando cómics, sólo hasta hace un poco más de una semana haya publicado mi primera historieta en prensa oficial. Digamos que eso no me sucede únicamente a mí, porque el cómic local y nacional prácticamente no existe en la prensa local, ni nacional (quizás con algunas excepciones o algunas nuevas propuestas).
El caso es que, increíble o no, por fin publiqué mi primera historieta en un periódico oficial. Aunque se trató más bien de un cómic que "ilustró" un texto, y de que ese mismo cómic haya sido hecho a las patadas porque estaba saliendo de una convalecencia de varios días, de todas formas y sea como sea es mi primer cómic publicado en prensa (es una locura, si me quedo pensándolo tan sólo un rato. Es que son más de quince años de dibujar…). Bueno, espero que a otros se les dé más fácil que a mí en esto de poder salir en un diario.
Ese cómic ahora lo dejo aquí. Como dije es un esbozo apenas de algo que realmente quisiera hacer en prensa, fue sólo un ejercicio y quizás sólo se quede en eso porque esa historieta era unitaria y, como comenté más arriba, servía para completar un texto que salió en el periódico El Colombiano hace como diez días. Aprovecho de una vez y lo dejo como el cómic de la semana.
Hasta pronto.
PD: finalmente sucumbí al twitter, me envicié por estar manejando una cuenta colectiva. No está del todo mal pero está sucediendo un poco lo que me temía: mi personalidad adictiva juega en contra porque ahora seguramente tendré más poco tiempo para dibujar por estar pendiente de una red social... Por si querés mirar mi sitio en twitter la dirección es muy fácil @truchafrita.
4 de octubre de 2010

