Abril de 2006

En la Feria del Libro de Bogotá

Yo me siento muy alagado con la gente que me escribe y me dice que le gustan mucho los dibujitos y las vainas que se dicen aquí en el diario y en el sitio en general, obviamente la intención es congraciar, hacer que yo me sienta bien y lo logran. ¿Pero sabes cómo me siento mil veces más alagado? ¿Cómo se nota que realmente te gusta lo que yo hago aquí? Pues comprando mis fanzines. No hay ninguna trampa, es así de sencillo: si de verdad te gusta toda esta paparrucha y si quieres que Truchafrita tenga un aliciente para seguir haciendo esto pues cómprale los fanzines que no son para nada caros y te regalan, eso creo, un ratico de sano esparcimiento. Esta directa viene al caso precisamente porque esta noche parto para Bogotá, a la Feria del Libro, y que rico sería que quienes escriben diciéndome que viven el la capital y que no pueden conseguir los fanzines pues se acerquen al stand (creo que es en el pabellón juvenil) y se los lleven. Y si les queda gustando el muchacho que vende los fanzines, si les parece que es muy simpático pues también lo pueden invitar a una cervecita, a una fiesta, a una marranada, a un asado o a consumir drogas que yo estoy seguro que él, si no tiene un compromiso ineludible adquirido con anterioridad, no se va a negar.

Chao, nos vemos en la capital.

PD1: Ah, voy a estar en la Feria del Libro hasta el próximo martes 2 de mayo.

PD2: te regalo otro cómic, ya que por fin tuve tiempo para dibujar.

27 de abril de 2006

Un bus infestado de negros que no me asustó, una mesa de hotel que arroja monedas o pequeña crónica de mi más reciente viaje a Urabá (Antioquia)

Yo no soy un tipo muy recorrido, mis experiencias de viaje se resumen en una ida a Miami y otra a Nueva York, varias visitas a Bogotá, a otras ciudades menores de Colombia y mis más recientes correrías por regiones antioqueñas. Precisamente una de esas última correrías fue por la región de Urabá (al municipio de Turbo con paso, a vuelo de pájaro, por Apartadó) . El avión me deja en el aeropuerto de Apartadó (si fuera más preciso diría que el aeropuerto pertenece más bien a la jurisdicción de Carepa), de ahí tomo un taxi hacía el casco urbano y una vez ahí tomo una micro buseta hacía Turbo. Aquí voy a parar y contar primero un viajecito que hice hacia el Bronx -claro, cuando fui a Nueva York- en un autobús que tomé en Manhattan dizque para conocer mejor la ciudad. Resulta que mientras el autobús se iba acercando al Bronx se fue, paulatinamente, desocupando de los yuppies de Manhattan para ser ocupado por negros del distrito norte de Nueva York. En cuestión de una hora (los buses son muy lentos y el trayecto es muy largo) el autobús estaba colmado de negros y yo era el único "blanco". Yo no soy un tipo racista, esas maricadas me tienen sin cuidado, pero debo admitir que me sentí intimidado al ver que estaba completamente rodeado de negros. Con mis temores a flor de piel un negro se volteo de su silla, adelante de mí, y me dirigió la palabra, unas frases que no entendí (yo no sé inglés), sonreí tímida y temerosamente, esperé la próxima parada del autobús, me bajé en el corazón del Bronx y, apresuradamente, busqué una estación del subterráneo para devolverme a la acogedora y ascética Manhattan. El incidente me había perturbado hasta el sol del pasado viernes, cuando por fin despeje una duda personal, pues no me sentí acorralado como en la anterior experiencia en Nueva York.

Resulta que en mi viaje de Apartadó a Turbo, en micro bus, pasó lo mismo que en Nueva York pues a partir de un momento el micro bus hizo el resto del recorrido con un único "blanco" (es decir, yo) en medio de pasajeros negros. No me sentí intimidado en lo más mínimo y mientras me sorprendía, durante el trayecto, de que el temor no hubiera aparecido me preguntaba también que pasaba, por qué la diferencia. He llegado a una conclusión que tiene que ver con la cultura: pensaba, durante el mismo trayecto, que no me intimidaba que esa gente fuera blanca, amarilla, transparente o con puntos rojos en la piel pues, al fin y al cabo, era gente con la cual yo podía comunicarme, sabía español, qué maricada tan sencilla y, al mismo tiempo que güeva haberme sentido intimidado en Nueva York -bueno, podría argüir que eran otros tiempos (hace ocho años), era más joven y más idiota que ahora-. De todas formas juzga tú si soy racista o no. Yo sigo insistiendo que esas vainas me tienen sin cuidado.

O hablaban español o de hecho perdido varios miedos. Por ejemplo, perdí el miedo a volar (de eso ya hablé hace unos días) y, al parecer, estoy perdiéndole miedo a las situaciones paranormales. La verdad es que pocos incidentes paranormales he experimentado en mi vida (sí, soy un tipo tan aburrido), aunque sí te puedo hablar de una mesa de hotel que arrojaba mis monedas y ya vos pensarás si se trata de algo fuera de lo normal. Habitación 402, Hotel José Almirante (Turbo, Antioquia), ahí me hospedé y ahí puse, sobre una mesa, unas monedas el sábado en la noche después de salir a comer y vaciar los bolsillos de mi pantalón, me puse la piyama y me acosté a ver TV. Quince minutos después una moneda de $50 cayó al suelo, la recogí y seguí viendo TV. Unos quince minutos después se cayó otra moneda de la mesa (esta vez de $500), me pareció extraño el incidente, revisé bien donde tenía las monedas y comprobé que estaban casi en el centro de la mesa (así pues imposible que se hubieran rodado). Acomodé las monedas en dos torres de a seis o siete monedas cada una, me fui a cepillar los dientes y cuando volteé las dos torres estaban derrumbadas (pero que no cunda el pánico, que esta vez ninguna moneda cayó al piso). "esto está raro", me dije a mí mismo. Pero yo soy un tipo que se rige por el raciocinio y la lógica -en la mayoría de las veces- así que trate de buscarle explicaciones lógicas al evento: un ráfaga de viento (jua, jua, sí claro, si no hay ventanas, a lo sumo una pequeña claraboya en el baño), la mesa desnivelada (posiblemente el fenómeno hubiera sido explicable si las monedas se hallaran verticalmente pero las monedas estaban acostadas, horizontales), un temblor (quizás, pero un temblor que haga que se caiga una moneda del centro de una mesa, ya no es temblor, ya es un buen sacudón y ni los huéspedes ni yo sentimos nada). Conclusión: un fantasma, una entidad que estaba jugando conmigo. Fantaseé acerca de un alma en pena, un asesinato en la habitación 402 del Hotel José Almirante y ya sabes que un asesinato en Urabá no es nada del otro mundo. Decidí no perturbar aquella alma atormentada por no encontrar su camino hacia otros niveles, apagué la luz, apague el TV y, mientras hacia esto, tuve todo el cuidado del mundo de no mirarme en un gran espejo que había enfrente mío, junto a la mesa que arrojaba mis monedas.

Mucho calor el viernes (¡Qué calor tan hijueputa!), un poquitín menos el sábado y ayer domingo una lluvia que aplacó el tórrido clima y permitió que este, tu servidor, se fuera más relajado a tomar el avión de vuelta a casa.

Un saludo a Turbo y a la región de Urabá en pleno, a los muchachos y señores que serví con mis humildes conocimientos sobre impresos, a las niñas y señoras de Turbo que me sorprendieron porque parece que son muy tenaces ("no comen de nada", como se dice aquí en Medellín). No saludo a los dueños de los bares y discotecas porque ponen la música muy duro, y eso que no entré a ningún antro, tan sólo pasé en frente (literalmente duelen los oídos al pasar a cuatro o cinco metros de esos descomunales parlantes), pero sí saludo especialmente a Braulio Uribe, por ser ya más amigo, por tenerme en cuenta como compañía para los almuerzos y las comidas, para los paseos por las calles de Turbo y por la conversación, acerca de la especie humana, su civilización, su evolución y otros grandes temas, que le sale tan fluida a él y que hace que yo también quiera hablar (mantener una conversación durante dos horas, conservando el interés, no es tan fácil).

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Un sorpresa que aún sigue viva: tan grande que estoy y todavía me sorprende que un avión, un aparátejo tan pesado y, supuestamente, tan obsoleto pueda volar. No es que desconozca por completo la aerodinámica pero no deja de sorprenderme que esos chismes sean capaces de alzarse en el aire.

Chao Turbo, quizás me demore mucho tiempo en volver.

PD: ah, olvidaba decir que no recomiendo para nada el Restaurante Cactus, porque uno pide tilapia en el almuerzo y le traen media, a Braulio le dieron de la cola hasta la mitad y a mi me dieron de la mitad hasta la cabeza, no hay derecho.

24 de abril de 2006

Una vez más en defensa de los cómics

El cómic se ha mantenido oculto entre las minorías a pesar de haber nutrido sin descanso al cine, al celuloide, con argumentos y personajes obscenamente lucrativos, y eso demuestra que seguimos enfrentándonos a una de las manifestaciones artísticas más indigestas e incomodas para los devoradores de cultura. La viñeta siempre ha esquivado a las masas y, con un empecinamiento pollino, ha tratado de eludir constantemente los caminos que la música, el cine o la literatura han tomado en pos de la aceptación masiva. No hay explicaciones plausibles que determinen las razones por las que todavía hoy, en estos días de mercantilismo agresivo, los cómics sigan siendo uno de los asideros más firmes para los escaladores de la cultura marginal. Lo cierto es que en la actualidad, no hay otro medio adaptado a las exigencias con semejante capacidad de subversión, sorpresa y reivindicación. En el tablero del ocio, el tebeo es una rara avis que juega con otras fichas y sus propias reglas, un fascinante arte que, alejado de la protervia industria, todavía conserva un ápice de autenticidad y consigue apartarse de los sutiles embelecos procedentes de tantos y tantos escenarios, libros y pantallas de cine. Fascinación en estado puro.

Tomado de Óscar Broc, Cómics: plan de huída para inmensas minorías. En: Teen Spirit. De viaje por el pop independiente, coordinado por Javier Blánquez y Juan Manuel Friere, Grupo Editorial Random House Mondadori, Barcelona, 2004. pág. 460. Después de una introducción en el ensayo (a la que pertenece el extracto anterior) el autor hace una serie de pequeñas reseñas de obras en cómic: Peter Bagge, Odio. Chester Brown. El playboy. Charles Burns, Black Hole. Daniel Clowes, Ghost World. Roman Dirge, Lenore. Eric Drooker, Flood! A Novel In Pictures. Julie Doucet, Diario de Nueva York. Miguel Ángel Martín, Brian the Brian. Alan Moore y Stephen Bissete, Hellblazer. Terry Moore, Stranger in Paradise. Grant Morrison, Los invisibles. Adrian Tomine, Sonámbulo y otras historias. Andi Watson, Skeleton Key. Chris Ware, Jimmy Corrigan: The Smartest Kid on Earth. Jordan Crane y su revista de antología de autores Non.

Trágate esto amiguete de los cómics de superhéroes y del manga asquerosamente mainstream.

19 de abril de 2006

Querido Diario:

¿Cuál es el punto exacto? Cuando no hay trabajo se llora porque no se tiene plata, cuando si lo hay se anhela estar desocupado para poder hacer dibujitos, escribir maricadas y rascarse la barriga. Qué pena contigo mi querido diario, te pienso en el bus, en las miles de vueltas a talleres de impresión, al discutir con la gente de la academia, en los viajes a las regiones de Antioquia, siempre pensando que decirte, siempre queriendo poner cosas aquí, seguir escribiendo vainas y hacer uno que otro cómic o, por lo menos, un dibujito que te ilustre. Ay, qué pena contigo tenerte tan abandonado, es que es mucho trabajo para seguir pagando cuentas y comer papa, y llora uno porque no se puede hacer unos pesos dibujando cómics y cuando las puertas se empiezan a abrir y se da uno cuenta que ya si le pueden pagar a uno algo por una narración dibujada los otros contratos no dan espacio para relajarte, fumarte un cigarrillo, escribir un corto argumento, dibujar en lápiz, entintar y resolver el cómic final en digital. Hasta los viajecitos se van dañando: con las ganas que tengo de ir a Bogotá, a mostrar fanzines de cómics, impresos, en un pabellón de la Feria de Libro plagada de plastilinas y caricaturas. Como me saboreo ir hasta la Feria del Libro y sacar, como Jesús (¡Resucitó otra vez! ¿Ya te enteraste?), una vara para sacudir todo ese montón de mercaderes y mercachifes del "templo". Bueno, el viaje aún no está cancelado, estoy tratando de hacer todo lo posible por ir el puente del 1 de mayo, ojalá mis trabajos le den un espacio a mi más ferviente amor: el cómic (ya lo sabías pero el amor hay que alimentarlo todos los días).

Perdón diario por no escribirte, perdón por no contarte más cosas y, últimamente, con la regularidad que siempre he querido. No te sientas defraudado de mí pues pronto volveré a tu seno, como el desocupado, el vago, que siempre fui. Vagabundo del trabajo convencional pero aguerrido trabajador de lo superfluo (¡Siempre luchando por los cómics!).

Una medio lectura por estos días: Teen Spirit. De viaje por el pop independiente, coordinado por Javier Blánquez y Juan Manuel Friere (medio lectura por las obvias razones que expliqué arriba: ¡No tengo un puto rato para leer! También porque el libro es de Rodrigo, que vino unos días de Bogotá, y toca hacerle a cuenta gotas porque no me lo quiere regalar). Ensayos recomendados hasta el momento: los ya leídos, es decir, El indie pendiente: penas y alegrías de la causa alternativa en España, por Esteve Farrés y el apendice III: Cómics: plan de huida para inmensas minorías, Por Óscar Broc.

Chao.

18 de abril de 2005

Para qué un fanzine o los demás medios alternativos

Otra vez apelo a Cristina de la Torre*:

Con el surgimiento de una nueva cultura mediática aparecen en Colombia nuevas formas de representación política. Política y cultura letradas en Colombia se ven desplazadas por códigos y formatos audiovisuales que se resumen en lo ligth. De esa manera contribuyen los medios a la crisis de las viejas formas de representación política.

La desintegración política no obedece apenas a la crisis ideológica y organizativa de los partidos. Escribe Martín Barbero [Jesús Martín Barbero. Miedo a los medios. Política, comunicación y nuevos modos de representación, Bogotá, Iepri-Fescol, 1997] que ella remite también a la secreta conexión entre la fragmentación del discurso político que la televisión produce y la desintegración del entramado de tradiciones e interacciones que le daban consistencia al sindicato y al partido político de masas.

"Cuando el don de la palabra es restringido por el manejo de la imagen, cambian las estructuras comunicativas sobre las que se apoyan tanto las relaciones de representación como las estrategias de negociación y decisión" [Norbert Lehner, citado por Jesús Martin Barbero, Miedo a los medios. Política, comunicación y nuevos modos de representación, Bogotá, Iepri-Fescol, 1997].

Cuando lo público se identifica con la televisión, se desfigura la política. El espectáculo se impone y el discurso se transforma en puro gesto e imagen. Puede cambiar las preferencias electorales, pero no alimenta el debate ideológico ni forma convicciones.

Por otra parte la imagen termina sustituyendo a la realidad y el político termina prisionero de sus imágenes. La videopolítica sustituye a la política, como el consumidor sustituye al ciudadano. La fragmentación de la ciudadanía es el preámbulo del elector como puro consumidor en el mercado electoral.

Todo este fenómeno se desarrolla a la par con la hegemonía aplastante del pensamiento único que acompaña a la globalización. Cuando la prensa libre nació, hace un siglo, a los tres poderes de la democracia se sumó este poder, cuya función era controlar a los otros tres cuando estos fallaran [Ver Ignacio Ramonet, Cómo nos venden la moto, Bogotá, Fica, 2002].

Pero en lo últimos quince años la prensa se convirtió en grandes conglomerados mediáticos "que funcionan para la globalización", como cualquier grupo económico. La prensa ya no es un contrapoder, es el único poder que no tiene oposición; y un poder sin contrapoder tiende naturalmente a ocupar todo el espacio. Los medios se están convirtiendo en el poder ideológico dominante.

Esta tendencia no ha hecho sino acentuar la tradición elitista de la prensa colombiana. María Teresa Herrán [María Teresa Herrán, UN Periódico, Bogotá, agosto 17/03] denuncia "una creciente y cada vez más asfixiante concentración de medios" en nuestro país.

Aquí todo el poder manipulador de los medios recae, para mayor desconsuelo de la democracia, en un puñado de personas.

* Cristina de la Torre, Álvaro Uribe o el neopopulismo en Colombia, Medellín, La Carreta Editores, 2005. págs. 111-112.

12 de abril de 2006

Querido Diario:

Me he convertido en un agente viajero. Del jueves al viernes estuve en Andes presentando una película y desde el sábado hasta ayer lunes visité Turbo, en la región de Urabá (¿Te acordás Lolo cuando Urabá era casi un república guerrillera? ¿Todavía lo es? ¿Pero paramilitar? Bueno, yo no vi mucho pero te creo). El sábado salí de la ciudad de la "eterna primavera" (Medellín, la misma que los europeos imaginan violenta hasta los cogotes, al mismo tiempo que piensan en sus ciudadanos como primates viviendo en árboles. Aunque habría que decir que, en ciertos casos, tienen razón), hacia una región infernal por su clima, aunque por fortuna llovió en Turbo y el calor estuvo más soportable (como pasó también en Puerto Triunfo. Si en algo es sido de buenas es con el clima con el que me han recibido los municipios a los que he ido últimamente). Y otra vez de vuelta a la casita y a mi Medellín que tanto odio y también quiero, a subirme otra vez al árbol y a continuar con mi primitiva vida.

Para mí semana santa no significa mucho. Ya sabes que no me considero católico y, más aún, no creo en Dios (aunque a veces lo invoque por la costumbre: "Dios mío, que no pase nada", como me decía a mí mismo cuando vi el mosquito de 10 pasajeros que me llevaba hacia Urabá, pero el vuelo salió a las mil maravillas), yo no tengo vacaciones porque no trabajo en oficina ni tengo patrones fijos, no tengo estrés y por lo tanto no necesito "descansar" del trabajo o, digamos quizás, que por mi trabajo tengo vacaciones todo el año -¡Qué chimba! ¿No te parece?-. Semana santa me dará, eso sí, unos tres o cuatro días en los que los clientes no llamarán y podré dedicarme por fin a terminar unos trabajos de amigos y clientes que no había podido terminar por mi nueva condición de agente viajero. Espero que me quede un huequito también para dibujar y para escribirte cositas porque te tengo un poco descuidado.

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Otra cosa: el viernes vi Syriana (Stephen Gaghan, 2005) y no me gustó, es la misma media tinta de Traffic (Steven Soderbergh, 2000) pero no con las drogas sino con el petróleo, y lo más descarado es que ambas son del mismo guionista: Stephen Gaghan (mejor dicho, el hombre tiene mal molde, que lo cuide bastante para que no se le vaya a quebrar). Ayer vi V for Vendetta (James McTeigue, 2005) y no me enloqueció, está por encima del promedio de Hollywood pero nada demasiado extraordinario. No he leído el cómic (Pienso que Vertigo, de DC Comics, es la misma mona maluca con otro vestido de seda) pero ya lo puse a bajar a ver que tal es y para darme cuenta si el cómic es tan insulso como el film. Si te gusta el verdadero cine de resistencia consulta a Peter Watkins. A propósito, ¿alguien tiene Evening Land (Peter Watkins, 1976)? Es que me la quiero ver y no la encuentro para bajar, si me la prestas habrá recompensa.

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Un logro del fin de semana: parece que superé el miedo a volar, eso está muy bien y demuestra que yo, a pesar de todo, aún puedo superarme en cosas y dejar atrás esas maricaditas y mieditos de preadolescente.

Bueno, chao.

11 de abril de 2006

Es crear mi propio universo

No puedo negar que a veces no dan ganas de dibujar. Después de hacer cómics para un fanzine (como en el caso del reciente Cuadernos Gran Jefe, edición número tres), de un par de encargos en ilustración y una historieta más para una publicación en Medellín, no quedan muchas ganas de seguir con un trabajo continuado. Afortunadamente ese lapso de tiempo de "asqueo" desaparece en unas semanas y vuelve uno otra vez a intentar hacer la "obra de su vida" (desconociendo de manera ilusa que "la obra de su vida" es, precisamente, la suma de todas las obras de la vida).

Recuerdas que te había prometido, por allá en enero, que iba hablar acerca de la creación, pues aquí voy. Bueno, a describirte ciertas sensaciones acerca de lo que yo creo que es la creación, desde mi punto de vista de dibujante (dibujante, jamás caricaturista y mucho menos artista). El dibujo para mí es la representación más pura y simple de lo pictórico, aunque no es, digamos, "la prueba reina" de las artes (ya sabes que esa es la música), pero obviando lo último y retomando lo primero hace que cada vez me guste más dibujar, construir representaciones del mundo real tan sólo con la ayuda de unas cuantas líneas trazadas en un papel (qué bonito, ¿no te parece qué eso es lo que hace que el dibujo sea algo especial?).

El trabajo en cómic requiere, por lo menos, contar con dos perspectivas: lo pictórico (el dibujo) y lo narrativo, es por eso que se distancia de la caricatura. Uno tiene que tener cosas que contar y saber como contarlas con una secuencia más o menos coherente de dibujos. De ahí que, en muchas ocasiones, el cómic sale a medio hacer: un buen dibujo en una regular historia o lo contrario (aunque yo valoro más una buena historia mal dibujada). De ahí también que la mayoría de las creaciones en cómic, por lo menos en lo que a mi trabajo concierne, salen regulares, porque no es fácil encontrar el punto exacto en donde la historia y el dibujo sean buenos. De eso se alimenta la creación, de la constante búsqueda por alcanzar la representación que diga todo lo que se anhela decir cuando la obra está apenas gestándose en la cabeza, uno siempre imagina que el cómic que va a trabajar va a ser muy bueno, la primera sorpresa es de desilusión pues, a medida que avanza el trabajo en el papel, uno se va dando cuenta que la idea es muy superior a lo que queda plasmado en el papel, pero así y con frustración incluida hay que continuar (el proceso de creación es eso, darse cuenta siempre que las cosas nunca serán como uno más quiere que sean), seguir a pesar de que el "castillo de naipes" se derrumba mientras la idea va apareciendo en el papel. Si el lápiz sobre el papel quedó aceptable, la tinta va a agregar errores que no existían en el boceto, los globos y la rotulación van a ocultar partes importantes del dibujo y todo sumado a la incapacidad de no poder dibujar mejor una calle, una mano, un rostro o una mujer, esa última es mi gran frustración, no dibujar bien a las mujeres, algunos creen que es una misoginia oculta -porque ya me lo han dicho- pero nada de eso, si yo a las mujeres las adoro ("dejad que la mujeres se acerquen a mí", digo yo, además porque con los niños no creo llevármela muy bien). "Si pudiera hacer esto en color", "si tuviera forma de usar un mejor papel", "si el formato fue más grande", "si me pagaran por esto", me digo a mí mismo mientras voy montado el cómic al digital y voy aceptando que tiene que quedar en escala de grises, a un treinta y dos avo de pliego, que seguramente tendrá que salir en un papel barato y, encima, me va tocar pagar la impresión del fanzine a mí. Vale huevo todo lo anterior cuando el cómic está listo en el digital -el proceso de impresión será otro cuento-, se obtiene un momento de infinita satisfacción que, dependiendo de como esté facturado el cómic, durará unos cuantos minutos o un par de días, luego viene la caída y el más reciente cómic, como todos los que le precedieron, empiezan a mostrar sus lados malos, pero la pequeña obra ya está ahí y la siguiente idea empuja para continuar el ciclo de frustración que para mí es crear.

La búsqueda es lo único que te hace seguir dibujando, errar y volver a intentar, experimentar paso a paso lo mismo: la idea maravillosa, la primera frustración de cambiar del formato mental al material, aceptar las incomodidades de la propia manifestación (creo que hacer música es menos frustrante, por lo menos cuando uno piensa que lo resultados pueden ser mucho más rimbombantes, como un concierto, así lo que se haga sea muy regular), ver como se va diluyendo la idea del lápiz a la tinta y de ahí al digital, el "golpe de azúcar" o la felicidad repentina del trabajo terminado y la última caída cuando uno se da cuenta que lo que hizo le falta mucho y que, como ya dije, es en definitiva lo que te impulsa a volver a coger el lápiz a ver si resulta a la segunda (luego uno se da cuenta que ni a la segunda, ni a la tercera, ni a la cuarta, pero jamás "ni a la última" porque esa no va existir, por lo menos de forma voluntaria). ¿Entonces por qué publicás si, al final, no estás conforme con los cómics? Preguntás vos y yo te contesto que conforme sí, feliz y satisfecho no. Por estar conforme se publican (cuando no me gustan no salen) y, sobre todo, porque tienen que salir, no se pueden quedar guardados, porque qué gracia tendría entonces crear si no hay un espectador. Luego mandar a imprimir en un proceso que se no se tiene un buen control porque el que imprime es el dueño de la litografía y, después, a distribuir porque ni lo uno ni lo otro, en historieta, interesa a nadie aquí -ya me he explicado acerca de ese asunto en muchas partes de este diario, así que para qué repetirlo más-.

De todas maneras cuando uno ve en conjunto todo el proceso, cuando sostiene uno el pequeño fanzine, acabado de salir del taller, la felicidad también llega como un "golpe de azúcar", una vocecita que te dice por dentro que sos capaz de hacer algo, que estas vivo, que al fin y al cabo estás comprobándote a vos mismo que sos un ser humano, porque para mí eso es lo que me hace humano, crear. ¿Crear qué? Para esto voy a remitirme a el poeta y dibujante Elkin Restrepo, a quien tengo el enorme gusto de conocer. Dice Elkin en un librito editado por Comfenalco, a propósito de una exposición suya de dibujos y poemas: "Quizás podría decirse, que lo distingue a un artista de un hombre meramente hábil, aunque casi siempre lo uno supone lo otro, es la posesión de un mundo propio. Temas, formas, contenido, de repente se organizan de un modo que sólo a él corresponde, dándose paso a ese tipo de verdad necesaria que toda autentica obra ofrece a la vida".

Bueno, chao.

PD: aunque debo insistir, yo soy dibujante de cómics más no artista.

4 de abril de 2006

 

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