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Junio de 2009

Por una nariz

Truchafrita: Cuando me enteré de su muerte no lo podía creer.
Chimpandolfo: ¿Por qué?
Truchafrita: Porque creí que iba a vivir, por lo menos, unos cien años. Con esa cantidad de tratamientos que se hacía: una docena de cirugías, dormir en una cámara hiperbática, la protección contra la polución y los rayos del sol, en fin, el tipo parecía que lo tenía todo controlado.
Chimpandolfo: Bueno, al final no fue así. Además, la gran mayoría de las cosas que decían de él eran rumores, un montón de cuentos infundados, que no pudieron llegar a ser corroborados justamente por el hermetismo que creó alrededor de su vida privada.
Truchafrita: Es que debe ser muy difícil vivir con tanta fama, asediado día y noche por todo el mundo…
Chimpandolfo: Pero, en parte, fue lo que quiso, ¿o no? Además, no hay que negar que el tipo en realidad sí estaba tocado, le faltaban varios tornillos y eso desde la niñez, por ponerlo a trabajar desde temprana edad.
Truchafrita: Ay señor, y aquí en Colombia que hay tantos niños, contados en cientos de miles, trabajando en oficios mil veces más pesados que los de ese tipo, no puedo ni imaginarme cómo vamos a terminar en unos diez o veinte años.
Chimpandolofo: Pues peor, porque está visto que aquí no hay fondo para tocar, cada vez más mal que antes… Pero siguiendo con el tema de este señor fijáte que igual todo el dinero que tuvo no le sirvió para un pepino.
Truchafrita: Bueno, donó una fortuna para obras benéficas…
Chimpandolfo: Sí, pero me refiero a que a él no le sirvió para arreglarse esos problemas de la cabeza, antes se los complicó, se deschaveto completamente. Es que es solo mirarle la cara en estos últimos años: un monstruo, un Frankenstein, y eso que lo veíamos maquillado y con peluca, imagináte como sería verle la cara en las mañanas, justo después de despertarse.
Truchafrita: Bah, yo creo que eso no importa, lo importante fue lo que dejó, su legado artístico.
Chimpandolfo: Estás equivocado porque eso sí importa, su vida privada nos importa un montón: con quien se casó, si tuvo relaciones sexuales con niños, si dormía en cámara hiperbática, si se sacaba los mocos de esa nariz o si esa nariz ya no daba mocos. Eso es lo que más nos importa porque vos y yo, al igual que todo el mundo, somos unos morbosos y unos tipos que nos gusta hurgar en la vida de todo el mundo.
Truchafrita: Bueno, no sé, quizás tengás razón.
Chimpandolofo: La tengo, el tipo sin esa nariz no hubiera sido tan interesante para mucha gente.

30 de junio 2009

Sobre viajes y eventos (segunda parte)

Ahora que el trabajo de dibujar y publicar historietas se ha vuelto más constante para mí he aprendido una serie de cosas que antes las hacía de manera más intuitiva que pensada, una de esa cosas es la necesidad que siento de una rutina. Algunos lo llaman método, pero es simplemente tener un horario (no tan rígido como quisiera, como esperaría, tener un poco más de voluntad a la hora de sentarme a trabajar, pero creo que, a pesar de la desidia y la pereza, trato de cumplir con las metas que me voy proponiendo y que es sano, al fin y al cabo, ser un poco flexible también), una cierta disciplina que me permita dibujar y trabajar en mis historietas por lo menos cuatro horas al día (si pudiera hacerlo todo el día todos los días sería mejor, aunque trato también de no dejarme vencer por la obsesión).

Quizás no veas todo ese trabajo del que comento aquí en este sitio web. Siempre he pensado que no todo puede ser dado así no más, el trabajo de dibujar historietas es bastante absorbente, requiere de pericia y de tiempo para hacer algo bueno, por eso me parece injusto que tenga que trabajar tanto sólo para subir cómics que los visitantes de este sitio web podrán leer o disfrutar gratis. De eso ya he hablado mucho en este diario: una pequeña parte de mi trabajo está aquí, en este sitio web, pero la gran mayoría de mi trabajo se encuentra en mis publicaciones, ahora la contraprestación es de parte del lector también, si le gusta lo que hago pues que compre mis fanzines y revistas, no todo se puede regalar, y menos cuando uso la mitad de mis días para dibujar.

La rutina sirve precisamente para cumplir con mi trabajo. Ya son pocas veces las que salgo de casa (a menos que tenga que ir a la Universidad, o a tomarme unos tragos una vez por semana, o estar con mi novia). Todos los días me despierto a la misma hora, a media mañana, desayuno, leo la prensa y me siento a trabajar, a escribir algunos guiones, a corregir algunos otros, a dibujar a lápiz, a entintar unos cómics listos o, finalmente a digitalizar y terminar algunas historietas, casi todas van para las revistas y fanzines, algunas van también para la gacetilla de robot u otras colaboraciones en revistas y fanzies, en digital o en papel, dentro y fuera del país. Como te digo, este asunto cada vez me absorbe más. Por eso es muy raro para mí parar de dibujar durante quince días, y más raro aún emprender un viaje fuera del país, romper con una rutina que me gusta mucho y que, precisamente, me permite sentarme cada día a trabajar en mis historietas (si no fuera así entonces no haría nada, por eso creo yo que en Colombia no hay casi gente comprometida con el trabajo de dibujar y publicar cómics, por todo el tiempo, esfuerzo y dinero que implica hacerlo).

Finalmente decidí, y después de varias invitaciones, viajar a Buenos Aires a un Festival de Historietas. Ya he comentado sobre el asunto varias veces, pero en esta ocasión voy a contar un poco de los pormenores de mi visita a Argentina al Segundo Festival Internacional de Viñetas Sueltas.

Con esta salida a Argentina es la segunda vez que salgo de Colombia, la primera fue hace diez años cuando fui a Miami y, sobre todo, a Nueva York, la primera ciudad me pareció un asco, la segunda una maravilla. Salir del país, para mí, es comprobar personalmente cosas que ya sabía: mi primera comprobación es el tremendo aislamiento de Colombia con respecto a Latinoamérica, me refiero sobre todo a la percepción que puede tener el extranjero del país y que tiene uno mismo cuando sale, es verdad que vivimos en una guerra civil no declarada durante varias décadas, pero también es verdad que esa guerra no se libra de forma abierta o directa (estoy hablando de quienes vivimos en las grandes ciudades del país, con excepciones obviamente). Colombia, para muchos es un territorio comanche, donde impera la ley del revolver (como en un western), pero la cotidianidad del país real dista un poco de esa concepción simplificada.

Me bajé del avión que me llevaba a Buenos Aires, por una escala, en Lima. En el aeropuerto de Lima las diferencias empiezan a notarse rápidamente con respecto a mi país: hay una inmensa movilidad de gentes, el aeropuerto internacional de Lima es verdaderamente lo que dice ser: gente de todas la nacionalidades, caminan por los embarques, los almacenes, recogen sus maletas, latinoamericanos, orientales, norteamericanos, europeos (vi una comunidad de menonitas, con sus trajes y sombreros tipicos. Para mí ver esta gente en vivo es como ver marcianos y todo por el cerramiento de Colombia, por este maldito conflicto armado que no tienen la puñetera gana de solucionar ni los gobiernos de turno, ni la guerrilla, ni los paramilitares, ni el narcotráfico. Bueno, ya lo decía Antonio Caballero en su novela Sin Remedio: es que son muchos frentes de batalla. Que todos se pongan de acuerdo es casi imposible. Quizás sólo están de acuerdo en una cosa: seguir matando y acumulando poder y riqueza. Todo ese asunto cada vez me da más asco, más repugnancia, más rabia).

Quizás para eso sirva salir del país, para verlo a la distancia, para comparar y hacer símiles con otras formas de vida, con otras sociedades. Mi paso por la aduana de Buenos Aires fue de los más normal, poco control sobre un colombiano que diez años antes fue llevado a una sala de aduana en el aeropuerto de Miami, ahí permanecí por espacio de quince minutos, junto con mi hermana, a ver si nos ablandábamos, supongo... El que no debe no teme, dicen aquí en Colombia, y la sala de aduana en Miami no me hizo ni cosquillas.

En el aeropuerto me reciben Cecilia Salguero y Lucas Varela, espero un rato con Lucas mientras Cecilia va por otro dibujante: el canadiense Leif Tande. De ahí me llevan a la casa de Ernán Cirianni, quien se convirtió para mí, en cuestión de horas en un gran amigo (así es Ernán, y así es mucha buena gente, se abren sin prejuicios hacia otros que ni siquiera conocen. Ese gesto siempre me ha parecido de lo más noble que tiene el ser humano, aunque la mayoría no tengamos ese don). Ese primer día, en la noche, conozco a Kráneo quien se quedará también en la casa de Ernán durante lo que dure el Festival de Viñetas Sueltas. Kráneo es de una provincia sur de Argentina, exactamente de Neuquén. Con Kráneo también me entiendo muy bien a la primera y empiezo a pensar: será que todos aquí en Argentina son así de buena gente (todos los que conocí en Argentina fueron así de buena gente, debe ser porque yo era un extranjero, o quizás me trataron bien porque pensaban que venía de sufrir los rigores de la guerra civil en mi país, no sé, el caso es que todos en el cono sur me trataron muy bien. Luego me enteré, no porque me pasara a mí sino porque me contaron, que todos en Argentina no son buena gente... Vaya, qué inocente soy).

Más tarde ese mismo primer día conocí a la esposa de Ernán, otra vez buena gente y no sólo eso sino que me di cuenta muy rápido que ella es el polo a tierra de la familia Cirianni, porque Ernán anda por las nubes (bueno, como andamos casi todos los que dibujamos historietas), claro que en este caso por unas nubes, digamos, rojillas: revolución, dictadura del proletariado, trotskismo, en eso cree Ernán, los días que siguieron durante mi visita en Buenos Aires tuvimos la oportunidad de hablar un poco de eso, por ejemplo de cómo yo no creía en la dictadura del proletariado (porque soy anarquista, aunque me toca pensar en la democracia, en una verdadera) y de como Ernán quería venir a Colombia a darle un nuevo aliento al movimiento obrero. Conversaciones, entre hablar al peo y serias, a veces con Juana y Kráneo también (una noche Ernán, que me daba a leer historietas de su biblioteca, quiso adoctrinarme con un texto como de mil páginas escrito por Trotsky, mi primer rechazo fue porque yo eso no me lo podía leer en una noche, luego me di cuenta que en el libro de mil páginas Ernán iba tan sólo como por la 50, me explicó que se lo estaba releyendo pero yo no le creí...).

Los primeros días, antes de iniciarse el Festival ayudé a Ernán a montar la exposición de Carlos Trillo, afamado guionista de cómics de Argentina. Eran casi sesenta planchas que había que montar en sus respectivos marcos, los marcos había que pintarlos también, así que desde el primer día me di cuenta que Ernán no iba a poder terminar de armar todo ese montaje y me ofrecí, junto con Kráneo, a ayudarle (era como un pequeño pago por quedarme en su casa quince días, aunque Ernán se sentía apenado. Pero tranquilo Ernán, cuando vengas a Colombia también te tendré un par de tareas para que me ayudes a hacer).

El primer día comí pizza y comprobé que a lo que aquí le llamamos heladería (que no es porque vendan helados, sino que es un bar de música vieja) es muy parecido a los salones de allá, con la diferencia de que allá venden comida y aquí venden sólo licor, gaseosas y, algunos, tienen servicios de putas. Otros días comí empanadas, que son de la misma forma que aquí pero allá son horneadas, la empanadas de allá se parecen a los pasteles de aquí, porque la empanadas de aquí se hacen con harina de maíz y son fritas, pero muy buenas las empanadas de allá, al igual que las de aquí. Si ves, para eso sirve salir del país: para compararlo a la distancia.

En los días previos al Festival iban llegando los invitados del extranjero, de cada uno de ellos me referí hace unos días en este texto que escribí para robot. La cosa se iba calentando y yo iba viendo que el evento sería más grande de lo que imaginaba. El Festival Internacional de Viñetas de Buenos Aires empezó en forma el jueves 28 de mayo, la feria de publicaciones en la cual yo participaría con mis fanzines y revistas se llenó esa noche, en dos horas vendí lo que no he vendido nunca en evento alguno en Colombia (aunque aquí he vendido bien, pero en todo un día o en dos), pero la cosa se amilanó un poco el viernes, las ventas estuvieron bien, aunque con un bache el sábado porque llovió todo el día, el domingo también fue muy bueno para las ventas. Yo lleve un presupuesto en dinero y me sobraron dólares, pero de los que había llevado porque los pesos argentinos que hice con las ventas de mis publicaciones me los gasté con la compra de una cantidad, en peso, casi igual a la que llevé. Compre cómics argentinos, uruguayos, peruanos, bolivianos y chilenos; compré muchos cómics importados norteamericanos (terminé de comprar lo que me faltaba de Clowes, también me traje a Jason Lutes y algo canadiense), europeos (compre varios libros de Mauro Entrialgo, varias cosas de Jason y unos libros italianos), quería traer más cosas pero ya era demasiado y el peso de mi maleta ya estaba de sobre cupo (se me quedó, porque no lo quise comprar, Black Hole de Charles Burns, otra vez será). Aún me falta mucho por leer, creo que he leído por ahí un tercio de lo que compré pero con calma iré mirando y, quizás, comentando después sobre esas obras latinoamericanas y de otras latitudes.

Mucha gente en el Festival. En Locombia aún no se puede ver tanta gente en un evento de cómics, cuando lo hay... Y gente de todas las pelambres, niños, jóvenes, adultos, viejos, hombres y mujeres; qué bonito ver tanta gente reunida alrededor de las historietas, para mí eso fue lo que más me sorprendió.

Lo que más me gustó del Festival fueron las salidas a comer, o cenar como dicen allá. Restaurantes con deliciosa comida, como en el restaurante peruano, qué rico; o las parrilladas; hasta los panchitos y el sánduche de bondiola, todo muy bueno y relativamente barato (por una comida como la del restaurante peruano me hubieran quitado un ojo de la cara aquí en Colombia, la cerrazón de este país hace que cada cosa extranjera sea un asunto extremadamente exótico y, por lo mismo, muy caro. Si algo le falta a Bogotá, o quizás a Medellín, Cali o Barranquilla es un poquito de cosmopolitanismo, si es que esa palabra existe).

Luego de la cena unos tragos. Eso me gustó poco porque yo soy muy amiguito del licor y me molestaba mucho que hubiera poca opción, a buen precio, para beber: sólo cerveza (que era, de todas maneras, rica), vino o fernet (este último sólo lo vine a tomar los últimos días y me gusto mucho. Tanto que me traje unas botellas a Colombia, lástima que ya me las haya bebido todas). Pero así fuera con cerveza los tragos se pasaban muy bien. Si algo me gusta a mí de tomar trago es para conversar, para charlar animadamente, con soltura, molestar en la conversación con los amigos o conocidos, cosa que aquí (o en mi circulo de amigos, no sé) se hace muy poco. Quizás la falta de bebida espirituosa de más alta destilación (como el ron o el aguardiente, que se toma aquí) hace que la gente esté más entera y no se alteren los ánimos, o quizás es porque aquí en Colombia casi todo el mundo se toma dos tragos y ya quiere pelear con todo el mundo, no sé, el caso es que allá tomarse unos tragos significa también conversar, charlar, molestar, reírse, burlarse, criticar un poco y pasar bueno (aquí no es que no haya de eso, sino que allá con todos los que bebí y conversé si lo había). Y unos tragos después alguien se para y canta algo, como en la fiesta de cumpleaños que le celebraron a un uruguayo en un bar; y se molesta mucho en la conversación (yo llegué a comentar, medio ebrio, que tenía un arma en el cinto, nadie lo creyó por supuesto porque todos sabíamos a que altura estaba la conversación, cómo y con qué se podía molestar. Eso es lo rico de los tragos y conversar afablemente, que todos saben a que altura está cada uno y los otros. Bueno, creo que por ahí alguien si se creyó lo del arma por un rato, yo luego le explique que estaba molestando...).

No soy de los que suelen ir a sitios turísticos cuando salgo de Medellín, me gusta caminar por ahí y que nadie se entere que no soy de ahí. Por eso no fui a la Bombonera, ni al barrio de La Boca; pero si caminé por el centro de Buenos Aires, compré libros de segunda, esos de bolsillo de la Editorial Bruguera, camine por los canales (muy turístico eso sí) y me adentré en la reserva ecológica. En los quince días que estuve en Buenos Aires a duras penas aprendí a usar los buses, me confundía un poco porque no sabía si iban o venían pero luego me enteré que en eso se confundían algunos, hasta los bonaerenses; lo que sí aprendí bien fue a usar el subterráneo, así que caminaba un poco, tomaba una estación, me bajaba y caminaba otro poco, así caminaba más y conocía más (incluso un día decidí no tomar ni bus, ni subterráneo, caminé de la casa de Ernán hasta el centro y del centro a la casa de Ernán, como seis horas me demoré, esto contando también con lo que caminé en el centro de Buenos Aires. Sin ningún afán, estaba de vacaciones y yo vacaciones no tenía desde hacía muchos años).

No dibujé mucho en los quince días que estuve en Argentina. Tan sólo una plancha para la próxima Cuadernos Gran Jefe (la de Chimpandolfo Silente), que ya entinté, monte en digital y quedó de rechupete. Lo que sí dibujé mucho fue para los autógrafos. Al principio sólo ponía la firma pero la gente empezó a pedir dibujos así que gran parte de la feria de publicaciones, sobre todo el sábado y el domingo, me la pasé dibujando dedicatorias. Yo no creo mucho en eso de las dedicatorias por eso no le pedí a nadie que me hiciera una (bueno, sólo a El Bruno, que muy gustoso me hizo un dibujo en su libro), pero veía que la gente le interesaba mucho el asunto, no sé yo soy poco fetichista con la cosa de los autógrafos y los originales, sí me causa curiosidad los últimos porque con los originales se ve como trabajan los demás pero no me enloquezco con esas cosas (no sé, para mí son subproductos del trabajo en historieta, el asunto terminado está en la publicación, en digital o papel. Aunque con mucho gusto ofrezco mis originales a la venta para quien los quiera comprar). Otra cosa que también dibujé mucho fue en papelitos que repartían en la cenas para que cada dibujante hiciera un muñequito, yo me quedé con uno de esos papelitos, que dibujamos en un restaurante-club de barrio (mientras comíamos se podía disfrutar de una juego de microfútbol), donde me comí un delicioso bife de chorizo (esa hojita quizás la monte, en unos días, en el web blog de robot, que se presta más para esas cosas. Además, ahora mismo hay algunas fotos de mi viaje en esta entrada de robot).

En definitiva, mi viaje a Buenos Aires fue de lo mejor. Disfruté como un niño cada cosa (aunque no se me note mucho...). A Ernán, a Juana y a ese niño que es una bomba: Jerónimo Cirianni, les agradezco enormemente el haberme dejado incomodarlos por quince días en su casa. Y a todos los colegas y amigos que conocí en Buenos Aires un abrazo (con beso y todo, como acostumbran allá). Cuando regresé, hace diez años, de Nueva York, después de haberme quedado un mes allá sentía una nostalgia por lo que dejaba y hacía donde volvía nuevamente, ese mismo sentimiento lo tuve esta vez cuando dejé Buenos Aires y volví a Medellín. Al igual que Nueva York, Buenos Aires se quedó con un pedacito de mi corazón, sí sólo fueron quince días pero es que yo son un irremediable llorón.

Hasta pronto.

PD: Ahora, nuevamente a la rutina que tanto me gusta y me permite dibujar historietas. Vuelvo a contar las pocas aventuras que he tenido en papel, y soy muy feliz.

28 de junio de 2009

Querido Diario:

Llego a mi casa, estoy solo pero aún tengo algo de ron, acuesto mi botella de ron en la almohada de la cama mientras escribo en mi diario... Prendo un cigarrillo para seguir escribiendo, termino de teclear y me acuesto para ver por enésima vez Leaving Las Vegas.

Chau.

Nota: Antes de dejar el teclado abrazo la botella de ron y busco otro pucho para ver esa buena película de Mike Figgis.

22 de junio de 2009

Una nueva edición de MR Q.

Ya he comentado que estos mini fanzines de Mr Q. son como un dulce, un caramelo o pequeño pasabocas, mientras voy editando la serie de Cuadernos Gran Jefe. Sin embargo, la colección de Mr Q. crece cada vez más y ya con esta edición número siete, y juntando los números anteriores, se puede decir que ya se tiene un pequeño librito con varios misterios resueltos. En esta ocasión el misterioso tema a tratar es el vudú, y todo en medio de un ambiente circense donde un mono amaestrado es quien cuenta la historia (obviamente, un relato más recopilado por el investigador del misterio Mr Q.).

Después de más de un año aparece entonces una nueva edición de esta colección, espero que para el siguiente número de Mr Q. no me demore tanto (pienso editar tres número más de Mr Q. este año, vamos a ver si tengo alguito de tiempo y los saco), el caso es que toda la colección contará con treinta números así que todavía falta mucho por contar. Este mini fanzine ya está a la venta también en la Librería Palinuro (Cra. 42 No. 54-58), que por años y con algunas otras excepciones en la ciudad (que han ido cerrando...) es el único lugar que me ha ofrecido su espacio para vender esta publicaciones, mil gracias Luis (a Saúl Valencia, a Elkin Obregón y a Héctor Abad Faciolince también, socios de la librería), ojalá otros siguieran tu ejemplo.

Hasta pronto.

18 de junio de 2009

Cuadernos Gran Jefe, número seis

Definitivamente la serie de Cuadernos Gran Jefe va ha conservar este formato de 17,5 x 25 cms, una prueba de eso es la edición número seis. Esta nueva edición salió hace como veinte días, pero aún no había hablado de ella pues el taller de impresión me la entregó un día antes de viajar a Buenos Aires, justo para que me la pudiera llevar y presentarla en el Segundo Festival Internacional de Viñetas Sueltas. Ahora, de vuelta en casa, presento entonces esta nueva edición, para que la busques en la Librería Palinuro (Cra. 42 No. 54-58), aquí en la ciudad de Medellín. Sobre la impresión sólo puedo decir que salió impecable pues este número fue hecho en los talleres de la imprenta de la Universidad de Antioquia.

Este nuevo número de Cuadernos Gran Jefe lleva por subtítulo Medellín en Cuatro Actos, se trata de un recorrido por la ciudad desde finales de la década de los ochenta hasta nuestros días; desde el ascenso de la violencia en Medellín, hasta el presente. Son entonces cerca de veinticinco años condensados en una serie de situaciones que ejemplifican el ambiente de la Medellín de ese entonces, vista por los ojos de un niño que, poco a poco, va convirtiéndose en adulto. El barrio, los amigos, los partidos de fútbol en la calle, pero también las armas, el ascenso del sicariato, de la inseguridad en la ciudad, son algunos de los temas que aparecen el Medellín en Cuatro Actos. Pero lo más importante es que los protagonistas de estas historias de Medellín no son los mismos de siempre: los actores de la guerra, sino muchachos que, como yo, crecieron en un ambiente hostil pero que nunca estuvieron involucrados en ese ascenso del mal.

Terminada la edición número seis y desde ya trabajo en la séptima edición que tendrá un giro radical con respecto a lo que he estado haciendo. Voy a dejar descansar un poco el asunto autobiográfico y me voy a introducir un poco en temas más tranquilos y, quizás, más afables y con algo más de ficción. La próxima edición de Cuadernos Gran Jefe contará con un único protagonista: Chimpandolfo, además preparo unos ejercicios narrativos que me concentrarán mucho para que esta próxima edición salga de rechupete, pues todas las historietas que saldrán en la número siete serán silentes (es decir, sin texto, sin globos), por eso la próxima edición de Cuadernos Gran Jefe se llamará Chimpandolfo Silente.

Bueno, quizás vean un poco más de historietas de la escuela, en una publicación que se llamara Días de Escuela (se tratará de una edición especial de Cuadernos Gran Jefe). Una editorial en Bogotá se mostró interesada en publicar una edición más con historietas sobre la escuela, el contrato ya está hecho, voy a ganar un dinero y además saldrá esta edición especial.

Como ves tengo bastante trabajo para el resto del año, la próxima semana sale la edición número siete del mini fanzine MR Q., pienso hacer tres ediciones más este año y empezar por fin a dibujar mi novela gráfica, que ya está toda escrita (imagino que estará lista al final del próximo año). Pero por el momento, y antes de que todos estos proyectos se concreten, te invito a que adquieras Cuadernos Gran Jefe: Medellín en Cuatro Actos y la disfrutes, porque es para ti (que, en muchos casos, viviste tiempos asesinos…).

Hasta pronto.

12 de junio de 2009

Sobre viajes y eventos (primera parte)

El mes pasado se presentaron varios asuntos que impidieron cumplir con mi cita en este diario de manera constante: en primer lugar tuve una alta carga de trabajo, todo como consecuencia de mi viaje posterior a Buenos Aires, para poder tener tiempo de pasar unos quince días en la capital argentina. El trabajo, sobre todo, en la universidad me hizo viajar mucho a las regiones antioqueñas donde dicto algunas clases, sumado a los cursos que doy en la misma sede en Medellín. Además de eso fui invitado a dos eventos especiales relacionados con la historieta: un coloquio sobre cómic, realizado en Bogotá, y una series de charlas sobre la historieta y estéticas contemporáneas, realizado en la ciudad de Armenia.

El coloquio sobre cómic lo realizó el CERLALC (Centro regional para el fomento del libro en América Latina y el Caribe), que es una entidad afiliada a la UNESCO, entre los días 7 al 10 de mayo en el centro cultural Gabriel García Márquez. Este evento tenía como objetivo acercar al público al cómic y tratar de vislumbrar un panorama de la historieta en le país, tanto desde el punto de vista de sus creadores como de sus posibles lectores, todo con miras a la apertura de una comicteca, la primera del país, en la ciudad de Bogotá (al parecer la apertura de dicha comicteca se realizará a finales de este año, esperemos que se cumpla el cometido y que la comicteca funcione tanto para lectores como para creadores). El evento fue muy enriquecedor, los asistentes al coloquio pudimos conocer las experiencias de la comicteca de la Biblioteca Regional de Murcia (España), gracias a la exposición de la misma que hizo Vicente Funes, su responsable; al mismo tiempo que conocimos también la experiencia del director y fundador del espacio de historietas de la Biblioteca de Santiago de Chile, Gonzálo Oyarzún; la experiencia de Lisa Mandel, creadora y guionista francesa de cómics en su conferencia ¿Por qué los cómics?. También estuvieron invitados Bernardo Rincón, que habló sobre la historia de la historieta en Colombia; el doctor en filosofía Jesús Martín-Barbero y el profesor de Maestría en Estudios Culturales de la Universidad Javeriana Jaime Correa. Diego Guerra, Beimar Pinilla, Alejndro Martín y yo participamos en una mesa redonda acerca del panorama general de la historieta en Colombia, desde el punto de vista de los creadores, los editores y el público lector.

El evento fue de una gran altura, gracias a que el CERLALC hizo una buena inversión en los invitados, quienes eran idóneos para los temas tratados en toda la serie de conferencias. El público también fue muy receptivo y acudió al evento en forma masiva, este es un ejemplo de que cuando las cosas se hacen bien y con un personal idóneo la gente responde, y responde bien. Yo tuve la oportunidad de ofrecer mis publicaciones durante dos días del coloquio y las ventas también fueron muy buenas (creo que nunca había vendido tantas historietas como las que vendí el día viernes 9 de mayo). Además de la mesa redonda, también dicté un pequeño taller sobre edición de fanzines, en una sala de la Biblioteca Virgilio Barco. Al taller fueron varios jóvenes muy interesados en poder publicar sus creaciones, tuvimos una charla teórico-práctica de cómo publicar bien y a bajo costo y todos se fueron muy entusiasmados después del taller, espero que publiquen y sigan publicando. A mí en particular el CERLALC me trató muy bien, un hospedaje de lujo, con viáticos, y siempre fueron muy respetuosos, creo que ya era hora de tener algo de retribución después de tantos años de trabajo. A la organización del CERLALC muchas gracias por su invitación y cuenten conmigo siempre para lo que sea.

Eventos como el del CERLALC deben repetirse, y esperemos que el proyecto de la comicteca se lleve a feliz termino, que ésta funcione a toda cabalidad y que su ejemplo se replique en otras ciudades del país, para el bien de los que hacemos cómics, de quienes también nos gusta leerlos y de la difusión misma de la historieta en general.

El 14 y 15 de mayo estuve en Armenia, como invitado a una serie de conferencias relacionadas con la historieta: Ida y vuelta: Partidas, visiones y controversias sobre las "estéticas contemporáneas". Se trataba entonces de una evento organizado por la Revista Larva y la Dirección de Cultura de la Gobernación del Quindío, en las instalaciones de la Universidad del Quindío.

El evento estuvo interesante, aunque sólo estuve uno de los dos días en que se programó (porque empezó desde el 13 de mayo). Este es otro tipo de espacios que le sirven al la historieta para alcanzar un poco más de divulgación, y se trata de una segundo evento organizado por los creadores de la Revista Larva (el año pasado me invitaron también a uno más pequeño en al Museo del Oro de la ciudad de Armenia). En dicho espacio pude dar una charla acerca de todo mi trabajo, tanto dentro de la gacetilla de cómics Robot, como de mi trabajo con la serie Cuadernos Gran Jefe y las demás publicaciones de la Editorial Robot. Aunque fue mucho menos gente que en el evento del CERLALC la asistencia no estuvo del todo mal. Quizás algo que no me pareció bien fue que el tema de la historieta quedó un poco inmerso dentro de otros temas más generales, como el arte, las estéticas contemporáneas y otros temas que no entendí (quizás porque tengo una cabeza muy dura o porque algunos conferencistas no tenían ni idea de lo que estaban hablando), pero aparte de eso creo que en general el evento estuvo bien, hasta logré vender mis publicaciones (mucho más de las que vendí el año pasado en la misma ciudad).

Los mejor de estos eventos fue poder compartir un poco con los amigos, algunos de ellos también colegas: con Diego Guerra en Bogotá, que se convirtió en definitiva, además de un buen amigo, en mi psicoanalista con quien tengo terapias cada seis meses o cada año (bueno, Diego reconoció que a él también le sirven mis largas visitas en su casa y la también larga conversación que mantenemos en dichas visitas); Alejandro Martín, con quien me encontré primero en Bogotá y luego en Armenia en donde logramos conversar un poco y encontrarnos en algunos proyectos; Daniel, de la Revista Larva, que es un muchacho muy despierto y siempre pendiente de la exigua movida del cómic nacional (bueno, gente como Daniel es la que necesitamos para que la movida deje de ser exigua); con Nicole y con Pedro, también miembros muy diligentes de la Revista Larva; con Joni, coleguilla y buen amigo, con quien me encontré en Armenia (bueno, Joni y yo nos encontramos mucho porque vivimos en la misma ciudad de Medellín, a veces nos encontramos por ahí tomando trago, pero últimamente nos vemos más en las rondas de póker que programamos en la casa de Nomás, junto con José y Felipe. Aunque la última vez, es decir el pasado lunes, se fue muy temprano. Joni, dejá de ser miedoso, para jugar bien al póker hay que perder primero muchas veces); con Mariana, que fue alumna mía en la universidad (aunque fue muy poquitas veces a clase, porque supongo que le aburría: Historia de Colombia, siglo XX), y que resultó también en el evento de Armenia, que desde hace poco está dibujando historietas pero ya se le ven cosas interesantes, ojalá no abandone el vicio porque seguramente en unos años podremos ver, de parte de ella, obras de mucha excelencia; con Paola y Quique en Bogotá, pues bebimos y charlamos hasta las primeras horas de la madrugada (quería quedarme más pero tenía un compromiso con Rodrigo Duarte que logré aplazar hasta la 1:00 am), con Paola nunca había podido hablar y me gustó mucho esa tomadita de trago junto con su esposo Quique, quien me cayó muy bien.

Así que estuve bien ocupado con estos viajecitos (si le sumas el trabajo en casa de freelance, las clases en Medellín y otros municipios de Antioquia y mi trabajo dibujando historietas). Por eso después de que terminé de viajar a los eventos y a trabajar con la universidad decidí tomarme unas vacaciones, las mismas que no me tomaba desde hacía muchos años (creo que más de cinco...), y enlistarme en un viaje maravilloso hacia Buenos Aires (Argentina). Por eso no te había escrito queridísimo diario mío, porque estaba tomándome un descanso merecido después de terminar la publicación de la edición número seis de Cuadernos Gran Jefe.

Pero dejemos hasta aquí porque esto ya va bastante largo, en unos días te cuento sobre la salida de la edición número seis de Cuadernos Gran Jefe (que ya esta disponible, en Medellín, en la Librería Palinuro: Cra. 42 No. 54-58 y sobre mi viaje a Buenos Aires y al Segundo Festival Internacional de Viñetas Sueltas).

Por el momento hasta pronto.

11 de junio de 2009