


Octubre de 2008
El nuevo amo del mundo
Truchafrita: ¿Vos que pensás que quién va a ganar las presidenciales de EEUU?
Chimpandolfo: ¿Vos qué estás comiendo últimamente?
Truchafrita: ¿Por qué?
Chimpandolfo: Porque estás muy aburridor con estos temas. ¿Ya nos ves cine, ya no leés nada, ya no salís a tomarte unos tragos? Estás muy ñoño pues.
Truchafrita: Es que con tanto trabajo, dibujando tanto, no me da tiempo sino para prender el televisor y escuchar CNN todo el día.
Chimpandolfo: ¿Y la música qué? ¿Ya no escuchás? Por ejemplo, ¿qué estás leyendo ahora?
Truchafrita: Música sí, y mucha, pero hay que cambiar también lo que se escucha mientras se dibuja. Estoy releyendo Archipiélago Gulag, de Alexandr Soljenitsin.
Chimpandolfo: Ah, con razón, politizado hasta en el trasero.
Truchafrita: Politizado no, interesado en el mundo…
Chimpandofo: No pues…
Truchafrita: Bueno, respóndeme pues, ¿qué pensás de las elecciones en EEUU?
Chimpandolfo: Qué querés que piense, lo que todo el mundo, me imagino. Vos ya debés saber que a mí me simpatiza más Obama pero eso vale un pito porque, primero, soy colombiano (alguien decía por ahí, hace cuatro años, durante las elecciones que reeligirían a George W. Bush que los ciudadanos del mundo debería tener voto en la elecciones de EEUU, porque en ellas no sólo se decide el destino de una nación sino de casi la totalidad del mundo); segundo porque el voto allá es electoral y no voto directo (esto da para fraudes como el que tienen al mismo George W. Bush ocho años en la presidencia. Mirá como se vota en EEUU según Los Simpsons. Aunque de todas formas aquí en Colombia el fraude es pan de cada día); y tercero porque, en términos generales, un voto por Obama o por McCain son prácticamente lo mismo en cuanto a los intereses de republicanos y demócratas en republiquetas bananeras como la de Locombia. Es decir, vale un pito si gana Obama o McCain, cualquiera de los dos como presidente de los EEUU seguirá ejerciendo presión sobre Latinoamérica, para que sigamos comiendo mierda.
Truchafrita: ¿Pero no le sirve más a Uribe que quede McCain?
Chimpandolfo: La gente es la gente, y como tal van haciendo cálculos que con quien le irá mejor o peor al presidente de Colombia. Pero la verdad es que Uirbe no tiene que comprar las nuevas rodilleras en almacenes diferentes, si se tratara de un presidente republicano o uno demócrata, porque se trata prácticamente de lo mismo. Hay algunos matices entre ambas posturas, las de Obama y McCain, pero la política exterior, o por lo menos la que tiene que ver con America Latina, va a ser la misma. La gente que viste y calza piensa que Obama va a revivir la tan añorada y sobrevalorada Alianza para el Progreso, el pacto de colaboración celebrado entre EEUU y los países Latinoamericanos a partir del año 1961, cundo John F. Kennedy era presidente. Pero si la Alianza para el Progreso funcionó lo hizo para frenar el comunismo en America Latina, para darle buena propaganda a EEUU al sur del río grande y, lo peor de todo, para engrosar las arcas de las elites Lationamericanas que, como siempre, se embolsillaron las ayudas que eran para salir dizque del subdesarrollo, o para tener mas democracia, decían los gobernantes de arriba y los de abajo (igual alianzas, pactos y arreglos de colaboración ha habido siempre entre EEUU y los países al sur del gigante. Sino mire el Plan Colombia, ese esperpento propuesto por Andrés Pastrana y retomado por nuestro monarca Uribe, para inyectar billete a nuestro "célebre" Ejercito Nacional y crear programas sociales (risas grabadas) tendientes a frenar el avance del narcotráfico (diez años después el narcotráfico ahí tan campante y rampante. Se perdió esa platica, como decimos en Antioquia…).
Truchafrita: Pero en EEUU sí es importante si es demócrata o republicano.
Chimpandolfo: Claro, si va a ser el presidente de ellos… A mí la verdad es que me genera un poco de curiosidad el asunto porque estoy esperando a ver si el pueblo norteamericano es tan estupido, como piensan algunos, o si de verdad la mitad más uno de su población conserva esos valores tan poco reconocidos en, por ejemplo, Locombia: el liberalismo, la democracia, la ciudadanía, la libertad de cultos, el libre pensamiento, el humanismo, etc. Ahí sí me parece que Obama represente una diferencia. No es que McCain no los tenga (bueno, es republicano, lo más probable es que no los tenga, pero digamos que sí posee tales valores), pero no los representa pues se supone que es él quien toma el testigo del gobierno de esta sabandija llamada George W. Bush, que no sólo se inventó unas guerras, fomento el terrorismo (desde las agencias de inteligencia de los EEUU), promovió el fundamentalismo cristiano en toda la unión americana (cosa que parece que no logró del todo…), sino que también va a dejar a los EEUU en una de sus catástrofes financieras más grandes desde la caída de la bolsa de valores de Nueva York, en 1929. Así que McCain representa toda la mierda de Bush, y Obama parece representar un cambio hacia posturas más tolerantes, hacia una verdadera democracia, para ser bien positivos con el candidato demócrata. Es mi curiosidad: saber si los norteamericanos se dejan comprar tan fácil como para votar por McCain, o usan un poco el cerebro para votar por Obama (aunque ya te digo que hay que pensar también en las inmensas posibilidades que tiene el fraude en los comicios de la semana entrante en EEUU). Llegará el 4 de noviembre y veremos. Igual, como dije arriba, para Colombia los cambios no serán tan significativos si uno u otro se sienta en el trono como amo del mundo.
Truchafrita: Eh, vos sí sabés un montón. Estás todo enterado de los asuntos y yo todo desconectado por estar dibujando y dibujando.
Chimpandolfo: Ah, siga dibujando y escuchando CNN y verá como no se entera ni de un pito. Eso sí, siga leyendo a Soljenitsin, que aunque habla de los GULAG en la URSS, durante la dictadura de Stalin, pude encontrar uno algunas analogías con gobiernos del capitalismo del siglo XXI.
Truchafrita: ¿De qué te vas a disfrazar hoy?
Chimpandolfo: De ser humano será…
31 de octubre de 2008
Un nuevo comienzo
Truchafrita: Si oíste pues, que la FARC se están acabando. Que pronto se acabará esa organización guerrillera.
Chimpandolfo: ¿Quién dijo eso?
Truchafrita: Pues el gobierno.
Chimpandolfo: No pues, qué fuente tan chimba esa. El actual gobierno está diciendo lo mismo desde hace más de cinco años.
Truchafrita: Pero ahora parece que la cosa sí va en serio.
Chimpandolfo: Pues ojalá porque yo ya estoy hasta los huesos de estos bandos de mierda de este conflicto: guerrilla, paramilitares y Ejército Nacional. Ah no, paramilitares no porque esos ya se acabaron, según el actual gobierno (risas grabadas). Todo el puto protagonismo se lo llevan estos bandidos, todos están podridos, y cuando no son ellos entonces la noticia es sobre corrupción, que es pan de cada día en esta tierra miserable, o sobre delincuencia común.
Truchafrita: Sí, ojalá acabaran de verdad a las FARC. Y depuraran, de una puñetera vez, el Ejército Nacional que está muy corrompido, sino vea a los paramilitares, el brazo derecho del Ejército colombiano. Ah, pero verdad que los paramilitares ya se acabaron (risas grabadas).
Chimpandolfo: Pero lo que más rabia me da es que los colombianos, esta gente de a pie que, básicamente, es la gran mayoría, no es capaz de ver más allá de sus narices, no comprende más de un solo problema porque parece que no tiene la capacidad de ver los diferentes puntos de vista. Entonces el gobierno les dice que las FARC son el diablo y las mayorías corren a corroborarlo o, peor aún, que las FARC son el único puto problema de Locombia y la gente se traga esa pastilla entera.
Truchafrita: Este gobierno tiene una tesis absurda: que la guerrilla es la causante de las desigualdades, de la pobreza, de la falta de visión en lo social por parte de los gobiernos.
Chimpandolfo: Y la gente traga entero…
Truchafrita: Que si acaban con las FARC llegamos al paraíso terrenal.
Chimpandolfo: Y la gente chapándose esa paleta…
Truchafrita: Que aquí no hay ningún conflicto, que desplazados no hay, que la política antidrogas, que lleva como treinta años, está dando resultados.
Chimpandolfo: Y la gente tomándose esa sopa de anzuelos…
Truchafrita: Bueno, ¿y si acaban con las FARC qué?
Chimpandolfo: En problemas el gobierno porque no tiene otro caballito de batalla, por eso el oligofrénico de Bush duró ocho años en EEUU, porque tenía el pretexto de la torres gemelas, porque tenía el pretexto de la revancha en Afganistán y en Irak, esto lo sabe todo el mundo… Bueno, no todo el mundo, las grandes mayorías siguen chupando paleta. Si se acaban las FARC el “glorioso” Ejército Nacional empezaría a recibir menos dinero y no creo que los oficiales estén dispuestos a una rebaja en su sueldo porque la guerra se acabó. Además, y esto sí que sería muy bueno, dejaríamos de ver tanto soldado, tanto coronel, tanto general en la calle, en la televisión, en los comerciales, opinando, cenando, disparando, desapareciendo, haciéndose el bobo cuando los paramilitares masacran, eso sería estupendo. Ojalá acaben con las FARC, podríamos, si tuviéramos un gobierno de verdad, empezar a salir de esta sociedad de conflicto que tenemos.
Truchafrita: ¿Cómo así, es que si se acaban las FARC no se acaba la guerra pues?
Chimpandolfo: ¡Ay, por los clavos de Cristo! ¿Vos también estás chupando paleta? Si acaban con las FARC (si es que lo hacen), el gobierno encontrará otra excusa para seguir teniendo a la gente apelotardada. Además el conflicto en Colombia no es de una sola vía. Te voy a explicar a grosso modo todo el asunto pero si prometés que no vas a llorar.
Truchafrita: Muy bien, soy todo oídos, vos explícame mientras yo me chupo esta paleta de mora.
Chimpandolfo: El conflicto no se acaba con eliminar a las FARC, sencillamente porque este grupo de mierda, a pesar de sus cagadas, no es el causante de las desigualdades ni de la pobreza, esa seguirá ahí siempre porque el Estado, en cabeza de sus gobiernos de turno, nunca tendrán la voluntad política para ejercer planes tendientes a la reducción de las desigualdades sociales, pero planes de verdad, no paños de agua tibia para quedar bien con algún potencial electorado. La pobreza sigue, pero a eso súmele el motor de esta última etapa de conflicto armado en Colombia (1985-2008): el narcotráfico, que por ser un negocio ilícito, pero que deja millones y millones de dólares en ganancias, es necesario protegerlo con armas, con comandos armados, con ejércitos privados, y los soldados están disponibles: los más pobres entre los pobres, o sino mire ahora quien pone la carne y la sangre en el conflicto actual: los soldados rasos de la guerrilla, el paramilitarismo y el “glorioso” ejército nacional. Incluso, puede ser más fácil encontrar gente, que haga parte de ejércitos privados, entre quienes tienen ansias revanchistas. La desastrosa política del gobierno en cuanto a la reparación moral y materia de las victimas del conflicto, la inmensa población de desplazados por la guerra en Colombia (creo que ya llega a 4 millones), son caldo de cultivo exquisito para formar nuevas violencias, nuevos conflictos. ¿O cómo creés pues que se formó el sicariato de los ochenta y noventa? En su mayoría hijos de desplazados de la violencia de las décadas de 1960 y 1970. La pésima política antinarcóticos, desastrosa campaña que lleva casi treinta años y que no ha dejado más que campos acabados por la fumigaciones, hectáreas de selva perdida para cultivar drogas, atomización de carteles de droga, camuflados entre grandes sectores de la política y la economía de esta sociedad, y un país que ya se consolida como el primero en Latinoamérica como consumidor de estupefacientes, es el saldo de mierda de esa política de mongólicos dictada por los monos del norte. Mientras esa política antidrogas no cambie el narcotráfico seguirá sosteniendo los conflictos en Colombia y los pobres seguirán siendo el caldo de cultivo para alimentar los ejércitos privados.
El conflicto no se acabará, simplemente mutará en otro, con nuevos actores, nuevas formas de violencia, combinadas con las antiguas (masacres, motosierras, torturas, desapariciones, secuestros…). Eso ya pasó cuando cambimos de la Violencia biparditista de las décadas de 1940 y 1950 a las guerrillas liberales de 1950 y 1960, y de ahí a las guerrillas marxistas de 1960 a 1980, y luego la incursión del narcotráfico, a partir de la década de los ochenta, y del paramilitarismo, desde la década de 1990. O sea que no me vengan a meter los dedos a la boca a mí que el conflicto no se acaba con eliminar solamente a las FARC, y mucho menos ese grupo de mierderos es el causante de la desigualdad social y de la pobreza en este país. Como si no hubiera existido ese desastroso siglo XIX colombiano, heredado de las viejas formas segregadoras y de castas de la Colonia; como si no supiéramos del continuismo, en términos de desigualdad social, hambre, ausencia de derechos y pobreza extrema, que significó la Hegemonía Conservadora, durante las tres primeras décadas del siglo XX. Y que esa misma gente que gobernó tan mal durante ese periodo: El Partido Conservador luego fue el que prendió la chispa de la violencia en su arremetida revanchista contra el Partido Liberal y que desató el primer conflicto que nos ha traído hasta ahora: la Violencia bipartidista.
Truchafrita: Ya me acabé la paleta de mora…
Chimpandolfo: Pero si quiere siga chupando, como todo este montón de idiotas que dicen llamarse ciudadanos y que, para colmo, son dizque mis conciudadanos. Siga mirando para el lado que le conviene a los que ya sabemos, siga abriendo el oído derecho para que deje salir las ideas de la democracia, la verdadera, cuando le hablan por el oído izquierdo. Siga siendo el pendejo, porque a usted lo que le gusta es la telenovela y el triunfo de nuestros artistas nacionales en el exterior. Siga pensando que con acabar a ese grupo de putos de las FARC ya todo se solucionó. El conflicto es complejo, son muchos los frentes que hay que combatir (y no sólo con bala sino con eso que llaman democracia). Y como complejo es igual de compleja la solución, pero aquí sólo nos gusta atender a facilismos…
28 de octubre de 2008
Veintidós días
Eso he demorado en escribirte nuevamente y es, quizás, el tiempo más largo en que he estado alejado de ti, querido Diario. Ya sabes que me he demorado tanto porque estoy dibujando como loco, bueno, mejor dicho, armando la nueva edición de Cuadernos Gran Jefe que, eso también lo sabes ya, tendrá que estar terminada en noviembre (claro, las cosas no terminarán ahí porque una vez acabe de armar la edición cinco de Cuadernos Gran Jefe tendré que encaminarme, de inmediato, a dibujar la edición número seis, que saldrá en febrero del próximo año).
Pero no todo ha sido dibujar, hace un par de semanas viajé a Bogotá para presentar unos conciertos con mis amigos de la banda Narcos. Dos conciertos de los cuales el primero, en el bar Mai Lirol Darlin, resultó bastante regular; pero que al otro día, en el bar Sargento Dodó, pudimos desquitarnos con un toque mucho más acorde a nuestro gusto. Del viaje a Bogotá no quiero contar mucho, sólo que, en términos generales, fue bueno hacer ese par de conciertos allá. Me encontré con amigos (Erre, Rodrigo, Andrés, Natalia, Karla y Diego), con algunos charlé largamente y, con otros tan sólo un momento. Pero independientemente de todo eso esta última visita a Bogotá me resultó particularmente tediosa, quizás porque estoy cansado del frío (aquí en Medellín está lloviendo desde hace tanto tiempo y, obviamente, en Bogotá no para), o tal vez porque fui a la capital a trabajar (dos conciertos no es mucho trabajo que digamos, pero no se va a pasear como he ido en otras ocasiones) o, mejor aún, porque me fui sabiendo que iba a dejar un montón de trabajo atrasado (que justamente me ha tenido sentadote todos estos días dibujando), o finalmente la combinación de todas esas cosas, lo cierto es que me aburrí como una ostra en Bogotá (como siempre este asunto no tiene que ver con nadie en particular, ni en general, sino simplemente conmigo mismo).
He dibujado mucho, bebido moderadamente y vivido más bien poco estos últimos veinte días, quizás eso explique porque no te había escrito desde hacía tanto tiempo. Espero terminar pronto con tanto trabajo, que el mismo sea recompensado como se lo merece (bueno, la revista va a salir de rechupete y vos en un par de semanas vas a saber como será el lanzamiento de este nuevo Cuadernos Gran Jefe, así que espero que recompenses mi trabajo con tu asistencia y con la compra de un ejemplar, igual va a estar a un precio razonable dado su contenido), y poder pasar otra vez a una vida normal, aunque cada vez veo que la vuelta a mi vida "normal" se complica porque cada vez tengo más trabajo, pero eso era justamente lo que reclamaba hace años: tener bastante trabajo en mi oficio, el dibujo de historietas (ah, quién entiende al ser humano).
Nos vemos.
PD1: ah también en estas últimas semana he sido invitado (tres veces) a Cólico Miserere, un programa de radio de Ernan Ciriani y Tomás. Así que si tenés tiempo y podés escuchar buena música y comentarios al pedo pues este es tu programa.
PD2: si todo sale bien, hoy reclamaré la nueva edición de robot (número 62). En la tarde iré por los ejemplares y los mismos los repartiré en la noche.
24 de octubre de 2008
Querido Diario:
Por fin he entendido el modelo de este capitalismo del siglo XXI, revelado por grandes prohombres de nuestro tiempo como George W. Bush, quien ha sabido beber de las aguas de los padres fundadores de la nación del norte (esos mismos que dicen llamarse americanos y que con eso nos han arrebatado para siempre, a los del sur, una de las pocas cosas que sí poseíamos: un gentilicio tan válido para quien tuvo la fortuna, o la desafortunada suerte, de nacer en las tierras del continente americano, más abajo del río Grande), para luego escupir una suerte de ideas, que muy seguramente brotan de su brillante cerebro.
No fue Bush hijo quien acuñó la idea, pero sí fue un gran impulsor de la misma, o por lo menos la cabeza más visible de todo este embrollo de principios de siglo XXI: el mercado se regula a sí mismo, el Estado no tiene nada que hacer frente a las fluctuaciones del mercado, sencillamente porque es él, el mismísimo mercado, el que se reacomoda y sigue su curso campante por la economía capitalista. Ese es el modelo, pero éste tiene también una serie de elementos bien interesantes: si la economía funciona bien ganan los ricos, si funciona mal quienes pagan los platos rotos son los demás. Eso es justamente lo que parece que está pasando en EEUU con la crisis financiera actual: cuando Wall Street ganaba pues ganaban los que tenían más dinero, es decir, sumaban a sus arcas más y más dinero; pero ahora que la calle del muro pierde entonces serán los contribuyentes quienes paguen los platos rotos de la especulación de quienes manejan el capital financiero. Bonito modelo el que deja la administración Bush, heredada de su padre, y éste del mal actor Ronald Reagan.
Ahora, el Estado norteamericano (o debería decir mejor "americano") paga con dineros de sus asociados, es decir de sus ciudadanos, los errores de un grupo de financistas ricos que creyeron que esa cosa abstracta llamada mercado se regulaba sola. Bueno, eso mismo nos pasó en Colombia, pero en miniatura pues nuestro país es enano frente a la economía mundial, hace como diez años en donde los "ciudadanos" colombianos ayudamos a la crisis bancaria de aquel entonces (¿Te acuerdas del impuesto del dos por mil? Te cobraban dos pesos por cada mil pesos que retiraras del banco. El gobierno de turno dijo que era una medida "temporal", de unos seis meses, pero luego se convirtió en cuatro pesos por cada mil pesos que retiraras del banco y ahora es un impuesto que parece que es para toda nuestra miserable vida). Resuelta la crisis bancaria colombiana los bancos, por enésima vez, nos dieron la espalda. Eso último le sucederá a los estadounidenses una vez la calle del muro vuelva a ser lo que era antes. A unos y otros, a colombianos y gringos (y, por qué no, a todos los contribuyentes del mundo) nos han metido la mano al bolsillo, una vez más, para ayudar a los ricos.
2 de octubre de 2008
PD: y ni qué hablar de los ricos en Colombia, en donde la inmensa mayoría de ellos han logrado amasar su fortuna a punta de machete, plomo y motosierras. Pero esa es otra historia, una de la que hablaré, quizás, después...

