




Septiembre de 2010
¿Cuál fin?
El miércoles pasado, en la madrugada, y gracias a una operación de inteligencia del Ejército Nacional, fue abatido el segundo hombre del grupo guerrillero de las Farc: el conocido con el alias de Mono Jojoy. La incursión fue aérea, eso permitió saltar los anillos de seguridad del jefe militar guerrillero y bombardear directamente su campamento. Pero no voy a entrar en más detalles, para eso están las agencias de noticias, de lo que yo quiero hablar aquí es sobre muchos sofismas, muchos dedos en la boca, que nos meten los partes oficiales cuando suceden este tipo de victorias militares.
Yo me he preguntado muchas veces por qué tanta alharaca porque maten un guerrillero (así sea un líder) si, de hecho, ese es justamente el papel de la fuerzas armadas: defender la honra y bienes de los ciudadanos, combatir los elementos subversivos, preservar el monopolio de la fuerza; es como si a mí me felicitaran todo el tiempo porque llego a dar clase a la universidad, o a un abogado porque litiga en su trabajo (bueno, se supone que es nuestro trabajo, es lo que hacemos ¿no?). Ah, se trata entonces de felicitarlos porque lograron un éxito en su trabajo, entonces eso está bien, pero si nos ponemos a ver si la fuerzas pública (Policía Nacional y Ejército) nos a defendido en honra y bienes, si de verdad ha combatido efectivamente a la guerrilla (a la de las Farc, por ejemplo, desde mediados de 1960) o si preserva el monopolio de la fuerza, entonces el saldo es rojo. Las fuerzas armadas de Colombia nos quedan debiendo, y digo debiendo porque es de la sociedad, en su conjunto, de donde sale la plata para vestirlos, para armarlos o, incluso, para entregar un hijo para que combata la subversión y nos defienda a los que estamos cobijados bajo la legalidad. Entonces por eso es que me parece disonante esa mierda de "el glorioso Ejercito Nacional", o "los héroes de la patria"; glorioso si ya estuviéramos en paz, héroes de la patria somos todos, empezando por el obrero que sobrevive con un salario mínimo para alimentar, vestir y cobijar a su familia (a sabiendas de que toda la vida le va a tocar comer mierda, porque no tiene otra salida, ese también es un héroe. Y eso sin hablar del desempleado, del desplazado...).
Entonces yo no me dejo llevar por triunfalismos, por frases de marketing de guerra, cuando campea la corrupción, la ilegalidad, los criminales de mafias, de cuello blanco, de hambre, de maldad; cuando el desempleo inunda las ciudades, que también están sitiadas por esa delincuencia. Todo ese triunfalismo es un pajazo mental (como decimos aquí en Colombia), un dulcecito en medio de tanta amargura.
Que quede bien claro: a mí me importa un pito la guerrilla, para mí tiene el mismo estatus de los demás criminales (de cuello blanco, de hambre, de la mafia...). Y tengo muy claro que el papel del Estado es acabar, sea por la fuerza o por el dialogo, con toda subversión (¿no estamos disque en una democracia pues? ¿Esta asociación, en la que nací y con mis amigos crecí, no está avalada por una Constitución? Entonces no dejemos que nos metan los dedos en la boca).
Una vez más salen las voces hablando del fin de las Farc, una vez más el pueblo raso celebra disque un posible final para el conflicto armado y a mí me parece un sofisma más. Vamos por partes: las Farc tienen una estructura de reemplazos, una jerarquía militar como cualquier ejército dentro de la legalidad, si muere un elemento, en combate o por muerte natural, rápidamente es reemplazado por otro, de hecho ya hablan de otro de estos criminales guerrilleros que reemplazara a ese desalmado del Mono Jojoy. Hasta podría pensar que la muerte de Jojoy puede hacerle un bien a las Farc, salir de un viejo enfermo (tal y como estaba el líder guerrillero), desmontar todo ese aparato de seguridad alrededor de él y utilizar a esos hombres en la defensiva, antes de escoltas de este viejo hijueputa, a la ofensiva. Es que las Farc llevan más de cuarenta años en esta lógica de guerra, yo imagino que ese tipo de bajas (que son muy sensibles, no hay duda) están planteadas, desde lo teórico, mucho antes de que suceda, desde hace mucho tiempo.
Es muy difícil desmontar una estructura como la de las Farc, con cuarenta años de experiencia, cuyo motor (en las últimas dos décadas) es el narcotráfico. Entonces hay que usar un poco más la cabeza –y menos las patas– para darse cuenta que sí es un duro golpe, pero que el fin aún está lejos (ya quisiera yo, y casi todos los colombianos que se acabaran las Farc). Con ese cuento de que están a punto de acabar con la subversión (o el terrorismo, como lo llaman ahora) llevan sesenta años, desde el desmonte de la República Liberal, a mediados de la década de 1940.
Ahora, ¿a quién beneficia este statu quo? ¿Este permanente estado de guerra? ¿Quién se usufructúa del llamado combate al terrorismo? Colombia, desde ese truncado y bello intento de verdadera democracia que fue la República Liberal (1930-1946), a vivido toda una serie de gobiernos de derecha. Con el cuento del combate a las subversión (que, repito, ahora llaman terrorismo) los dineros de la nación, los impuestos que pone usted o yo, se van a aceitar la máquina de la guerra: la oficiliadad del Ejército Nacional, de la Polícia Nacional, de los "lideres" políticos. Poco o nada queda para eso que llaman "lo social", que de hecho es la prioridad en un Estado como el nuestro que dice llamase Social de Derecho: vivienda, educación, empleo digno, salud, protección a las minorías y a los sectores más vulnerables de la sociedad (las mujeres, los niños, los ancianos). Tenemos uno de los ejércitos mejor equipados, con más entrenamiento, con más hombres de la región y aún así no han podido acabar con unos 20.000 mal contados guerrilleros. ¿Por qué no los acaban? Porque esa platica que recibe el general, el coronel, el oficial, se le va a recortar disque para hacer viviendas, escuelas y hospitales. ¿Entonces a quién beneficia la guerra? ¿A quién beneficia esta zozobra, esta paranoia de sesenta años?
Las filas rasas del ejercito, de la policía, de las guerrillas, de la mafia, de las bandas criminales organizadas, del paramilitarismo están engrosadas por el pueblo, por los más miserables y pobres de nuestro país. En Colombia, los pobres están en guerra unos con otros, mientras los lideres militares de todos los bandos (el presidente, sus ministros, sus generales, el secretariado de las Farc, los capos del narcotráfico, lo "duros" de las bandas criminales, los jefes paramilitares) se sientan a ver como su bolsillo crece y como perpetúan toda esta baraúnda.
A mí no me vengan con cuentos chimbos, si acaban con las Farc mañana (y ojalá fuera cierto que acabaran con esos criminales), pasado mañana se inventan otro enemigo porque no pueden dejar de recibir tan jugosos dividendos. Y para eso están los enemigos que usted quiera, esos que ya he nombrado: la mafia del narcotráfico, las bandas criminales, los paramilitares...
En una sociedad, con la mitad de sus gentes en la pobreza estos triunfos, como el de acribillar un jefe guerrillero, suenan pírricos. Toda esa plata se perdió, todo ese equipamiento, todas esas armas están siendo mal usadas. Mientras el grueso de la población celebra un triunfo enano la corrupción nos mete goles olímpicos, y nos los seguirá metiendo porque siempre nos hemos dejado meter los dedos en la boca. La solución a todo este mierdero tiene un concepto que es justamente el encabezado de nuestra Constitución de 1991: "Colombia es un Estado Social de Derecho...", si tan sólo lo aplicaran esos malos y mediocres gobernantes que elegimos... Paremos un momento y detengamos a pensar con la cabeza, que para eso está.
24 de septiembre de 2010
Querido Diario:
Esto sí es un chimba (es decir, excelente), para ti, quien quiera que seas: (DIVA, tu sabes quien eres): con todo mi carazón.
23 de septiembre de 2010
Querido Diario:
Hoy quisiera que hicieras esto por mí: como lo canta Morrissey con los The Smiths, There is a light that never goes out. No importa a que lugar vayamos, sólo quiero estar contigo... "Never, never want to go home, because I haven´t got one..."
22 de septiembre de 2010
Querido Diario:
El domingo pasado volví de Bogotá, después de unos días de encontrarme con amigos y hablar un poco sobre fanzines, publicaciones y, obviamente, historietas. Debo agradecer a todos los que asistieron a la charla del jueves y a la charla-taller del sábado, en el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO), espero que les haya servido por lo menos un poco lo que les comenté en las dos citas y que, sobre todo, les entusiasme para iniciar, o continuar, sus proyectos de publicaciones. Yo la pasé muy bien en esta ida a la capital, debo agradecer una vez más a Omar (aka Stinkfish) por su amable invitación, a amigo Rodrigo Duarte por su hospitalidad, a Boris Geiff por regalarme su bonito fanzine Ficciorama (ah, también al que me regaló la recopilación de Xlacoloniax, es que se me olvidó su nombre, espero que me disculpe), y a mis nuevos amigos de Cali por soportar mi compañía durante la tarde del sábado.
Estoy en casa de nuevo, con ánimos renovados de dibujar cada vez más y mejor, y por supuesto eso es lo que he estado haciendo estos dos últimos días en que, desafortunadamente, la Universidad de Antioquia está cerrada y no he tenido que ir a trabajar (a propósito de los ánimos renovados, creo que la próxima semana por fin llevo el nuevo número de Cuadernos Gran Jefe al taller, así que saldrá por ahí en veinte días).
Para despedirme les regalo, o mejor los remito, a este nuevo mini artículo sobre Blankets, de Craig Thompson, que colgué en la sección de artículos, espero que lo disfruten y nos vemos en una próxima.
Hasta luego.
PD1: Ah, ahora hay un nuevo punto de venta de mis publicaciones en el centro de Bogotá: La Comunidad (Cra. 5 No. 17-69). Allá dejé las últimas cinco ediciones de Cuadernos Gran Jefe. Con este nuevo sitio ya hay dos lugares de venta de mis publicaciones, junto con Spooky House (Calle 42 No. 7-35).
PD2: En Medellín, muy pronto, los fanzines y revistas de la Editorial Robot también los encontrarás en el Museo de Arte Moderno (MAMM), ya te avisaré con tiempo cuando ya estén allá.
21 de septiembre de 2010
Me voy para Bogotá
Porque he sido invitado a dictar una charla y un taller, los días jueves 16 de septiembre y sábado 18 de septiembre respectivamente, en el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO). La charla, que dictaré el jueves a las 5:00 pm, es sobre la experiencia editando la gacetilla de cómics robot, además de los fanzines y revistas de la Editorial Robot; el taller que dictaré, el sábado a las 10:00 am, es sobre algunos trucos y atajos para edita fanzines.
Como es lógico también voy a llevar un amplio surtido de mis publicaciones, unas para regalar (como en el caso de la gacetilla de robot), y otras que estarán a la venta (como las revistas de Cuadernos Gran Jefe y el libro de robot, del que ya sólo me quedan tres ejemplares). Así que si a vos te gusta un poquito lo que yo hago por aquí y además vivís en la capital sería muy bueno verte, la próxima semana, por allá en Bogotá (y de paso, si te animás te llevas algunas publicaciones, todo depende de vos).
Hace más de un año que no voy a Bogotá, así que será muy grato estar de nuevo en la capital, compartir experiencias, publicaciones, una buena charla y, porque no, unos tragos en la noche capitalina.
Nos vemos en Bogotá.
PD: Ah, mil gracias a Omar (aka Stinkfish) por tenerme en cuenta e invitarme a este evento en el MAMBO. Si querés ver la programación aquí está.
9 de septiembre de 2010
Querido Diario:
Ayer en la tarde, mientras estaba trabajando, mi hermano, con quien vivo en casa, tocó a mi cuarto para pedirme un favor. Necesitaba un encendedor para prender un vela que había pegado en una vara de metal de un metro, yo le pregunté para que necesitaba eso y me contó que era para espantar un avispero que se había instalado en la ventana de su cuarto. Las avispas, en realidad, no le habían picado pero sí molestaban mucho durante la noche, mientras trabajaba, y ya tenía más de una semana con la colonia ahí encima. Yo de puro metido me ofrecí a ayudarle: "Primero -le dije-, no las vas a quemar que nos pican a los dos, ese nido es como de papel", y señalándole una tira por donde colgaba la colonia le sugerí: "Mejor peguémosle una cuchilla de bisturí a la vara y, a la distancia, yo corto la tira y se va el nido con todo y avispas". Dicho y hecho, después de ensayar el procedimiento a realizar acerqué la cuchilla, con la distancia prudente que me daba la vara de metal, y empecé a cortar el cordón que unía la colonia con el filo del techo.
Unos segundos tardó el nido en desprenderse del techo, la casa de las avispas rodó hasta la calle (desde un tercer piso), sin embargo la gran mayoría de las avispas voló hacia mi humanidad en busca de venganza. Solté la vara con la cuchilla de inmediato, me volví bizco cuando una avispa de me acercó al entrecejo y me pico, no alcance a reaccionar cuando otra me pico en le hombro derecho y una más hizo lo mismo en mi cabeza, repitió la dosis otra avispa más en mi hombro (a dos centímetros de la que ya me había picado) y otra avispa más me volvía a picar en la cabeza, repetía en el cuero cabelludo. En menos de tres segundos cinco avispas se abalanzaron contra mí y si no es porque retrocedo lo más rápido que puedo y cierro la puerta del cuarto hubiera sido picado docenas de veces.
A mi hermano, que estaba al lado mío, no lo picó uno solo de los animales, parece que son bien selectivas las avispas, o no saben distinguir los autores materiales de los intelectuales (mi hermano era claramente el autor intelectual que, en muchos casos es el más peligroso). El caso es que unos segundos después de las picadas el dolor fue intenso, como un mancazo (es decir, como un puño seco sobre una zona con poco músculo), como una inyección con vacuna muy aceitosa, o como una puñalada en un brazo (conozco el dolor porque hace muchos años me dieron una puñalada en el brazo derecho). Un dolor punzante que obligó a aplicarme alcohol de inmediato y a tomarme cuatro aspirinas en intervalos de media hora, mientras el dolor persistía.
Definitivamente me lo merecía, acabé con su hogar, pero también defendía la tranquilidad del nuestro (el de mi hermano y el mío). Terminé el resto de la tarde acostado aguantando el ardor de las picadas, al final de la tarde cuando el dolor mermó un poco logré dormirme como una hora, después cuando me desperté, a eso de las 8:00 pm, el dolor ya era más tolerable y pude seguir trabajado en lo que había dejado empezado antes del ataque a la colonia de avispas.
Ahora las picaduras ya no duelen, sólo tengo unos círculos rojos que me recuerdan el ataque de ayer. Ah, ese ataque también me hizo acordar de una vez de niño, como de unos seis años, cuando me picó una avispa en la frente, recuerdo que me dolió mucho (mucho más que las cinco piadas de ayer), aunque en esa ocasión no recuerdo haberlas molestado, así que las cosas, en este momento van seis a cero ganado las avispas (aunque yo acabé con su casa, pido disculpas y ojalá puedan reconstruir su hogar con prontitud, eso sí que no sea cerca del cuarto de mi hermano).
3 de septiembre de 2010
Querido Diario:
El sábado pasado un amigo me sacó de una barra de un bar en el centro, donde estaba charlando, me estaba cagando de la risa y de la rasca, dizque para que fuéramos a una fiesta en el barrio Prado Centro. Debí haberme quedado en la barra donde la estaba pasando lo más de bien, porque qué puta aburrición la "fiesta" en Prado Centro.
Cuando llegamos nos pidieron un cover disfrazado de "colaboración" para no sé quien (porque no cobran de una maldita vez el cover y se dejan de maricadas. Además, cuál es esa chimbada de estar cobrando covers a fiestas malucas cuando el billete se lo hacen con los tragos que uno compra). Ya adentro pedí unos tragos de ron y por ahí a los dos tragos el ron se acabó, entonces toco tomar tequila, más caro que el ron. En la casa de la fiesta, una casona vieja del barrio Prado Centro habían dizque tres ambientes.. Jua, jau, cuáles ambientes: en el sótano un garaje con una barra sin ron, en el primer piso tres pelagatos bailando el mismo sonsonete de siempre (bueno, a decir verdad ¿en dónde han puesto música diferente en los últimos cinco años?), y en el segundo piso un cuarto con una gente tirada en el piso, algunas parejas dándose besos y pare de contar. "Nooo, qué aburrición, me invitaron a una fiesta de garaje" (de esas que se hacían por allá en la década de los ochenta y principios de los noventa, cuando uno era un adolescente), me decía a mí mismo mientras me tomaba el maldito tequila con cerveza.
Así y todo me quedé hasta que se acabó la maldita fiesta, porque no había más a donde ir y yo, como casi siempre, quería seguir bebiendo más. Así que toda la velada me la pase aburrido, del sótano, al primer piso, y del primer piso al segundo piso, a ver si pasaba algo, a ver si me emborrachaba un poquito o si me sentaba con alguien a conversar alguna mierda, pero nada, deambulando por el caserón aburrido, medio borracho (porque el tequila no emborracha, ese trago es para nenas) y parando, cada tanto, a sentarme en el vestíbulo de la casa a tratar de entablar una charla desganada con el que estuviera por ahí.
Desde hace muchos años prefiero una barra o una mesa de un bar, o un muro de un parque para beber, no cobran cover, el trago (en este caso en el parque) es a precio oficial, uno elige con quien estar o si mejor se queda solo y no suena toda la noche (nuevamente, si estoy en un parque) una retahíla de música que en su gran mayoría no le gusta a uno. Quizás lo poco bueno de algunas fiestas es que uno se encuentra con algunos amigos que desde hace rato no ve, pero para mamarse una noche de bostezos no es suficiente justificación. Ojalá Jorge Ovidio no me vuelva a sacar de una barra de bar en donde me estoy cayendo, deliciosamente, de la borrachera para ir a bostezar unos tequilas sentado en un sillón viejo y viendo gente, también aburrida, pasar para adentro y para afuera.
Adiú.
PD: Bueno, por lo menos al final de la fiesta encontramos una cafetería, al lado de un hospital, en donde me pude tomar un cafe con leche y comer un par de empanadas, el desayuno justo, en la madrugada, para ir a dormir tanto bostezo.
2 de septiembre de 2010

