



Septiembre de 2007
Astrud dice que Noam Chomsky se ha enamorado de ti
Noam Comsky se ha enamorado de ti
Hace meses que Chomsky está loco por ti
Sólo piensa en volar de Boston a Valencia
Y pasear contigo por el cauce del Turia hasta que tú le quieras
Él no tendría prisa y tendría paciencia
Él tendría paciencia
Cuando piensa que te lleva más de cincuenta años
Él querría no quererte pero no puede evitarlo
Noam Comsky se ha enamorado de ti
Hace meses que Chomsky está loco por ti
No les coge el teléfono a los anarquistas
Ni piensa jamás en el programa minimista
Sólo quiere que le añadas en el messenger
Astrud, Noam Chomsky
Ah, qué bueno que aún hayan bandas buenas en este planeta, bandas para ti y para mí, así, para poquitos, para disfrutar mientras se dibuja o tirado en la cama mientras se está mirando al techo. Bandas con una inteligencia, diversión, sentimiento e ironía que ya la quisieran un montón de oligofrénicos musicales. Una banda como Astrud, claro que sí.
Chao, hasta otra próxima buena canción.
25 de septiembre de 2007
En río revuelto...
Paren sus premios, paren sus campañas, no más "artistas" cantando contra la guerra, no más campañas para elevar las ventas de su basura, de sus discos prefabricados para estos mercados de retrasados mentales. Bueno, eso podría ser una canción, pero no lo es por dos razones: porque tendría muy mala letra y porque qué pereza más canciones en contra de algo, que suenen a campañas.
Se nos olvidó por completo que la música tiene otra función, que la música sirve para otras cosas, pero en el mundo como somos incapaces de ponerle un freno a los desmanes de quienes nos gobiernan entonces le ponemos el "arte" de frente para hacer un "llamado por los niños con hambre de África, o por los enfermos de SIDA, o por los pobres del mundo, o por el calentamiento global". En Latinoamérica, la cosa pinta más peluda aún porque es aquí donde las injusticias, las desigualdades, la pobreza, las violaciones de toda índole campean a su antojo y en Colombia, ni se diga porque tenemos un conflicto de más de medio siglo (y eso porque no te cuento que en realidad la cosa está podrida desde la independencia de la República). Pero que no cunda en pánico niños de África porque Bono y su superbanda U2 ya está enviando toneladas de alimento que saciaran su hambre; tranquila gente con SIDA, porque Elton John ya está metiéndole mucha plata para que investiguen más en vacunas contra el VIH; a los pobres del mundo, que aguanten un poquito más porque Madonna ya llega al rescate con toda la plata que necesitan (eso sí, para que se compren el TV de plasma y puedan ver a Madonna en su último videoclip); ya no hay que temer más por las emisiones contaminantes porque la conciencia que nos han creado entre Aerosmith y Britney Spears ya pronto nos tendrá disfrutando de un nuevo planeta, el renacimiento de Gaia (y qué importa si la cosa suena hippie, al fin y al cabo de ellos fue que aprendieron nuestros "artistas" a protestar).
Vamos pues, pongámonos las pilas que las ventas de discos están cayendo cada vez más, el mp3 y la piratería nos está comiendo los sueldos y es necesario inventar campañas certeras para recolectar el dinero que nos hace falta para mantener nuestras lujosas vidas, ah, y de paso ayudamos a algunos miserables, como lo hace Shakira con su fundación y con la idea esta maravillosa de ayudar a los del terremoto de Pisco (Perú), reuniendo a todo el vecindario artistoide latinoamericano, claro que sí, de la talla de Alejandro Sanz, Maná, Cerati, Julieta Venegas, Miguel Bosé, Juanes y ¿Paulina Rubio?, ya se unirá también, tranquilos fans que ya pronto se unirá al combo, porque el que no esté aquí no ayuda a los desamparados y se le caen las ventas también.
Juanes acaba de hacer, el pasado 22 de septiembre, junto con un montón de descartables de la música juvenil (¿O será infantil?) colombiana: Aterciopelados, Verónica Orozco, Cabas, Fonseca, Farina y un largo etcétera de pelmazos más, dizque tres conciertos simultáneos (Bogotá, Medellín y Cali) por la paz de Colombia, un concierto gratis llamado Nuestra Tierra (cómo se les seca el cerebro a estos "artistas" buscando nombres para sus campañas de pacotilla). El Juanes este, en mitad del concierto (o mejor, en el cenit del mismo, si es que esa mierda podía llegar a un climax) se quitó la camisa negra y se puso una blanca como símbolo de la paz de Locombia, además él cantó en Cali como quien dice para acompañar a las familias de los diputados de la Asamblea del Valle secuestrados y asesinados por las Farc, Juanes estuvo allí con ellos y se puso la camisa blanca... No me explico como la gente puede aguantar semejante marranada de parte de estos vampiros mediáticos y además ir y acompañar semejante circo (Ah, sí, mejor sí entiendo, creo que se trata del mismo pan y circo de siempre, ¿cierto?).
Latinoamérica nunca ha tenido, y parece que le faltará mucho para tenerla, un contrato social. La justicia social nunca se ha aplicado y el estado social de derecho es un sueño inalcanzable en estas repúblicas bananeras, entonces como eso no lo resuelve el Estado van las evasivas y los pañitos de agua tibia, como los viles engaños de estos "artistas" de quinta que he estado mencionando. ¿Y las masas? ¿La gente joven? Dejándose manosear una vez más, masturbados por el encanto de la diva o el divo de turno van en tropel a los conciertos, claro si es que es para ayudar a los pobres, por la paz, contra las políticas de nuestros gobernantes, unos monos amaestrados que creen que con un concierto, con ver un güevón cambiándose una camisa por otra entonces se acabó la guerra en el mundo, en Colombia, se acabaron las motosierras de los paramilitares, se acabaron los secuestros de la guerrilla, se acabaron las víctimas y los tres millones de desplazados en Colombia, se acabó la corrupción política, se acabó el hambre y la pobreza en más de un tercio de la población colombiana, se acabaron los magnicidios, las masacres, el boleteo, la extorsión, la compra de puestos, de votos, de almas, la explotación del campesino pobre, la ignorancia y egoísmo de las elites políticas y económicas del país, de la inocencia y la güevonada del mismo pueblo que va a cantar a coro canciones que, además, musicalmente son una basura, literales bollos de mierda, producidos (o mejor, cagados) por managers, un equipo de publicistas, arreglistas y gente que conoce de mercadeo y que también, de vez en cuando se les prende el bombillito y dicen: ¿por qué no hacemos un concierto por la paz de Colombia para subir la venta de discos? Ve, qué casualidad, Juanes está a punto de lanzar su nuevo disco, vea...
Los Soda Stereo planean reunirse en unos meses y volver a tocar en una gira latinoamericana, los estadios y coliseos llenaran a reventar porque es la última vez que se van a juntar (la última, antes de volverse a reunir en unos dos o tres años si esta nueva reunión les da resultado, cosa que está asegurada de por si). ¿Cuantos premios a ganado Fonseca este año? Prendo la TV y veo en un canal nacional unos premios de una revista estupida llamada Shock (es lo mismo que los premios MTV latinos, o anglosajones, o europeos, o asiáticos; la misma mierda que los Billboard, la misma caca que los premios Lo Nuestro; calcados también de los American Music Awards, solo que más pobres que todos los anteriores, más patéticos, más colombianos). Cantan, al final del "show" de los premios Shock, otros artistoides de la música nacional, del "rock" de mi pueblo: Verónica Orozco -repite, porque está promocionando su disco, además porque está muy buena (esto último sí no se lo quita nadie)-, unas estafas ahí que dicen llamarse: Nati Botero y Pernet y otros bichos más. Uno de esos malos canta: "no more war in Colombia", yo no entiendo nada porque aquí, creo, se habla español (mira, justamente como dice o decía Juanes, es que aquí en Cuadernos Gran Jefe la sinergia fluye); pero dejando de lado el chauvinismo idiomático barato me pregunto: "¿Qué canta este mongolico? ¿No más guerra en Colombia?" No pues, se acabó el conflicto porque un niño bien de Bogotá, al lado de otras niñas bien de la capital, están cantando, o mejor berreando, chillando, en un pésimo, barato y deprimente show de premios a la música colombiana, no pues que la guerra se acabe porque "es un monstruo grande y pisa fuerte" (esta cita es un chiste mío, uno para reírme también de las mamertadas de las universidades públicas en Locombia). Hombre eran mejor las marchas en contra de la guerra, del secuestro, por lo menos algo de dignidad se conservaba en el asunto, aunque tampoco sirven para un carajo...
Los conciertos por la paz, los premios a raudal (desde hace mucho tiempo he aprendido a confiar un millón de veces más en el talento de alguien que no se a ganado ni un premio en su vida que el que a pasado por todas esas cagondeces de Grammys, MTV, premios Lo Nuestro, etc.), las reuniones de bandas (como la tuya Cerati. ¿Qué pasó? ¿Nostalgia o es que ya no estás facturando como antes?), las campañas, las fundaciones, la rebeldía programada por la mercadotecnia, los cambios de camiseta, toda esa bazofia merece un freno ya, que no nos vean más la cara de estupidos, que no nos quiten más el dinero en nuestras narices con trucos baratos, si es que el dinero lo podemos dar muy fácilmente, con todo el gusto del mundo, si hacen lo que dicen ser, si se ponen a hacer la música que dicen componer o interpretar, si demuestran el talento que dicen tener, si eso se cumpliera no tendrían que hacer más maromas para que fuéramos a sus conciertos, para que compráramos sus discos, para que nos alegráramos por sus premios, para que alabáramos y admiráramos su verdadero talento. Por el momento sólo han demostrado uno: su tacto y capacidad a la hora de vender basura (si es que esa basura la venden realmente ustedes y no su equipo de mercadotecnia).
Chao.
24 de septiembre de 2007
Ah, la gente, el público... Parece que todos son así
¡Dios mío! ¿Dónde está ese público tan indulgente, tan ilustrado, tan imparcial, tan justo, tan respetable, eterno dispensador de la fama, de que tanto me han hablado; cuyo fallo es irrecusable constante, dirigido por un buen gusto variable, que no conoce más formas ni más leyes que las del sentido común, que tan pocos tienen? Sin duda el público no ha venido al teatro esta noche: acaso no concurre a los espectáculos.
Mariano José de Larra. ¿Quién es el público y dónde se encuentra?. En: Artículos. Alianza Editorial, Madrid, 1995. pág. 11.
17 de septiembre de 2007
En la fiesta del libro y la cultura
Estos días han sido más bien aburridos: trabajar, trabajar y trabajar, como ordena nuestro primer mandatario el enano Uribe, lo maluco del asunto -y que no sabe explicar muy bien el enano presidente- es que uno labora y labora y parece que el dinero no se ve por ningún lado, bueno ya sabemos que el dinero está en otras partes (claro que sí Carlitox, no preguntes bobadas que es muy sabido que el dinero está es en delinquir, sobre todo en ese negocio redondito que es el de mercadear con sustancias narcóticas...).
Dentro de toda la aburrición laboral pude darme un descanso anteayer en la tarde e ir a la fiesta del libro de Medellín. Ahí por cambiarle los nombres, y ya que no se realizaba desde hacía tres años (de ahí parten muchas de las cosas que explican esta región echada para adelante, llamada Antioquia), salió este año una feria del libro en Medellín que ahora no es feria sino fiesta, de los libros y la cultura, eufemismos al fin y al cabo para juntar un puñado de libreros, y librerías, para que ofrezcan los mismos libros que tienen en sus locales habituales y, ahora, ya no en el palacio de exposiciones de Medellín sino en el jardín botánico, que aún sigue estando en obra negra (imagino que pronto nos entregarán el lugar terminado porque ya llevan una buen rato metiéndole plata a esa vaina y todavía esta ahí a medio hacer. A propósito de los arreglos del jardín botánico mención especial merece la construcción del "palacio" de las taquillas, obra descomunal en presupuesto e infraestructura para un uso tan pírrico como vender boletas, ya hablaremos de ese esperpento cuando lo terminen y lo podamos ver de cerca para reírnos y llorar al mismo tiempo, para ver en que se gastan nuestros impuestos. En fin, eso es harina de otro costal). Resulta pues que me fui para la fiesta del libro y la cultura de Medellín -antaño feria del libro- y, a pesar de todo, me pareció que estaba bien, nada del otro mundo eso sí pero por lo menos una pequeña diferencia se nota con respecto a las antiguas ferias del libro de Medellín: los libros están más baratos y hasta hay buenos descuentos. Tampoco es para que saltemos en una pata y hagamos una fiesta -bueno, la juerga ya la están haciendo, de hecho, con la fiesta del libro y la cultura-, pero por lo menos algo es algo y mirá que si la hacen el otro año quizás sea un pelín mejor que esta, pero por favor no se demoren más en hacerlas que es que esa vaina cada tres años si queda muy bobito, sobre todo en este pueblo tan ignorante, montañero, caballista, cositero, vallenato, mogigato y mercadero (sobre todo que le gusta comerciar a lo grande con esas vainas... ¿Cómo es qué se llama eso que le da muy duro a uno en la cabeza Carlitox? Eso, eso que lo pone a uno todo loquito, como todo narcotizado...).
Aprovechando la baja de precios de libros, de la fiesta del libro y la cultura de Medellín, ayer me compre la extraordinaria cifra de dos libros: uno me valió $2.000 (1 US, aproximadamente), un librito de esos de la antigua colección de Alianza Cien, de Alianza Editorial (yo siempre compro de estos libritos en las ferias y fiestas del libro y aún no he completado la colección de los cien libros, a lo sumo tengo como cincuenta), se trata de una selección de artículos de Mariano José de Larra (1809-1837) que parece que pinta bien, además estos libritos se leen de un solo tirón así que ya veremos en que momento se acaba con él; el otro librito que compré es de Stevenson y se titula El club de los suicidas, la verdad es que lo compré por el título, pero por qué más lo iba a comprar si no lo he leído (claro, también podría haberlo comprado por el autor pero la verdad es que de Stevenson a lo sumo me habré leído uno o dos cuentos por ahí sueltos, como por ejemplo El diablo de la botella editado precisamente en uno de los libritos de Alianza Cien. Vaya, vaya, aquí todo es sinergia), este me valío $7.000 (unos 3.5 US aproximadamente) y pertenece a la colección Clásicos Universales, Fontana, de la editorial Edicomunicación (de esta misma colección tengo un par de piezas de Shakespeare: El rey Lear y Julio César, además de El príncipe, de Maquiavelo), libros baraticos porque se trata de ediciones ya con algunos años encima, aunque los libritos se encuentran en perfecto estado, nuevos. Eso fue lo que compre, luego la mona me regalo La ciudad de cristal, de Paul Auster, de los ya también clásicos compactos de la editorial Anagrama, una novela que hace muchos años quería leer (ya leí incluso la adaptación al cómic de La ciudad de cristal dibujada por Mazzuchelli, quizás después de leer a Auster me decida a escribir una columna sobre la adaptación al cómic de piezas literarias y quizás mencione otras adaptaciones a la historieta hechas por otros autores, como las de Juan Sasturain y Alberto Breccia a partir de cuentos de la literatura latinoamericana, una columna que, si se escribe, seguramente aparecerá en los artículos de este sitio web, claro, una vez la haya publicado en una revista que sí pague por escribir mis cosas, como la Revista de la Universidad de Antioquia). La semana pasada, y a propósito de mi cumpleaños, la monita ya me había regalado La conjura de los necios, de John kennedy Toole, cosa que me gustó mucho porque solo la he leído una vez, hace muchos años, y me parece que ya es bueno releerla porque es una novela muy deliciosa de leer, además de ser también muy divertida. Imagino también que ya sabes que este sitio web se llama Cuadernos Gran Jefe precisamente porque el protagonista de La conjura de los necios, Ignatius Reilly, lleva un diario sobre sus rocambolescas y divertidas peripecias en una serie de cuadernos de marca Gran Jefe, de ahí saqué el nombre para este sitio web y la serie de fanzines bandera de esta casa (bueno, si no lo sabías pues ya sabes que de esa novela de culto salió el nombre de este chochal).
Paremos ahí, mucha erudición, mucha mierda, muchas hojas al aire en esta entrada. Quiero terminar esta entrada entonces con un comentario final: en la fiesta del libro y la cultura los mismos pelmazos de siempre montaron un esperpento llamado III Salón de Cómic y Manga, estos tipos son unos genios porque cada vez que montan este circo de los libros en Medellín les dan espacio a ellos ahí. Bueno, genios y brutos porque les dan el espacio y se lo cagan en todo. No digo más, si vivís en Medellín date una vuelta por la fiesta del libro y la cultura en el jardín botánico y juzgá por vos mismo, ah y si vas allá no dejés de pasar por el III Salón de Cómic y Manga, es alucinante esta cosa chambona, alucinante hasta el punto de que así es como nunca debe ser un primer, segundo, tercer, noveno o ningún Salón de Cómic y... ¿Manga? No sé. ¿Qué es manga?.
Chao.
PD1: ¿Libros de cómic en la fiesta del libro y la cultura de Medellín? ¡Sí, vi uno de Asterix (Asterix en Bretaña) y otro de Tin-Tin (El cangrejo de las pinzas de oro)! ¡Qué bueno, ya se empiezan a ver muchos cómics en Medellín y pronto llegarán las novelas gráficas editadas en la última década! Bueno, también habían unos cómics ahí en el III Salón de Cómic y Manga pero creo que esos no los venden…
PD2: ah, mirá las dos primeras estampas de El mundo del futuro que se publicaron en el web blog de robot.
13 de septiembre de 2007
Querido Diario:
Más de una semana sin escribirte porque ya sabes que estaba en Bogotá presentando, en sociedad, el libro de robot y luego, después de volver a casa, me ha tocado sentarme a trabajar todos los días. De todas formas vos ya sabés que así me demore un poquito yo siempre vuelvo a ti, aunque esta ha sido una de las demoras más largas en este diario, cosa que también tiene que ver con el hecho de que la semana pasada me enfermé además de estar descansando un poco del viaje y de las cosas que pase en la capital (claro, y como te digo, incluir el asunto de que llegué a Medellín inmediatamente a trabajar). Bueno, basta de justificaciones, disculpas y demás e iniciemos contando mis correrías en la capital de la república, a propósito de la exposición y la fiesta-lanzamiento del libro de robot.
Como sabes me fuí a Bogotá el 30 de agosto y llegué el 31 en la madrugada, después de un merecido descanso, hasta el mediodía del viernes, partí a la galería El Bodegón a montar la exposición retrospectiva, allí me esperaba Lorena Espitia y los otros amigos de la galería para hacer el montaje, que se hizo en tiempo record dado que eran más de cien piezas por montar (les voy a quedar debiendo las fotos porque yo soy un perezoso para eso. El favor de tomar las fotografías me lo hizo Adriana y ella vive en Bogotá y aún no me ha enviado las benditas fotos. Cuando las envíe las pongo aquí o en el blog web de robot). A las 5:00 pm, sin embargo, estuvo listo el montaje y ahí sí me pude tomar mi primera cerveza (la primerita del caudal que se vendría...). La gente fue llegando y ahí sí los cuadritos con los robots y la gente mirando y yo bebiendo cerveza, y llega Diego Guerra con Andrezzinho y siéntense para que hablemos de cómics y nos tomemos una cerveza, y las primeras personas que se van y otras que llegan y pidamos otra cerveza porque esta ya se acabó y venda un fanzine, que alguien quiso comprar, o también un libro de robot, y mire usted que ya no voy a tener que sacar plata del cajero porque con estas ventas me voy pagando la cerveza que ya me está empezando a marear.
El ritmo de entrada de la gente a la exposición de la galería es lo que aquí llamamos graneadito, es decir, de a poquitos, de a pedacitos, entonces entraban tres o cuatro y se iban cinco o seis que ya habían visto los robots, se iban luego los tres o cuatro y entraban cuatro o cinco más después, entonces la galería nunca tuvo un quórum como para iniciar el anunciado conversatorio, es verdad que siempre permanecieron diez o quince personas dentro de la galería pero esos eran amigos míos y colaboradores de robot y para qué hacer una charla sobre algo que ellos ya saben y se han cansado de oír. Así que por eso no se pudo hacer el conversatorio, pero no importa porque luego, en otra ocasión, lo haremos, tiempo de sobra hay para sentarse a escuchar sandeces de un retrasado mental como yo, además yo ya estaba algo prendidito por las cervezas que me había tomado. Pero el asunto se prende más con el aguardiente que traen Marco y Tebo y las cervecitas que también sigo tomando, venda fanzines, algunos libros de robot y siga tomando ("suavecito que falta la fiesta", me digo a mí mismo pero no me hago caso, qué desobediente soy).
Ya son como las 10:00 pm y es hora de cambiar de lugar, es decir partir de la galería El Bodegón y dirigirnos al bar Socorro para la fiesta carajo porque para eso vinimos, a pasar un rato reagradable con los amigos de Bogotá. ¿El libro de robot? Esas son siempre excusas chimbas para justificar el estar con los amiguetes un buen rato, ya que hace un largo tiempo que no se les ve. Gracias a la galería El Bodegón por la exposición, me gustó mucho el sitio y espero que nos lo presten para futuras incursiones. Y ahora sí a la fiesta, que lo que hicimos al final de la tarde y ahora hasta las 10:00 pm fue sólo calentar motores, a ver pues Truchafrita para que te sirve a vos hacer cómics si no es para juergiar y hacer fiestecitas cuando terminás un fanzine u otra publicación (claro que sí, qué despierto estás leyendo esta entrada, otras publicaciones como el libro de robot. ¿Ya lo tenés? ¿Si lo compraste? Todavía hay, pero ojo que ya se van a acabar). Corremos entonces las sillas para el bar Socorro, nos vamos caminando de la galería El Bodegón al bar Socorro porque está ahí cerquita, cosa rara en Bogotá que todo tiene unas distancias aburridamente largas.
Cuando la gente se acostumbra a una cosa no hay poder que los disuada de ello. En Medellín la gente parece acostumbrada a la gacetilla de robot, bueno es normal porque llevamos cuatro años regalándoles la gacetilla y ya se acostumbraron a que todo lo que tiene que ver con eso es regalado y entonces les duele demasiado, después de que se les ha regalado por largo tiempo, pagar por algo que a leguas se tiene que cobrar (como el libro de robot). Entonces creen que porque se les regala una cosita todo lo demás que tenga que ver con robot tiene que tener un carácter gratuito. Ay, ay, ay, "la gente, no son más que arena", decía Napoleón, y parece ser verdad cuando se va a otro lugar y uno compara, pues en otros círculos se valora con creces lo que parece que no es nada en el terruño natal. Todo esto para decir que en Bogotá la fiesta-lanzamiento de robot fue muy superior a la que hicimos en Medellín, quizás por lo que anteriormente expliqué o porque simplemente la música en Bogotá estaba mejor, o porque fueron más amiguetes, o porque los amiguetes son menos miserables a la hora de pagar un cover, o porque parece que ese día mucha más gente tenía menos que hacer, o porque había menos enfermos ese día que los que hubo en Medellín el día del lanzamiento del libro de robot. Sea como sea, ya lo dijimos, en Bogotá la fiesta-lanzamiento del libro de robot estuvo de rechupete, justo como nos habíamos imaginado que tenía que ser: toda la muchachada amiga de robot en la capital (o casi toda, seguro había gente enferma, con muchos más compromisos o, simplemente, apática a ir ese día a disfrutar con el robot), también muchos conocidos, curiosos y alguno que otro despistado que cayó ese día y que contribuyó con su cuota demográfica para hacer bulto en la fiesta, además de la música que puso ping-pong (sí, Rodrigo, seguiré diciendo ping-pong porque a mí me gusta más decir ping-pong. Además para molestarte un poco con el asunto) y la súper presentación de Los Atroces, a la que me referiré más adelante.
Como viejo zorro de juergas y fiestas que soy e adquirido la capacidad, en cierto momento, de oler la atmósfera presente en fiestas y toques musicales y puedo asegurarles que la de la fiesta del robot estaba cargada de diversión y entretenimiento. Así lo vi, o mejor lo olí, porque yo la pase bomba e, intuyo, que los que estaban a mi alrededor también la pasaron así (bueno, por lo menos nadie se fue del bar en multitud), en parte por ese ambiente, por la atmósfera esta que me olía yo, por la divertida música y por el hecho de saber que se está en un lugar lleno de camaradería y, como dicen por ahí, rebosante de energía. Mejor dicho, la fiesta de robot en Bogotá estuvo una chimba. Yo me la pasé muy prendidito en el bar, estaba bebiendo como un cosaco y, aunque no parezca, hacía un buen tiempo que no lo hacía pero, qué podía hacer, estaba feliz, contento de ver que la maldita fiesta que quería para Medellín se estaba desarrollando con lujo en Bogotá. "Qué coman mierda en Medellín, montón de miserables, ya la estamos haciendo en Bogotá", me decía a mí mismo mientras me daba un buen trago de ron y pensaba en esos triunfos pírricos que hacen que uno siga para adelante porque, no nos digamos mentiras, el hecho de que la fiesta haya salido bien en Bogotá no deja de ser, después de todo, un triunfo insignificante, de nada, porque la verdadera batalla para mí siempre estará frente al papel, presto a vencer o perder cada vez que me dispongo a dibujar un cómic más, otro más.
Lo mejor de la fiesta fue, definitivamente, el toque de la banda Los Atroces en el sótano del bar Socorro. Yo estuve a punto de perdérmelo, estaba todo alelado, ensimismado en el barra del bar, tomándome mi cóctel habitual (ron con cerveza) cuando alguien, no sé quien, me dijo que abajo, en el sótano, ya estaban tocando Los Atroces. "Entonces vamos a ver como es que tocan estos pelados", me dije a mi mismo, bajé al sótano y me quedé en un rincón, cerca a la puerta, escuchando las estridencias musicales de estas estrellas del rock: Y lo digo así no en todo irónico ni sarcástico sino todo lo contrario, afirmándolo rotundamente porque Los Atroces tocaron esa noche de una manera deliciosa. Esta banda tiene lo que pocas, o lo que muchas pierden después de los primeros toques, es un nosequé que llamaremos coloquialmente modjo, un poder especial en su puesta en escena y Los Atroces destilaron modjo esa noche, sobre todo su bajista Andrés Bustamante. Con Andrés me saludé, como una hora antes en la barra del bar (yo estuve casi todo el tiempo en la barra del bar esa noche), el hombre estaba muy borracho, un poco más que yo, y en ese momento me prometió un toque muy bueno, y no decepcionó pues durante la presentación de Los Atroces Andrés fue el verdadero rock star de la noche: prendido de alcohol y todo, alcanzaba a digital las cuerdas del bajo eléctrico al mismo tiempo que se abalanzaba hacia el público en un vaivén rítmico y loco que le imprimía poder a la banda al mismo tiempo que destilaba ese modjo que me hizo pensar mientras escuchaba a Los Atroces: "No es que toquen una maravilla pero la actitud es del putas, así es que debe ser una banda". Bueno, me animé a bailar en medio del toque y hasta algo de ridículo hice cuando acudía al micrófono, azuzado por Andrés a que cantara alguna de las piezas que tocaban Los Atroces, no sobra decir que no cantaba nada y que de hecho hacía el ridículo pero qué importa entrar en vergüenza si lo que se está es pasando bomba (a propósito, aquí y aquí, se puede ver algo del toque de Los Atroces esa noche y mi ridícula incursión con el micrófono). En Los Atroces también toca la batería Inu Waters, excelente dibujante y amigo también de la casa, así que la bandita tiene buenos elementos entre sus integrantes. Esta bien, esta bien, no son ningunos virtuosos, no la hacen toda musicalmente pero tienen eso, de lo que te hable más arriba y que es característico de muchas bandas que empiezan y que ojala estos no la pierdan, eso que también llaman actitud (pocas lo tienen en Locombia, digamos que a ese estilo el modjo también lo poseen Los Sorners).
Fin del toque de Los Atroces, más música divertida de ping-pong en la sala uno de Socorro y después, como una hora antes de acabar se me borró el cassette, es decir perdí la memoria por el montón de alcohol que bebí, sin embargo, indagando después entre los amiguetes, parece que no cometí ninguna desfachatez así que me dio por bien servido. Muchas gracias a todos y vamos por los días postfiesta en Bogotá.
Postfiesta de robot, días suaves en Bogotá
El sábado amanezco en casa de Diego Guerra, él parece que se ha convertido en una suerte de psicoanalista para mí, de eso nos dimos cuenta no en la primera madrugada del sábado sino en la segunda, la del domingo: yo hablo, hablo, hablo, hablo y Diego me escucha y, por ahí de vez en cuando, cuando yo lo dejo hablar (porque yo hablo mucho y soy muy cansón con eso) suelta uno que otro buen consejo o recomendación, gracias Diego por escuchar. Así que amanezco donde Diego, me hace mi psicoanálisis, hablamos de la vida, de algunas películas y mucho sobre cómics y yo alcanzo a leer algo de cómics (como esa cosa maluca de Ricardo Mira, la mal llamada novela gráfica titulada Intrusión. Quizás luego, en otra entrada, hable de ese libro, un verdadero desperdicio de excelente papel e impecable edición). En la noche me encuentro con Rodrigo, repartimos lo que queda del libro de robot para distribución en Bogotá y en la noche a tomar unas copas en Sargento Dodó a propósito de que Andrés Buitrago va a poner música ahí, música de los años noventa, algo de eso que algunos llaman rock. La verdad es que después de la fiesta de robot las cosas se hacen más pausadas porque ya, para mí (e intuyo que para muchos de mis amigos también), es muy difícil seguir bebiendo después de un día de juerga. Los años no pasan en vano y después de la velada en Sargento Dodó hay un amago de seguir bebiendo pero, afortunadamente, las cosas no se dan. Me enfermo el lunes con un terrible daño estomacal y el martes me encuentro con el bueno de Humberto Junca para hacer un programa de radio sobre el proyecto de robot, junto con Marco, en la Universidad Nacional. Qué buen tipo es Humberto, de esos amigos que uno siempre quisiera tener a su lado (bueno, como también lo son Diego, Rodrigo y Andrés, lo que pasa es que a Humberto apenas lo conocí esta vez). Humberto toca en esa chimba de banda bogotana llamada Las malas amistades, que ya me la había presentado Rodrigo un año antes cuando viajé a Bogotá y que, en ese entonces me había dejado lelo de lo buena que es. Humberto me regaló el tercer disco de Las malas amistades y ahora mismo funge como banda sonora de esta pequeña crónica y, puedo seguir afirmando, qué buena que es.
Nada, no más por hoy porque esto ya está muy largo y tengo que estudiar para dictar la clase de mañana en la Universidad, así que si me voy acordando de cositas pues te las voy contando después. Sólo me queda hacer la vaina que siempre me parece digna y necesaria: agradecer. Aquí, contrario a lo que muchos piensan, nadie se forra en billete cuando se hacen estas cosas, así que la mejor forma de pagar los grandes favores es con el agradecimiento sincero: a Rodrigo Duarte, por la idea de llevar robot a Bogotá para que nos divirtiéramos un rato y por su música en la noche del bar Socorro; a Lorena Espitia y a todo el combo de la galería El Bodegón por prestar el espacio para descargar sobre las paredes más de cien piezas sobre robot; a Los Atroces, en especial a Andrés Bustamente y a Inu Waters, por llenar de modjo el sótano de Socorro; a Diego Guerra por aguantarme en las madrugadas hablando y hablando sin parar y por ser mi psicoanalista de cabecera, sin cobrarme un peso; a Andrés Buitrago por las clásicas de rock y pop de los noventa, en la noche de Sargento Dodó; a Adriana y a Hernán por recibirme en su casa; a Humberto Junca por su gran interés en robot y por regalarme su excelente disco; a Marco, a Gustavo y a Víctor amiguetes de Medellín, radicados en Bogotá, por ir a la fiesta de robot; a Tebo, Natalia, Andrezzinho, Guillermo, Constanza, Karla, Luis de Sursystem… Hombre, a todos los que fueron a la exposición y a la fiesta, a todos los que les gusta robot y sus comiquitas, a los que no son miserables y saben que no todo puede ser regalado, a todos gracias, gracias.
Hasta pronto.
PD1: Felipe Moreno, si algún día lees esto pues nada que nos faltaron los tragos en Bogotá, pero ya volveré. O mejor caé vos por aquí a Medellín y nos paseamos por el pueblo como lo hicimos una vez en el pasado.
PD2: ah, los ejemplares del libro de robot ya están en varios puntos de venta en Bogotá y en Medellín.
10 de septiembre 2007

