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Abril de 2009

Querido Diario:

Estos últimos días han sido bastante agitados, por eso no te había vuelto a escribir. Pero como siempre, y como ya tú sabes, vuelvo a vos para contarte algunas de mis cosas.

Una de las cosas buenas, que me sucedieron en estos días, es que por fin pude conseguir la tinta Rotring que tanto me hacía falta para trabajar en mis cómics. Después de que mi novia supiera del asunto, de mi problema con la tinta, pues se apropio de tal forma que logro averiguar en dos partes donde aún quedaban existencias de la marca Rotring (resulta que la empresa alemana fue liquidada para crear una nueva compañía, por eso la tinta fue descontinuada. Sin embargo, parece que a corto plazo la nueva compañía volverá a producir la tinta de rapidografo que tanto me hace falta). Como la mona es arquitecta pues ella sabe donde venden este tipo de cosas -mucho más que yo, que soy... Bueno, yo no soy nadie-, así que se comunicó con el encargado de un local que funciona como librería y almacén de implementos para arquitectura y artes plásticas, llamado Rafael Esteban, al mismo tiempo que averiguó en otro llamado Arquitempo. En los dos quedaban existencias de la tinta, pero no en su empaque original, lo que pasó es que envasaron, de un recipiente más grande, algunos tarritos de tinta para así vender al menudeo un recipiente que era muy difícil vender de una sola vez. En Rafael Esteban me enteré que ya habían cuatro tarritos de tinta reservados, así que sólo quedaban otros cuatro (¿quién en esta ciudad estará buscando esa tinta con tanta insistencia como yo? Bueno, eso me demuestra que el único neurótico no soy yo, hay por lo menos dos más en Medellín), de los cuales compré dos, porque no tenía más dinero (aunque prometí volver por los dos restantes, ojalá nadie vaya por ellos. Claro que estos dos tarros de tinta me pueden durar por ahí dos años).

Con los dos tarritos de tinta Rotring volvió la felicidad, o por lo menos el encanto de entintar: el rapidografo corre suave, las líneas son constantes, regulares y precisas, y no hay que corregir tantos errores en el digital. Eso es lo bueno, lo malo es que he tenido que dibujar tanto y entintar tanto que no le he podido sacar el gusto, a la vuelta de la tinta Rotring, con toda la tranquilidad del mundo.

Por eso mismo es que no te había escrito querido Diario, por lo tremendamente ocupado que estoy (justamente ahora saqué un ratico para escribirte esto y no abandonarte más). Estoy a punto de terminar la edición número seis de Cuadernos Gran Jefe, titulada Medellín en cuatro actos, si todo sale bien la próxima semana podría llevarla a la imprenta y, quizás, alcance a llevarla a un evento en la ciudad de Armenia, donde me han invitado para el tercer fin de semana del mes de mayo. Lo que sí es seguro es que la revista tendrá que estar lista para presentarla en el Festival de Viñetas Sueltas, en Buenos Aires (Argentina), al cual me han invitado algunos colegas del cono sur y que gracias a los comentarios de mis amigos Joni y Tomás he entendido que es un viaje necesario para ampliar y compartir experiencias en torno a la creación de historietas. Y pues como a mí no me gusta ir a ese tipo de cosas con las manos vacías, además de toda la colección de fanzines de la Editorial Robot pues me gustaría -y de hecho lo haré- llevar y hacerle el lanzamiento, en el festival de historietas de Buenos Aires, a mi nueva edición de Cuadernos Gran Jefe.

Estoy muy contento por el viaje a Argentina, tengo muchas expectativas (sobre todo por lo que me cuentan Joni y Tomás). Así que espero que cuando se concrete, a finales del mes de mayo, pueda pasarla bomba. Mientras tanto, a trabajar muy duro para que todo quede listo para mi viaje.

Esa es mi mayor preocupación ahora: trabajar bastante para terminar la nueva Cuadernos Gran Jefe y de paso dejar todo listo antes de mi viaje al cono sur. Por eso he redoblado en mi laboro, además de las clases en la Universidad también estoy viajando a Rionegro y al municipio de Caucasia a dictar clases en un programa de regionalización de la Universidad de Antioquia; además los trabajos freelance no paran y ese tipo de cosas no se pueden despreciar pues también contribuyen con las finanzas personales. Así que, a todas esas, estoy en un tren de laboro en el que estoy durmiendo muy poco, saliendo de casa sólo cuando es necesario, revisando trabajos de estudiantes, preparando clase, diagramando, diseñando y dibujando que da miedo (es, en definitiva, la miserable vida del asalariado y freelance...).

Para terminar este pequeño recuento, de dos semanas en que he dejado de escribirte, te cuento querido Diario que la semana pasada me hicieron un programa más de televisión, en un canal local. Al principio tenía mucha pereza de hacerlo pero al final me decidí a aceptar que hiciéramos el programa y la verdad, a parte de algunas pequeñas cosas que no me gustaron, el programa salió bien. Lo que más me interesó es que era un programa de media hora en televisión sólo para mostrar mi trabajo, y eso está bien porque usualmente cuando buscan un dibujante de historietas para un reportaje de televisión terminan es haciendo una miserable nota periodística y, para colmo terminan gozándoselo (eso me ha pasado a mí, por eso me daba pereza hacer el programa). Así que en media hora de televisión se pueden decir muchas cosas y se pueden mostrar muchas también, entonces acepté y el equipo de producción del programa se vino para mi casa a grabarme dibujando, o hablando, o tocando el theremin (que es un instrumento musical que compré hace poco y que apenas lo estoy aprendiendo a manejar), mostrando algunas cositas en animación, o mostrando algunas historietas de mi autoría. Después fuimos a la exposición que tenía en el Parque Biblioteca de San Javier y luego a mi antiguo y querido barrio de Luis López de Mesa.

La ida al barrio me pegó bastante, pero lo que más me conmovió fue la entrada a la escuela del barrio, donde estudié primaria entre los años 1981 y 1985. Hacía como veinte años no entraba en la escuelita y, obviamente, muchas cosas habían cambiando (sobre todo la infraestructura física), pero para mi sorpresa y mi emoción habían cosas que permanecían, como en los salones la atmosfera de las clases de primaria, la profesora en la mesa al frente del salón, los compañeritos, en fin, la entrada a la escuelita de Luis López de Mesa fue un golpe duro para mí pero también muy bonito.

Estaba un poco nervioso que las personas de la producción tomaran las secuencias grabadas de mi entrevista, de mis dibujos, de la exposición, del viaje al barrio y a la escuela, y lo convirtieran en una mierda, en un sancocho de tomas cuyo objetivo era simplemente llenar un espacio de televisión y, por qué no, de paso gozarme a mí y a mi laboro con las "comiquitas". Pero debo admitir que el trabajo, el pequeño reportaje de televisión salió muy bueno (por lo menos es lo más decente que me han hecho en televisión, de unos diez programas, entre locales y nacionales en los que he cometido el grave error de dejarme hacer una "nota"). Esperemos que a partir de ahora, cuando me llamen para hacer un pequeño reportaje o un programa más extenso lo haga tan o mejor como este que me hicieron Ángela Pineda y Mauricio Carmona (imagino también que el programa se debe, en parte, por la beca que me gané el año pasado con el municipio de Medellín. De todas formas ya era hora de que un realizador de televisión entendiera un poco lo que trato de hacer. Bueno, hay excepciones: un programa de televisión pública nacional, Señal Colombia, también me hizo hace unos años un programa digno).

Y hasta aquí vamos, seguiré dibujando y trabajando a ver si por lo menos la próxima semana me tomo unos tragos con tranquilidad, celebrando la pronta salida de la nueva edición de Cuadernos Gran Jefe y el fin, por lo menos momentáneo, de esta carga de trabajo.

Hasta pronto.

27 de abril 2009

Querido Diario:

Esta semana vino Daniel Jiménez, editor de la Revista Larva, para que conversáramos en casa y a traerme la más reciente edición de su revista. Es muy bueno encontrar como esta publicación, que nació hace algunos años en la ciudad de Armenia, ha crecido hasta llegar a esta edición en donde las cosas aparecen en su justa medida. O digamos más bien que el número siete de la Revista Larva ha alcanzado una mayoría de edad, y decir eso para una publicación de cómics en Locombia ya es mucho.

Comentaba meses antes, sobre la edición seis de la Revista Larva, del enorme impulso que le dio el estimulo de la gobernación del Quindío a esta publicación. Si en la edición anterior ya se notaba el salto, en esta séptima edición tal empuje se confirma.

Desde el principio los aciertos se ven en esta nueva edición con una portada de Andrezzinho. Pero la mejora va más allá, en su interior hay una regularidad en la calidad de los cómics (dibujo y contenidos), algunos noveles o dibujantes amateur se codean sin problemas con algunos dibujantes más experimentados; las secciones de textos están en su justa medida con las páginas dedicadas a las historietas; la revista tiene un fácil y agradable diseño que invita a ser leída; y como si fuera poco esta edición ha queda impecablemente impresa (si la comparamos con algunas fallas de la edición anterior). En definitiva, se trata de una trabajo de buena edición y diseño. Daniel me cuenta que este número ha salido mejor que el anterior porque han tenido más tiempo en pensarla y en ármala. Si esa es la causa por la que la Revista Larva salió así de buena entonces espero que tengan tiempo suficiente para pensar bien las próximas ediciones porque, como dice la misma publicación, Larva es la revista colombiana de cómic, y no por ser una de las pocas publicaciones (impresas o en digital) que ven la luz en el país, sino porque realmente está bien concebida y porque recoge una importante porción de lo que se hace en historieta en esta república bananera.

Hasta pronto.

10 de abril de 2009

Querido Diario:

Para iniciar la Semana Santa -que para mí significa una semana de vacaciones de trabajo maluco para poder dedicarme a dibujar- he dejado una historieta en el cómic de esta semana alusiva a lo que celebran los cristianos por estas fechas. Bueno, la verdad es que no hice este cómic por semana santa, sino que se trata de una colaboración para el libro que acompaña el nuevo trabajo musical de la banda Parlantes, llamado Lenguanegra.

Hace un par de meses me llamó Camilo Suárez, vocalista de Parlantes, para ver si yo estaba interesado en hacer una pequeña colaboración en el libro del CD, yo le dije que sí y resultaron cuatro historietas inspiradas en las letras de la banda, la semana pasada monté en esta web el cómic del tema musical Balada de los Ahorcados, y ahora le toca el turno a Vade Ultra. Esta canción está inspirada, en parte, en la película de Simón del Desierto de Luis Buñuel, y yo lo que hice fue reproducir una secuencia de la película en donde Jesús -o mejor Simón- sufre las tentaciones de Satanás, en el desierto (bueno, más que reproducirla sirvió de inspiración).

Nunca había hecho nada igual: dibujar sobre letras de canciones. La experiencia me gustó. Tuve absoluta libertad de hacer lo que me viniera en gana y el resultado me pareció que quedó bien (espero que también le haya gustado, la serie de cuatro historietas, a Camilo y a sus amigos de la banda. Por lo menos sí la publicaron en el librito del CD).

Entonces queda de perlas Vade Ultra como cómic de la semana para esta semana santa. la próxima semana colgaré otra más de esas colaboraciones con la banda Parlantes, mientras tanto espero que disfrutes este nuevo cómic y que tengas felices vacaciones esta semana. Yo por lo pronto a seguir dibujando.

Chao.

6 de abril de 2009