Más de setenta veces Betty Boop

Hace setenta años la animación norteamericana experimentó uno de los periodos de mayor lucidez. Los grandes estudios de cine de Hollywood contrataron pequeñas casas productoras de cartoons para contrarrestar lo que fue, en primera instancia, la arremetida de los estudios Disney con sus primeras animaciones a finales de la década de los veinte y sus famosas Silly Simphonies, de la década de los treinta. De esa forma los estudios de la Universal contaron con las animaciones de Walter Lanzt, entre las que se destacó un personaje: El pájaro loco (Woody Woodpecker); la Warner Bross contrataron una productora como la de León Sleshinger, y con ella todo el staff de locos personajes como Bugs Bunny, Daffy Duck y Porky Pig; la Metro Goldwin Meyer contó entonces con Tom y Jerry, creación de la pareja que luego hizo de las suyas en los dibujos animados de la televisión de los sesentas y setentas: William Hanna y Joseph Barbera y posteriormente la Twienty Century Fox tuvo a Paul Terry con su personaje Super ratón ( Migthy Mouse ). Este periodo de los treinta y cuarenta, en la animación, dio para una serie de innovaciones narrativas que luego influenciaron todos los cartoons posteriores: las metáforas visuales, como cuando un personaje se convierte en burro ( dunce! ) o en un chupeta ( sucker! ); la paradojas físicas, como no caer por un precipicio antes de que el personaje mire hacia abajo o la mandíbula inferior que cae después de ver una linda chica; las parodias al cine en innumerables cortos animados en donde se podían distinguir personajes de Hollywood como Clark Gable o Marlen Dietrich; el absurdo, como no morir nunca, a pesar de las explosiones, de los disparos y de innumerables accidentes que sufre un dibujo animado en un cortometraje.

Dentro de toda esa amplia gama de creaciones surgió, en la década de los treinta, una mujer de los dibujos animados que enloqueció a los norteamericanos, una encantadora jovencita que combinaba la inocencia y el atractivo de una sex symbol , se trataba de la creación en historieta de Grim Natwick, que luego inmortalizaría Max Fleischer en sus animaciones, esa chica ingenua pero con una gran sensualidad a flor de piel es Betty Boop.

Los hermanos Max y Dave Fleischer, que luego trabajaría para los estudios Paramount, fueron grandes innovadores en la creación de dibujos animados: inventaron el rotoscopio, una suerte de aparato calcador de imágenes reales, en moviendo, que reducía el tiempo y el dinero en la producción de animación; también experimentaron con la ilusión de las tres dimensiones para los fondos de animación en dos dimensiones. Con Betty Boop iniciaron esta serie de invenciones, pero esa niña sensual, con ligero, con una mirada entre picara e ingenua, no fue desde un principio así. Betty Boop inició su carrera, en 1930, con un cortometraje llamado Dizzy Dishes (Platos Vertiginosos) , en ese entonces era una extraña combinación de canina antropomorfa. Lo que en sus primeros cortometrajes fue una perrita humanizada, poco a poco se fue convirtiendo en una mujer que se ganó su propio puesto como femme fatal, con sus cabellos rizados al mejor estilo de los locos veintes, unos grandes ojos enmarcados por largas e insinuantes pestañas y con unos labios diminutos aunque muy provocativos . Pero Betty no sólo era una linda chica, con una corta e insinuante falda, que dejaba ver un sensual ligero, también fue la personificación en dibujo de la mujer moderna, trabajadora y exitosa, si bien es cierto que andaba por ahí como una cualquiera también hacía valer otras cualidades que no pertenecían específicamente a la curvas femeninas o a la entrepierna. En innumerables cortometrajes los Fleischer hicieron que Betty tuviera que sortear viejos verdes, como en el caso de un abusador patrón que ejercía sobre ella un acoso sexual o, incluso, con fantasmas picarones, que sólo querían de ella renovar sus vínculos con el mundo material a través del contacto sexual. Betty sorteó todos los obstáculos que le imponía una sociedad machista que, por el sólo hecho de vestir de manera atrevida, creía que podía acceder a sus encantos femeninos, pero ella jamás se dejó y, lo mejor de todo, nunca quedó como una mujer pacata, retraída o inocente sino que gracias a su soltura, en su vestir y sus maneras de hablar, caminar, cantar o besar, se ganó a todo el público masculino de la década de los treinta y posteriores, antes de que otras mujeres del cine, como Marilyn Monroe, explotaran otro tipo de sensualidad y sexualidad en la pantalla.

Álvaro Vélez. Publicado por la Revista Universidad de Antioquia (edición 281, Medellín, jul-sep, 2005).